Brindó una Master Class en?Sala Astoria para más de veinte personas
“Creo que la necesidad de reírse en comunidad existió desde siempre”
Lo dijo la exartista del Cirque du Soleil, Mercedes Lía Hernández, al reflexionar acerca del clown. Además, es actriz, cantante y docenteEstán sobre el escenario de la Sala Astoria. Son más de veinte hombres y mujeres y ya es el final: después de cinco horas de taller, con un parate de media hora y una merienda, el grupo se junta, muestra sus certificados y ahora, pasadas las ocho, posa para la foto.
“Mercedes Lía Hernández es actriz, cantante y docente.?Trabajó cuatro años en el?Cirque du Soleil como payasa principal de los espectáculos 'Varekai' y 'Amaluna'”, dice, entre otras cosas, el flyer que está pegado sobre una pizarra en el ingreso a la sala.
Ella, de 42 años, nacida en Capital?Federal, pero radicada desde siempre en el conurbano bonaerense, recién termina de dictar la “Master Class Nº1 de Clown y Teatro” y continúa en la sala, donde ya no queda nadie, pero esta vez está sentada sobre un sillón, en el escenario.
“Creo profundamente que estas instancias son muy necesarias para generar espacios de intercambio, de aprendizaje colectivo”, dice, y habla de “descentralizar el arte de las capitales”, de que haya un ida y vuelta entre las comunidades artísticas de diferentes ciudades. “Eso me parece muy enriquecedor; es un país, un territorio muy amplio y me parece muy interesante que nos conozcamos”, sigue.
Además, defiende a la cultura como un “derecho de todas las personas” que no debe desaparecer ni quedar relegada a “unos privilegiados”.
La Master Class consistió en el entrenamiento de la técnica del clown.?Ella lo cuenta así:?“Es una técnica teatral en la que recorrimos los principios básicos de la técnica, que se basa en el arte del payaso, de la payasa, pero que se utiliza como técnica teatral para desarrollarse en cualquier disciplina artística. Se entrena lo lúdico”.
Y sigue:?“Vino gente con mucha experiencia. Percibí que hay artistas con mucho talento, con mucho recorrido. Me encontré con gente muy dispuesta a seguir entrenando, con mucha humildad para recibir lo que tuviéramos que aprender. Fue muy gratificante para mí, trabajé con gente muy abierta al aprendizaje, con un bagaje importante”.
Su recorrido, su mirada
Mercedes Lía Hernández dice que siempre le gustó “lo teatral”. Sin embargo, cuando terminó el secundario descubrió al clown “como territorio del teatro” y se enamoró de la técnica: podía trabajar con la comicidad, podía emocionar, podía hacer reír. Encontró la posibilidad de comunicarse con los que están del otro lado: el público.
Entonces, cuando lo vivenció, no lo pudo dejar. “Es una pasión, es mi oficio. Y me imagino haciéndolo hasta el final de mis días”, comenta.
Tenía veintiocho años cuando el?Cirque du Soleil la llamó, por primera vez, para sumarse. “Es una compañía muy grande, con un nivel de producción muy alto”, dice. Y eso significó una oportunidad para seguir trabajando, para adquirir disciplina, para convertirse en una profesional al cien por cien. Ella habla de “la responsabilidad que implica estar en escena tantas funciones con tanta gente”.
El paso por Cirque du Soleil (ver viñeta) también le permitió valorar lo que pasaba en la Argentina. Por eso decidió volver al país a seguir desarrollando su carrera, a pesar de que sabía que relegaba algunas “cuestiones materiales”. De todos modos, aclara que, cuando eligió el arte como camino, nunca pensó en lo material.
“Acá hay muchos artistas que tienen una calidad de creación colectiva y defienden lo propio y siguen creando sin importar los recursos”, remarca después.
Una “necesidad”
Para pensar lo payasesco, el cine tiene ejemplos. A Mercedes Lía Hernández, los primeros que se le vienen son el actor británico Charles Chaplin y el estadounidense Buster Keaton.
“Creo que la necesidad de reírse en comunidad existió desde siempre y el clown cumple ese rol”, dice. Es por eso que, piensa, la figura del clown se mantiene. También piensa que es porque el clown conmueve a las audiencias y porque es “lo más humano” que un espectador va a ver en escena “luego de ver otras cosas extraordinarias”.
“Cuando ve un clown, el espectador se encuentra con lo más cercano. Eso es un alivio”, comenta.
Jugar, ante todo
Ella describe a la disponibilidad lúdica como una técnica que le puede servir a cualquier artista: al que pinta un cuadro, al que compone una canción, por ejemplo.
“Sacarse un chip de seriedad o de estructura, o lo que sea, y ponerse a jugar es muy revelador como para encontrarse con una esencia de la vida más placentera. Y por qué no podemos jugar, por qué tenemos que dejar de jugar por ser adultas o adultos”, interpela, y dice también que por supuesto se deprime, por supuesto se preocupa y por supuesto se cansa.
Pero, por qué no.
Por qué no hacer eso que decía el dramaturgo Ricardo Monti: prolongar, en la adultez, el estado de placer de lo lúdico.
¿Por qué no?
