Historias del Bicentenario - Un símbolo de las calles
La historia también viaja en bondi
La Línea 3, mejor conocida como La Estrella, es un símbolo de la ciudad que dejó mil anécdotas y que aún sigue en el paisaje localAlgunos dicen que fue antes, pero la historia documenta que hace 56 años, en el año 1970, iniciaba sus acciones una línea de colectivos que unía las dos Villas: La Estrella SRL.
Respecto a la conformación de la empresa y sus titulares, a lo largo de más medio siglo, muchas personas fueron inscribiendo su apellido como responsables de llevar adelante el transporte automotor de pasajeros entre las dos ciudades: González, Perotti, Gastaldi, Moreno, el Vasco Odriozola…, y la lista sigue (o seguirá).
El conglomerado, término que nos dejó la pandemia de Covid-19, marcó durante aquellos años un crecimiento exponencial, y algo de eso vieron los impulsores de la Línea 3. Una empresa de transporte municipal era la encargada de llevar adelante esa tarea, pero el nacimiento de La Estrella terminó nucleando algo anhelado por los villanovenses (y villamarienses) que sentían muy lejos un punto de otro.
Así, como en una exigencia, se pensó primero, y luego se plasmó el deseo de transportar a los vecinos de una ciudad a otra. A todos. Aquellos que iban desde Villa Nueva a Baudino o desde Villa María a Nestlé. Así, los vecinos cruzaban los puentes para ascender a aquel ómnibus verde. Tanto por el viejo puente Vélez Sarsfield como por el actual puente Juan Domingo Perón –aunque actualmente lo hacen solamente por el puente Juan Bautista Alberdi–.
Eran tiempos aquellos donde Dolfi Peretti u otros choferes, picando abonos y entregando boletos, iniciaron un camino que –junto al crecimiento de la ciudad– no se detuvo. La historia también marcó hace años la declaración de quiebra y el subsidio decidido por la Municipalidad de Villa Nueva para que sigua funcionando, pero también la suma de otras unidades y demás. Es que antes de que muchas cosas se desbarrancaran surgiendo la Línea 3A o 3B, atravesando hasta el propio barrio Ctalamochita o deteniéndose en el centro de transferencia –cuando debió abandonar la parada en plaza Centenario (ahí, al frente de la perfumería Mistral)–.
Jugadores de Alem, jugadores de Alumni, trabajadores, estudiantes, todos se sentaron en sus butacas –siempre prefiriendo el lado de la ventanilla– para reflexionar y ver pasar la historia.
Primero, en efectivo; luego, con una tarjeta, permanecieron aquellos que hacen el viaje largo (ese de 45 minutos desde la Terminal de Villa María hasta barrio Los Olmos) o los viajes cortos (desde la plaza Capitán de los Andes hasta la plaza Centenario).
Con la llegada del Boleto Educativo Gratuito (BEG) se vivieron momentos de colectivos colmados de voces y de jóvenes.
También llegó el momento de la merma, en cuanto a la frecuencia. Los fines de semana dejaron de pasar, o a las 22 salía la última línea. Síntomas de una historia que se escribió y que nos tuvo a todos como testigos.
El Cacho, la Burra…, tantos nombres de choferes que se vienen a la memoria. El brazo en alto, el colectivo deteniendo su marcha y uno subiendo, mirando el número de boleto que le había tocado…, esperando que sea capicúa, porque capicúa trae suerte.
