Carnavales gigantes - Hubo un muy buen marco de público

Una oportunidad para ser uno mismo

Comenzó la trigésima quinta edición de la fiesta que reúne a comparsas y batucadas de la ciudad, pero también de la región y otras provincias
sábado, 19 de febrero de 2022 · 07:00

Escribe Franco Gerarduzzi DE NUESTRA REDACCION

 

Poco antes de las ocho y media de la noche, el cielo era un paño celeste y sus márgenes, por donde caía el sol, se teñían de un naranja liviano. Mientras oscurecía con una brisa como una caricia y yo avanzaba por los primeros metros de la avenida Coco Cáceres, el Parque Hipólito Yrigoyen, donde aún faltaba para que comience la trigésima quinta edición de los Carnavales Gigantes, parecía el de siempre: alguna que otra persona aparecía como si estuviera de paso, distraída, y los postes, a lo largo del cantero central, comenzaban a proyectar su luz blanca sobre las calles, todavía, prácticamente vacías.

A un costado de la avenida, sobre el césped, en la zona de los asadores, el movimiento también era poco. Había dos grupos: unos parecían haber llevado algo para comer rápido -tal vez, unos sándwiches- y otros recién estaban encendiendo el fuego. A lo lejos, donde imaginaba que se estaba probando sonido, la voz de una canción que reproducían parlantes se empezó a distinguir mejor: era la del músico argentino Gustavo Cerati, cantando ¿Por qué no puedo ser del Jet Set?. Una de las manos de la avenida estaba vallada porque, por ahí, pasarían las comparsas, las batucadas. Por la otra, donde había en el primer sector ocho baños químicos, se encontraban los puestos: eran más de 30 y había para jugar (al tiro al blanco, por ejemplo), había para comer, había para tomar.

Unas papas fritas costaban 200 pesos (con queso cheddar 300), un pancho 250, una hamburguesa 400, un chori lo mismo, una pizzeta 300, una porción de locro 450, una docena de empanadas 800, una gaseosa de medio litro 150 (y el copón 250), un agua de medio litro 100, un copón de cerveza 400, una sangría 400, un fernet 500. Había, además, pochoclos a 100 y tres paquetes de praliné por 200. Para todos los gustos.

Más cerca de las nueve de la noche, el movimiento empezó a ser otro porque las previas se viven así: de repente, como si fuera imperceptible, uno se pregunta en qué momento llegó tanta gente y así, por supuesto, sucedió anoche. Y lo que se pudo ver eran niños y niñas, chicos y chicas, hombres y mujeres con sus bebés en brazos que iban, venían, corrían y se acomodaban en el piso, en el césped, a un costado de palmeras, en reposeras, pero también en otras zonas en las que habían ubicado sillas frente a un escenario, adonde había que pagar 300 pesos para sentarse porque el lugar era privilegiado, y bueno, si uno quiere, que saque los 300. Por otra parte, se podían pagar $200 en otra zona, un poquito más alejada (frente al Salón de Usos Múltiples) y el precio era menor porque ahí no hay escenario. Son opciones.

Hacia el final de la avenida, había un móvil policial, algunos médicos y enfermeros. Durante las noches del carnaval está previsto que trabajen quince profesionales, habrá también un puesto sanitario y tres corredores, por si hubiera que salir ante cualquier emergencia médica.

El festejo fue un punto de encuentro

A las nueve y media, la previa ya no era previa: era algo que vibraba, eso que ocurre cuando lo que se espera está próximo. Entonces, de los carribares se desprendía el olor de las hamburguesas y de las papas fritas (que era lo que más se estaba comiendo) y la sangría, con las rodajas de limón en la jarra de los jóvenes, era un fotograma que se repetía por aquí, allá y acullá. Y todos, todo, estaban sumergidos en el cuarteto que sonaba en ese momento, con el tema de La Mona que dice: “Soy un muchacho de barrio que no tiene horario cuando hay que cantar”.

Lo demás, lo que iba a pasar después, cuando los bailarines y bailarinas, las comparsas y batucadas de Bell Ville (30 minutos), Río Tercero (30 minutos), Morteros (40 minutos) y de los barrios San Antonio -cultura americana-, Los Olmos -cultura gitana- y Sarmiento -Antigua Grecia- (estas últimas tres una hora cada una) aparecieran en ese orden, no hace falta que lo cuente. Porque eso, lo que pasó después, es lo que pasa cuando se tiene tiempo, cuando se disfruta, cuando se vive, cuando se puede ser uno mismo.

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