Se conmemora el 58º aniversario del arribo del sacerdote nacido en Pieve di Curtarolo, Italia

Los humildes, el destino de aquel hombre “de corazón de pan”

El 27 de septiembre se cumplió un nuevo año de la llegada del padre Hugo Paolo Salvato a estos lares, donde comenzó a desandar un camino de solidaridad y entrega total
domingo, 1 de octubre de 2023 · 08:54

Si se habla de Hugo Paolo Salvato, se habla de aquel hombre nacido un 4 de febrero de 1933 en Pieve di Curtarolo, provincia de Padova, Italia. Sin embargo, se habla también, y ante todo, de aquel misionero pasionista (formaba parte de la Congregación Italiana de Los Pasionistas, fundada en Florencia y con sede en Génova) que llegó a estos lares a mediados de la década del 60 y que se dedicó a pensar y trabajar por los demás.

En Villa Nueva, allá por 1985, fundó la Comunidad Joven para la Gran Comunidad, conocida como Quinta San Ignacio. En ese terreno de tres hectáreas, en los confines del barrio San Antonio, tomó la iniciativa para la creación de 14 centros de solidaridad, por los que se responsabilizó, en diferentes barriadas periféricas.

“Como un arquitecto de almas, pero humilde como un albañil, ladrillo a ladrillo, comenzó a construir lo que sería la Comunidad Joven para la Gran Comunidad. No estuvo solo; silenciosa y anónimamente hubo quienes le acercaron una mesa, una puerta, un árbol, alguna carga de arena, o simplemente los brazos, y el solar de barrio San Antonio comenzó a tomar forma de pequeño paraíso terrenal”, escribió alguna vez el emblemático historiador y amigo de Salvato, Rubén Rüedi, quien falleció el lunes 30 de julio de 2018.

  • En 1985 fundó la Comunidad Joven para la Gran Comunidad, conocida como Quinta San Ignacio.

El idioma jamás fue un obstáculo para vincularse: a pesar de su castellano difícil, mínimo, conseguía comunicarse con los otros y de la manera más cercana posible. Visitaba panaderías, el Mercado de Abasto y distintos comercios que colaboraban para que el presbítero hiciera lo que más quería: ayudar, asistir. Y hacerlo desinteresadamente.

Los humildes fueron, siempre, su destino: a ellos se abocó con entrega total.

 

El arribo

Ahora hay que hablar de lo que, tal vez, realmente importe aquí: de un  27 de septiembre, jornada en la que recientemente se conmemoró el centésimo quincuagésimo sexto (156º) aniversario de Villa María: hay que hablar, en realidad, de lo que sucedía hace 58 años, un 27 de septiembre de 1965: esa fue la jornada en la que Salvato arribó para desandar ese camino que terminó un viernes 17 de marzo de 2006, cuando se produjo su deceso.

Es durante ese período que el padre hizo su recorrido, que construyó una historia: un legado para los villamarienses, pero principalmente para quienes están aquí, del otro lado del Ctalamochita, y lo recuerdan con orgullo.

Para octubre de 1968, cabe recordar, Salvato se puso al frente de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, en barrio Ameghino (en Intendente Peña, casi Salta).

De todos modos, su figura no puede apropiarse: no pertenece a nadie o, más bien, pertenece a todos. Trasciende.

Al respecto, Rüedi había descripto: “La Villa María opulenta y recientemente centenaria empezaba a reconocer su pobreza. El misionero sacudía la realidad desempolvando desde el olvido la postergación social de uno de los barrios más poblados y humildes de la otrora estancia de los Ferreira. Allí estaban las necesidades básicas insatisfechas. Y la ciudad mostró, con relativo orgullo, su primer comedor comunitario, que cobijó a más de cien chicos con ganas de comer”.

Esa capilla se convirtió, para las familias de clase media, en el lugar para celebrar bautismos y matrimonios.

El historiador local, además, había referido: “La obra del padre Hugo trascendía a toda la región y muchos curas de pueblos vecinos se referenciaban en ella”.

Ese fue Salvato: como decía también Rüedi, el hombre “de corazón de pan”.