Será el domingo 16 de julio a las 10 en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario

El cura Víctor Dottori oficiará su última ceremonia en la ciudad

El presbítero de 50 años fue asignado por por el obispo para cumplir sus funciones en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, de la localidad de Río Tercero
miércoles, 5 de julio de 2023 · 07:30

Víctor Dottori nunca se imaginó como sacerdote: nunca se imaginó esta carrera de más de veinte años. Incluso, en el 92, durante el servicio militar que hizo como granadero en Buenos Aires, pidió una prórroga porque sus ideas eran estudiar maestro mayor de obras o Ingeniería Civil. Sus padres, además, tenían otros proyectos para él: querían que continuara con la administración de un campo de la familia y que -como era técnico mecánico- instalara un taller para trabajar como tornero.

La familia de Víctor Dottori era católica: él, nacido y criado en General Roca -al límite con la provincia de Santa Fe, sobre la autopista-, iba a misa, pero no tenía demasiado contacto con los sacerdotes. Sin embargo, en ese pueblo de unos cuatro mil habitantes, integraba un grupo juvenil de treinta y cinco chicos que participaban de la vida parroquial. El secundario, luego, lo hizo en una escuela técnica de Leones.

Ahora, Víctor Dottori, sacerdote de 50 años, habla por teléfono una tarde de julio y cuenta que cuando terminó el servicio militar sintió una “inquietud en el corazón”. Tenía dieciocho años y dice que así -como una “inquietud”- sintió que Dios le empezó a plantear la posibilidad: ¿ser o no ser cura?

“Nunca se lo prevé: no es que uno quiere ser cura, sino que Dios nos llama”, comenta. Y añade: “Uno lo va trabajando espiritualmente con la ayuda de otros sacerdotes, porque siente esa inquietud de querer consagrarse a Dios”.

La ayuda de los sacerdotes, menciona, consiste en que aquellos que sienten esa “inquietud en el corazón” puedan discernir si el sentimiento es verdadero, si viene de Dios o si, por el contrario, uno se los inventa y Dios lo quiere para otra cosa. “A la larga, el que se inventa querer ser sacerdote no llega a la consagración, porque el sacerdocio es una vida muy exigente y se llega por vocación”, dice.

Entonces, comenzó a mantener charlas con distintos sacerdotes amigos hasta que le designaron a uno encargado de las vocaciones a nivel de la Diócesis de Villa María. “En estos 21 años he descubierto que Dios me quería para esto, sin duda”, afirma.

Las conversaciones con los demás sacerdotes, dice, “son muy espirituales”. Se trata, explica, de “signos” que Dios le muestra a la persona; signos mediante los que le dice que la quiere para la consagración. Dottori, cuando habla de su signo, nombra al “deseo”: un deseo que lo asustó porque la vida sacerdotal no estaba en sus planes.

“No sabía qué quería hacer. Pero bueno, Dios me fue mostrando esto, ¿no? Que luego me lo dejó bien claro”, comenta después.

 

El recorrido

En el 94 ya estaba todo decidido: ingresó al seminario en Capitán Bermúdez (en el departamento San Lorenzo, Gran Rosario) -enviado por la diócesis local- con algunos compañeros de?Villa María y la región. Luego, en el 98, lo trasladaron a Paraná, donde terminó sus estudios.

En abril de 2002 lo ordenaron sacerdote y lo asignaron como vicario de la parroquia de Oliva, llamada Sagrado Corazón de Jesús, donde trabajó con el párroco Mariano Pérez. “Uno va aprendiendo  de a poco todo este tema, porque la práctica se aprende con la práctica, no con los libros”, comenta.

En 2006 lo nombraron párroco de la parroquia Nuestra Señora del Rosario, de Las Perdices, donde también, por un tiempo, trabajó como presbítero de las comunidades de Dalmacio Vélez y de Luca.

En diciembre de 2014, por último, llegó a Villa Nueva para reemplazar al padre Sergio Rubiolo, trasladado a la parroquia Cristo Rey, Río Tercero, en la parroquia Nuestra Señora del Rosario: el próximo domingo 16 de julio, a las 10, después de ocho años y medio, oficiará su última misa. Ese día habrá también un almuerzo a la canasta en el salón parroquial.

Es la última porque lo nombraron cura de la parroquia Nuestra Señora de la Merced, de Río Tercero, en la que va a asumir el viernes 21 de julio. El obispo, por su parte, aún no designó al que ocupará el lugar en Villa Nueva.

“Nosotros sabemos que tenemos que anteponer el bien de la Iglesia a nuestros gustos. Entonces yo no le puedo decir que no al obispo si él me propone un traslado con el cual no hay ningún problema en hacerlo”, expone.

Dottori cubrirá en Río Tercero a un sacerdote que falleció -no es Rubiolo-. “La comunidad hace casi más de un año que está sin el párroco; los están atendiendo desde otra parroquia. El obispo me pidió con generosidad si quisiera aceptar ese nombramiento y cuando uno lo piensa de corazón no puede decir que no; esa gente ha quedado sin cura, con el dolor de que se les muriera su sacerdote, que era joven, tenía 56”, comenta, y resalta que el obispo se los propone, no los obliga a irse a otra ciudad.

 

Las satisfacciones y los disgustos

“No se entiende un sacerdote sin su pueblo, sin su gente. Porque cuando Dios nos llama a consagrarnos, nos llama, no para tener un título, sino para estar con la gente. Por eso, el sacerdote es pastor de un pueblo, ¿no?”, dice Dottori.

Y añade: “La gracia que tiene un sacerdote de poder entrar en el corazón de una persona que se viene a confesar es un regalo, por ejemplo; es una dignidad impresionante que una persona te abra el corazón para mostrar lo más íntimo que tiene en ella. Viene buscando ayuda y con la palabra de Dios podés iluminarla y ayudarla”.

Las insatisfacciones también están. “Siempre hay problemas. La iglesia, si bien es obra de Dios, también supone tener miembros que son personas humanas. Y como humanos, todos tenemos defectos, desde el cura hasta el otro feligrés”, comenta.

A veces hay desacuerdos con actitudes de los feligreses y “encontronazos” con miembros de la comunidad parroquial. “La Iglesia no es un depósito de santos. Los cristianos venimos a buscar el amor de Dios, que nos da consuelo, que nos da paz. Pero todavía no estamos en el cielo, así que hay peleas, discusiones, siempre buscando el bien de la Iglesia”, explica.

 

Ideas “raras” sobre los sacerdotes

El cura remarca que los sacerdotes “encuentran mucho rechazo en la sociedad de hoy”. Y enfatiza: “Muchos tienen ideas raras. Por ejemplo, a veces me ha pasado caminar por Córdoba y alguien escupe por donde yo voy a pasar, como signo de desprecio, lo cual para mí no es ninguna ofensa, pero hay gente que tiene dolores o tiene ideas de lo que son los curas o de lo que es la Iglesia y te lo manifiesta. Algunos son muy respetuosos, aunque tienen ideas opuestas, ¿no? Uno sufre ataques que dice: 'Me los ligo de arriba sin ser culpable'. Pero bueno, sí”.

 

“Una de las grandes crisis de la Iglesia”

Dottori dice que ha notado que en los últimos quince años hay una ausencia de jóvenes, de chicos de entre dieciséis y treinta años. Esta, destaca, es “una de las grandes crisis de la Iglesia”.

El sacerdote, que también da clases desde hace 21 años en el Instituto Padre Francisco Azkúnaga, de Las Perdices, intenta explicar las razones de las crisis y dice: “No hay una respuesta concreta a esto. En los jóvenes se da que a lo mejor están poniendo la mirada en otras cosas y aparentemente no tanto en lo que es lo espiritual, ¿no? Están un poquito alienados en las redes; eso yo no lo noto mucho, estoy casi todas las mañanas en las aulas, en un colegio secundario”.

De todos modos, dice que es un fenómeno “multicausal” y, en este sentido, dice que observa, a la vez, disgregación familiar: ausencia de padres y madres, separaciones.

 

***

Dottori es el hombre con un nuevo destino: el cuarto. Es el hombre que entiende que un cambio como este se hace “desde la fe, con obediencia”, aunque sufre porque extraña a los que deja. Y esta, dice, es una de las exigencias de su profesión: abandonar las comunidades en las que están sus amigos.

Es el hombre que se deja de lado por algo en lo que cree, que es más grande que sí.

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