Una comunidad, como quien dice, “a la buena de Dios”

Una ciudad “tierra de nadie” y varios dirigentes que “no ven la luz del sol”

Así describieron vecinos la situación que se está viviendo en Villa Nueva. La acumulación de basura y la falta de camiones regadores son dos de las problemáticas más complejas
miércoles, 23 de agosto de 2023 · 07:30

De pronto, un hombre que está sentado con otros hombres en un bar de Villa Nueva, dice: “En el municipio no encontrás a nadie trabajando”. No es demasiado temprano: son las 8 de la mañana de este martes soleado, frío, no más de 12 grados, con viento leve.

Una hora después, en el municipio, cuando se pregunta en el ingreso por el intendente Natalio Graglia, alguien responde:"Hay días que viene, días que no. Maneja sus tiempos”. Y, por si acaso, comenta: “Venite más cerca del mediodía”.

Cuando se avanza por el pasillo que conduce hacia oficinas como las de “Comunicación” e “Intendencia”, que están vacías, alguien también dice: “No llegaron ni los secretarios. Es una joda. Estos no ven la luz del sol”. Y, como si tuviera más certezas, este alguien sugiere: “Venite tipo 1”.

Si se sigue enfilando por el pasillo, se llega hacia la puerta que conduce a “Obras Privadas”, “Obras Públicas”, “Atención al Vecino”, “Tribunal de Cuentas” y “Carnet de conducir”. Hay apenas movimiento y es, parece, para obtener licencia o renovarla.

Al salir, alguien más dice esa frase que suele escucharse: “Esto es tierra de nadie. Un desastre”. Y habla: cuenta que el lunes después de las elecciones a intendente del 25 de junio -en las que el candidato Ignacio Tagni de Juntos por el Cambio (JxC) le sacó una ventaja de casi 20 puntos al candidato oficialista Franco Graglia-, en el edificio “no apareció nadie”. La escena es similar desde entonces: ahora, por ejemplo, 9.30 de la mañana, están “solo los autos de los empleados”.

Y habla un poco más: cuenta que el hombre que sopletea las hojas en la plaza Capitán de los Andes hacía tres semanas que no venía, se pregunta si no le habrán pagado, y cuenta que el Gobierno dejó de comprar insumos, como “combustible”, para los vehículos que prestan servicios, imprescindibles, en la ciudad.

Luego, por lo menos hasta las 10, no sucede nada.

Nadie llega.

***

Poco antes de la 1.30 de la tarde, en la puerta del municipio sale gente, entra otra: son más los que se van.

En la oficina de “Intendencia”, tres mujeres aguardan. Una espera por “temas particulares”. Las demás, tal vez, no quieren hablar.

El vidrio de la oficina es esmerilado: dentro se ve que hay un hombre de cabello oscuro y una mujer rubia, en sus escritorios. Las mujeres que aguardan buscan al intendente Graglia. “Está en reunión”, contesta la rubia. La demora, añade, puede ser de una hora, de dos o más.

Una hora después, frente a la puerta quedan dos mujeres. Un hombre aparece por el pasillo,  toca la puerta de la oficina, pero  a pesar de que el de cabello oscuro y la rubia están en sus escritorios, ninguno le abre. El hombre se va,  su figura se recorta contra el zaguán y sale del edificio.

Al último que se va a escuchar esta siesta, a las 14.45, es al tipo de cabello oscuro que dice: “Sigue en reunión”.

Las mujeres, mientras, seguirán esperando, una sentada al borde de una ventana, y la otra de pie.

De Natalio Graglia no hay noticias desde el 25 de junio a la noche.

En realidad, lo último que se sabe, es que apareció en el cortejo fúnebre de la expresidenta del Concejo Deliberante, Nélida Graciela Isaguirre, a principios de este mes.

Mientras, desde este medio se intentó establecer una comunicación con él, vía WhatsApp. El 26 de junio, con este mensaje: “Natalio, buen mediodía. Me interesa hablar con usted para conocer su lectura acerca de los resultados de los comicios de ayer. ¿Se encuentra disponible ahora? Si no, ¿le parece tipo 16? Desde ya muchas gracias. Saludos cordiales”.

Los mensajes, similares, se repiten, por ejemplo, el 8 de julio, el 24 de julio, el 20 de agosto, ayer mismo.

En los mensajes se le propone un encuentro presencial. Se lo invita a hablar de otros temas.

Los mensajes son recibidos.

Y no más.

 

La basura

Desde 2019, Sanabria forma parte del ejido municipal villanovense. Norma Acuña, santafesina de 43 años, que vive desde hace 14 en la localidad, es secretaria del centro vecinal.

Ella habla de los inconvenientes con la basura: de los problemas que comenzaron exactamente la semana posterior a las elecciones del 25 de junio.

Antes, en el pueblo, se manejaba bien: había dos contenedores grandes y, cuando se llenaban -cada unos 15 días-, los vecinos avisaban al municipio para que los llevara y vaciara.

Aquella semana posterior, el “señor de los containers” fue,  pero no volvió. Nunca más volvió. Desde la semana posterior, la basura se acumula en una de las calles públicas del pueblo, que se encuentra a una cuadra de la escuela José de San Martín. “Ahora la cocinera del colegio se tiene que llevar la basura a su domicilio, a Ausonia, porque no tenemos dónde tirarla”, cuenta Acuña.

Inclusive, este fin de semana, mujeres de la comisión vecinal tuvieron que recolectar basura que gente, en carretillas, estaba tirando en el predio abandonado de la ex-Comisaría. Tuvieron que quemarla porque “no había otra forma”.

Desde el centro vecinal intentan comunicarse con el municipio: ella dice que “ya no sabe cuántas veces” la presidenta, Micaela Orellano, envió mensajes, llamó y hasta fue. “Pero no, no, no. No nos respondieron más”, dice. Y recuerda que únicamente, una vez, una “representante del municipio” les explicó que se “había terminado el contrato”.

Entonces, habla: “Pero escuchame, si se les terminó el contrato tendrían que habernos buscado una alternativa”. Y se lamenta porque el 1 de diciembre Graglia se va y hasta que el intendente electo los atienda como centro vecinal y les solucione el problema, llega “el verano, el calor y es un desastre”.

Hay, en lo que dice, algo de nostalgia: anteriormente -antes de la semana posterior- ella menciona que tenían “ventajas”; podían hablar “en persona” con el intendente o “con su hermano”. Y sigue: “Siempre tuvimos respuestas. O íbamos, les dejábamos alguna nota y después nos respondían. Y así”.

La situación, comenta luego, se replica en otros centros vecinales de la ciudad, a los que tampoco les responden desde la Municipalidad. La situación la conoce porque integra un grupo de WhatsApp en el que se habla del tema. Y, resalta, hay gente enojada que, por ejemplo, dice: “Siguen cobrando el sueldo hasta diciembre, al menos atiéndannos el teléfono”.

 

Los regadores, otro problema

Por otra parte, Acuña cuenta que desde hace más de un año no tienen camión regador. “Cuando les reclamamos dijeron que los estaban ocupando en la circunvalación”, explica.

Y añade: “Es muchísimo tiempo y es bastante complicado el tema de la tierra acá”.

El panorama se asemeja, comenta otro vecino de la ciudad, a lo que ocurre en barrio El Vallecito, donde tampoco están pasando los vehículos.

En eso, en fin, consiste todo: en la cantidad de semejanzas.

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