La propuesta se realizó a partir del programa de “Oralidad, lectura y escritura”
Susurrar, una manera de entregarse
Gabriela Sarasa es docente del Instituto Inmaculada Concepción y brindó detalles del proyecto que desarrolló junto a estudiantes de primer año para reforzar la escucha atenta“La escucha es, a veces, algo que se minimiza y que uno tiene incorporado”, dice Gabriela Sarasa.
Es una mañana de finales de octubre y ella, que está en una sala del Instituto Inmaculada Concepción, donde trabaja como docente de Lengua y Literatura y Producción en Lenguajes, habla de un proyecto que se vincula con el programa provincial de Oralidad, Lectura y Escritura, que desarrolló el mes pasado con alumnos de primer año A y B de la escuela y que había implementado por primera vez en otro colegio, hace por lo menos ocho años.
“Susurrar y ser susurrado: un vínculo sensible sostenido por aire poético en movimiento” es el nombre de la propuesta, que se caracteriza además por ser una actividad interdisciplinaria: involucra a la materia Educación Física, con Beatriz Peretti como responsable.
Entonces, trabajó con espacios, al parecer, distantes: abordó la expresión, tanto desde el punto de vista lingüístico como desde lo corporal.
La iniciativa tuvo etapas. En primer lugar, en abril, el narrador Mauro Guzmán fue al establecimiento educativo y les dio un taller a los chicos: les ofreció, a través del juego, las herramientas con las que después ellos tuvieron un primer acercamiento en la “Jornada de vida en naturaleza”, práctica que implementa cada año la escuela. Allí, luego de haber diseñado los susurradores en el aula -por grupos- con papeles, pedazos de cartón, retazos de lana, CD y hasta témperas, percibieron los sonidos del entorno y les susurraron poemas a los profesores.
“Cuando volvieron hubo un espacio de autoevaluación; la experiencia había sido muy favorable, muy provechosa”, menciona Sarasa. Y remarcó: “La dinámica con el susurrador no es algo menor: implica bajar la voz, trabajar la escucha atenta y también disponer el cuerpo para poder escuchar al otro”.
Así, para el 197º aniversario de Villa Nueva, en octubre, se avanzó con el proyecto e, inicialmente, Sarasa pensó que los alumnos susurraran “poemas de escritores locales”. “A veces, el vocabulario es como una traba, ¿no?”, señaló la docente y explicó que, por tanto, se llevó a cabo una instancia de escritura creativa en la que los estudiantes elaboraron sus textos, relacionados con el Parque Hipólito Yrigoyen, la plaza Capitán de Los Andes y las diferentes iglesias de la ciudad (escenarios que, de algún modo, constituyen la identidad villanovense).
Con todo listo, cuando pensaron en susurrar en la plaza Capitán de Los Andes, hubo un pero. “Notábamos que la plaza era un espacio complejo porque la gente anda apurada”, dice Sarasa. Es por eso que los adolescentes susurraron en sus barrios, en aquellos sitios en los que se sintieron “cómodos”. Y, en este plano, menciona que las producciones se digitalizaron y codificaron para que las siguieran difundiendo en formato QR. “Están re emocionados. Yo les explicaba la idea de que lo que uno hace no se quede solamente de las puertas del colegio para adentro, sino que se comparta”, concluye.
