El “diplomático” pedido de un vecino que quiere salir del “infierno”
Kartings y motos atentan contra el bosque nativo
Rubén Marinari ya no sabe a quién acudir para que se escuche su justo reclamo. No puede cumplir el sueño de construir su casa en un amplio predio de su propiedad, poblado de especies arbóreas nativas y de fauna silvestre, por la actividad que desarrollan “los vecinos”“En primer lugar, quiero decir que agoté todas las instancias de diálogo. Todavía no voy a dar nombres porque son personas conocidas y porque confío en que puedan recapacitar. Pero puedo decir las cosas como son con tranquilidad, porque antes de acudir a elDiario me comuniqué con el dueño del campo, también con quien se lo alquila para usar como circuito de karting y motos, y nada...”. Las palabras pertenecen a Rubén Marinari, propietario de un terreno que forma “parte del espinal de bosque autóctono en el que predominan los algarrobos, dentro de una gran variedad arbórea”, según funcionarios del área de Ambiente de la Municipalidad de Villa Nueva que visitaron ayer el espacio en cuestión.
Lo que pasa allí (en la “Calle Pública S/N, paralelo a la colectora de la circunvalación de Villa Nueva”, como figura en la cédula con la que Marinari paga los impuestos) es asombroso: cardenales, zorzales, reinas mora y hasta una zorra con su cría se pueden avistar apenas en el transcurso de una hora. Aunque “cada vez son menos, porque huyen con cada karting y cada moto que pasa”, comenta Rubén, para agregar que “los del circuito tienen actividad los siete días a la semana, ya que vienen a entrenar, a poner las máquinas a punto para correr las carreras durante los fines de semana”.
“¿Usted se imagina lo que son dos, cinco o diez motos pasando una detrás de la otra?”, pregunta al cronista. Y enseguida le muestra el decibelímetro al paso de los vehículos preparados para carrera. Entonces, el contador digital sube hasta 85, y en algunos casos, hasta 90, cuando “lo que permite como normal el Código Civil, en su artículo 1.937, va de 45 a 55 decibeles, y todos sabemos que el Código Civil está por encima de cualquier ordenanza”, según explica el propietario del terreno en cuestión.
¿Qué le dicen?
“Yo solamente pido que cierren tres días a la semana. Hablé con los del karting y me dicen que no, porque recaudarían menos dinero. Hablé con el dueño del terreno y me dice que no, porque cobraría menos por el alquiler. Repito que, por ahora, no quiero dar nombres. Los ambientalistas están dispuestos a acompañar mi justo reclamo, pero estoy tratando por todos los medios de no llegar a cuestiones legales”, expresó Marinari.
Ayer estuvo en el lugar un alto funcionario del área de Ambiente de la Municipalidad. “Me dijo que tenga paciencia, que se va a resolver... Creo que vino porque ya hablé con el intendente (Ignacio Tagni) y también con el presidente del bloque del oficialismo (Sergio Mana), quienes me dieron ciertas esperanzas, aunque el tiempo va pasando”, deslizó.
Cuenta más adelante que pagó 500.000 pesos por la subdivisión del terreno, para dejarle una fracción a cada hijo (es poseedor de aproximadamente 2,5 hectáreas). “Me cobran como zona urbana y dos por tres tengo que correr a alguno que entra a hacer sus necesidades en el algarrobal, porque ni baño deben tener...”, afirma.
“Mi sueño de toda la vida...”
Y dice: “Yo quiero cumplir mi sueño de toda la vida, que es hacer mi casa acá, en medio del bosque, pero si le falla el freno a uno de los pilotos se me mete por la ventana o me lleva por delante en el patio, porque pasan a escasos metros del ‘descampadito’ en el que quiero contruir la vivienda; justamente, porque el pacto familiar que hicimos es no tocar ni una rama de todo el monte”.
“No encuentro un momento del día en que pueda traer a mi madre, de 91 años, a tomar unos mates y ver los animales salvajes, porque no se aguanta el ruido... Siempre hay alguno que tiene que probar su karting o su moto. No podemos venir nosotros, los dueños, mientras los pájaros y los animales tampoco pueden procrear y huyen de lo que podría decirse que es una verdadera reserva que se ha transformado en un infierno... Están destruyendo algo que, en realidad, más allá de los papeles, es parte de la naturaleza viva de la zona, donde hay especies que ya no se ven... No deja de ser un lugar que nos pertenece a todos”, agrega.
Más allá de todo lo dicho, el propietario de la tierra lindante con el kartódromo reiteró que su actitud sigue siendo “dialoguista”.
“Les dije que no tenemos que llevarnos mal entre vecinos; no pretendo que se vayan, solo que no vengan todos los días. Siempre me mostré abierto al diálogo, pero el dueño de la tierra y los que le alquilan me están empujando, desde mi lote, al terreno de las cartas documento y a todo eso que podríamos evitar si las cuatro partes ponemos buena voluntad” (en alusión a él, el titular del lote lindante, los inquilinos y la Municipalidad), concluye Marinari.
