Matías Cañas - De Villa Nueva a Alta Gracia a caballo

“La virgen me estaba esperando”

El villanovense narró, día a día, la travesía realizada para cumplir una promesa relacionada a la salud de su padre. “Lo volvería a hacer”, destacó
domingo, 19 de enero de 2025 · 08:37

Es el mediodía del sábado y llueve. Llueve mucho.

Del otro lado del teléfono -y en Alta Gracia- está Matías Cañas, un villanovense que no dudó y recorrió casi 170 kilómetros a bordo de tres caballos (Maravilla I, Perico y Clemente).

Su travesía, desde Villa Nueva, tuvo que ver con una promesa realizada a la Virgen de Lourdes (que tiene su gruta en la localidad serrana) y al Gauchito Antonio Gill.

Hace un tiempo, su padre sufrió un infarto, estuvo mal de salud y Matías no dudó en apoyarse en su fe. También pensó en el inminente nacimiento de su ahijada, en los afectos que lo rodean y en el año que está empezando. Los aludidos (la virgen y el gaucho) respondieron..., y él también.

Al momento de la comunicación, el entrevistado ya acordó volver a la ciudad con un tráiler para evitar el cansancio de sus compañeros de viaje.

 

El inicio

El pasado lunes, a las 3 de la mañana, Matías cargó medicamentos, suero, inyecciones, el mate, agua y -sobre todo- ilusiones, fe y esperanza…, aunque, en sus palabras, la palabra “ilusiones” ocupó el primer lugar.

“Todo el camino fue por la ruta 9, por la banquina”, destacó el vecino de barrio Madre Tránsito Cabanillas en diálogo con elDiario.

Al partir, en medio de la noche, fue aconsejado por policías que no comprendían qué hacía a esas horas de la madrugada en viaje. Él lo explicó y se alejó junto al sonido de las herraduras chocando contra el piso. “Siempre me trataron bien y con respecto”, reflejó.

Al día siguiente estuvo en Oliva, donde fue recibido por varias agrupaciones de la ciudad vecina. El calor era agobiante, pero eso no lo detuvo. Luego llegó Manfredi, Río Segundo, Pilar, Lozada y, finalmente, Alta Gracia.

 

La llegada

Llegó a las 19.30 del viernes y, quizás por el destino o las casualidades de la vida, en la gruta, el párroco Pablo Pavone estaba celebrando la misa. Allí recibió la bendición, hizo su confesión y se emocionó por haber logrado lo que tanto quiso.

“Cuando llegué a Lozada (N de la R: a 30 kilómetros de Alta Gracia) pensé que no podía seguir, pero saqué fuerzas”, destacó el joven de 28 años integrante de la agrupación folclórica La Querencia.

“Llegué justo a la hora de la misa, parecía que la Virgen me estaba esperando”, dijo el jinete, quien también agradeció a la Agrupación “Padre Buteller”, que se ocupó en el destino de darle cobijo, un colchón y conectividad.

“Es la primera vez que hice una distancia tan larga. Anteriormente habíamos ido a La Carlota, hace unos años, pero esta vez salí solo, con fe y con el deseo de cumplir un sueño y una promesa”, recalcó.

Y fueron largas horas a bordo de los caballos. “Estando solo se te cruzan mil cosas por la cabeza. A veces, uno tiene “una mochila” de pensamientos en la cabeza. Uno recuerda los que están, los que no están, la familia, y se emociona. Creo que la Virgen y el Gaucho me ayudaron mucho”, dice Matías mientras se le quiebra la voz por la emoción que aún lo embarga.

Pero Matías no estuvo solo en este viaje, sino que hubo mucha gente que lo fue acompañando parada a parada. Un periodista, en Oliva, lo entrevistó y las redes sociales hicieron lo suyo. Fue recibido con agua para él y los caballos, gaseosas, pudo asearse y mucho más.

“Sinceramente, no esperaba todo eso, pero hubo mucha gente humilde que me ayudó y creo que la humildad es lo más importante. A veces, las personas piensan en el dinero, pero la humildad vale mucho más”, reflexionó. En ese punto, también valoró la importancia de cuándo las redes sociales “se utilizan para bien”.

Este viaje, que iba a realizarse a mediados de este año, esperando el cobijo de las bajas temperaturas, finalmente se realizó en verano, y justo en la ola de calor que ocupó gran parte de la semana. “Sentí que este era el momento. Me otorgaron un par de días en mi trabajo, las vacaciones, y aproveché; y es algo que volvería a hacer porque me gusta. Al tener un trabajo, no tengo tiempo, pero siempre me crie arriba de un caballo o haciendo cosas de campo”.

Papá, mamá y la familia fueron otros pilares fundamentales. Seguramente, hubo preocupación y el deseo de saber cómo estaba Matías, pero ellos saben que él es “un loco lindo” que siempre estuvo alejado de las cosas que hacen daño. Así, “haciendo camino al andar”, el oriundo de Villa Nueva pudo agradecer en persona los favores recibidos.

Siempre agradecido, Cañas no quiso dejar de nombrar a Diego Marengo, Tatín Gobatto, José Godoy y Horacio Bonetto, quienes lo fueron ayudando y con quienes fue comunicándose en los altos que propuso el camino.