Segunda noche - Se desarrolló la premiación regional
Siguió la fiesta en el Corsódromo y todo fue alegría en las calles
Participaron formaciones que llegaron desde las localidades de San?Francisco, Río?Segundo y Concepción del Uruguay.?También actuaron la de barrios?Los Olmos,?San?Antonio y SarmientoEscribe Franco Gerarduzzi DE NUESTRA REDACCION
Y no se puede decir que la gente llegue antes o llegue después o llegue a tiempo porque lo que pasa durante los Carnavales Gigantes, en?Villa Nueva, es que la noción de horario desaparece o se vuelve imprecisa y nunca se sabe bien en qué momento de la noche uno se encuentra: si todavía falta mucho o poco o casi nada. La información oficial decía que la fiesta empezaba a las nueve, pero los villanovenses saben que las nueve significan las diez o las diez y media e, incluso, las once.?Y no sé si eso está mal o está bien. No pretendo hablar de puntualidad sí o puntualidad no. A nadie le molesta. Por la avenida Oscar “Coco” Cáceres hombres, mujeres y chicos van acercándose con reposeras, mochilas, bolsos y carteras despreocupados, con calma, porque saben que acá, a los carnavales, no se puede llegar tarde, porque nunca es tarde.


Ayer anocheció más temprano, y ya antes de las ocho y media, sobre los árboles del Parque Hipólito Yrigoyen la oscuridad caía con más fuerza sobre la ciudad que conservaba, a lo lejos, en las orillas del cielo, en el horizonte, restos de un atardecer, relativamente, reciente. Entonces, ese azul oscuro que pronto la noche volvería negro, a la distancia, se aclaraba, como si perdiera fuerza, y se convertía en un celeste sutil y esa postal parecía que estuviera siendo manipulada -diseñada- por alguien desde alguna computadora porque a veces, no se cree que sea posible, si uno se detiene y mira que pasen estas cosas.
Cerca de las nueve, el movimiento era mayor en el Parque: ya había familias sentadas en sus reposeras, detrás del vallado a la altura del escenario, y otras caminaban por el adoquinado de hormigón de la avenida tomando helados o picando algo, donde los puestos gastronómicos ofrecían, para comer, lo que se les ocurra: choripanes, hamburguesas, lomitos, papas fritas, panchos, pizzas, locro, empanadas. Y para tomar, también: licuados frutales, agua, gaseosa, cerveza, fernet, sangría, etcétera, etcétera, etcétera.
Desde los parlantes que hay a lo largo de la avenida, apenas se escuchaba la música que suelen reproducir para, digamos, entrar en clima.?A diferencia de lo que se vivió el viernes, ayer solamente se oía, en cercanías del escenario -donde había una pantalla en la que se mostraba propaganda del municipio- un cuarteto que sonaba como si lo estuvieran tocando a cuadras del Parque. Lo demás era puro murmullo, pura risa, pura charla, pura cháchara. Como debe ser.
Ayer, el carnaval empezó con las formaciones que llegaron desde las localidades de San?Francisco,?Río Segundo y Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Luego, los protagonistas fueron los barrios?Los Olmos, San Antonio y Sarmiento, en este orden.
Al cierre de esta edición, aún no se había desarrollado la premiación regional que tenía como candidatas a las comparsas y batucadas de Bell Ville,?Río?Tercero -que actuaron el viernes-, San Francisco y Río Segundo. La de Morteros y la de Concepción del?Uruguay solo participaron como invitadas.
COPA DE ORO
En el marco de los Carnavales Gigantes, hoy será la última noche y se entregará la Copa de Oro, que por ahora está en manos de la comparsa Capricho de los Dioses y su batucada Manos de Fuego, de barrio Los Olmos.
Hoy es la última noche y, por eso, habrá algo de lo que tienen, a veces, las últimas cosas: la alegría, la risa, el contento, pero también la tristeza porque termina y cuánto falta para que otra vez estemos por acá y bailemos. Sí, es un final y, como pasa con los finales, también será un principio porque habrá que pensar en el próximo año y el futuro, los días, semanas y meses que vengan se atravesarán con el deseo como una llama implacable; y con la nostalgia como un recuerdo indeleble del que, quizás, unos cuantos se aferren para conservar algo -eso que se llama vida, supongo- de estos tres días y para que el carnaval del próximo año llegue ya, rápido, urgente, como si no hubiera tiempo, como si bastara con pensar, con mover apenas las piernas, los brazos, la cintura, el pecho, para evocar lo que se sintió, porque en estos casos, cuando se baila -que es una manera de contar una historia- se lo hace con el cuerpo.
