Villa Nueva - 196 años - Desde el fondo de la memoria
No era yo...
No era yo el inquieto que nació en vivienda de sus padres nomás, frente al República de Bolivia, entre la casa de Maruja Pereyra y el bar de Albesiano.
No era yo aquel niño al que las monjas le dejaron terminar primer grado, pero pidieron que por favor se lo llevaran a otra escuela.
No era yo el chico que hizo otra parte de la primaria en el Belgrano, con el Titi Massini y Pecho de Lata, quienes lo adoptaron y lo defendieron luego de cada travesura.
No era yo el que los sábados por la tarde se hacía la chupina a Catecismo y llegaba a casa con los zapatos a la miseria de tanto patear guadales hasta el Zanjón.
No era yo el que barría aserrín en la carpintería de Don Güido.
No era yo el que vio pasar el corso por la Marcos Juárez hacia la Plaza.
No era yo la mascota del Alem de Buffarini, el Chopo padre, el Flaco Poletti, Pagani, Pepe y Armando Navarrete, la Chanchita y el Pelado Pereyra…
No era yo el que se asustaba con el rugir del Carancho Sosa en La Leonera.
No era yo el que después jugó con esa misma camiseta tricolor al lado del Mono, el Lungo, el Beto, el Pipío, el Chino, el Topo, el Jorge, el Pelado, el Pata de Fierro, el Turco, el Pata de Lancha, el Quiquí… y tantos más a las órdenes del Chueco.
No era yo el que decía “Villa Nueva” en Buenos Aires y en cualquier parte del mundo.
No era yo el que sostenía que “a Villa Nueva no hace falta volver, porque ella se encarga de ir con uno por el resto de la vida”.
No soy yo el tonto al que las lágrimas le nublan los ojos de tanto recordar y que por eso no ve y no puede firmar.
