Sentido de pertenencia - La confianza, la esencia de trabajar en familia
Dentro de lo artesanal “hay cariño”
La familia de trabajadores de la heladería Santa Lucía contó su experiencia en el rubro, en el que lleva más de 30 años y resaltó que los villanovenses están aprendiendo a querer a su ciudadLa heladería Santa Lucía está sobre calle San Martín al 500, frente a la plaza Capitán de los Andes, en el centro villanovense. Ayer al atardecer, la familia que comenzó allá por 1988 con el negocio recibió a un periodista y un fotógrafo de este medio para charlar sobre su negocio pero también, y tal vez principalmente, para conversar sobre otras cosas, sobre lo que pasa a través del tiempo, sobre aquellas cosas que uno empieza a entender después de estar 34 años dedicándose a lo mismo en una misma ciudad.
Detrás del local, hay una pequeña sala con una mesa larga. Allí, Gabriela Bongiovanni, su esposo José Rovere y su hijo Lucas (también forman parte de la empresa sus hermanos Santiago y Lucía) contaron esta historia que, en una de esas, es la historia de tantos, de todos aquellos que cada mañana se levantan porque hay que trabajar y meterle y dale que dale.
Bongiovanni dijo que, al comienzo, tanto ella como José estaban desempleados y que, por tanto, decidieron alquilar este inmueble sobre calle San Martín y se hicieron una sucursal de una heladería de Villa María (cuya fábrica está en Bell?Ville).?Poco después, en 1991, ambos viajaron a Buenos Aires para capacitarse y, así, comenzaron a fabricar los helados propios. Respecto a la materia prima que utilizan, sostuvieron que continúan usando la misma que desde sus comienzos, lo habitual: crema, azúcar, leche. Respecto a la tecnología que emplean, Lucas mencionó que, si bien se actualizan, las nuevas herramientas no modifican el producto final. Y, en relación al proceso de elaboración de los helados, Bongiovanni dijo que primero se lo cocina, luego se lo deja madurar, “que es cuando se dice que se enfría en unas tinas a baja temperatura” y de ahí “va a la fabricadora” de donde sale el helado, ya con frío.
Contexto
La familia recordó que los primeros inviernos, a finales de la década del 80, fueron “crueles” porque incluso con la llegada de marzo/abril, tenían que readaptarse y, por eso, llegaron a vender churros y facturas para poder pagar los gastos diarios. “Entonces empezamos a bancar que todo el año hubiese helado y que todo el año hubiese todos los gustos de helado porque en esa época se hacían, por ejemplo, gustos de temporada y gustos de invierno”, describió Bongiovanni.?
Y agregó que, además, el helado se puso “moda” a raíz de que se lo incorporó como postre en fiestas y la gente empezó a quererlo en la mesa de cada uno de sus hogares.
Por otra parte, destacó que Villa Nueva creció “un montón”, y se acordó de que por aquellos años todas las calles eran de tierra y solían verse sulkies, caballos.
Asimismo, ella agregó:?“Se nota esa ganas de progresar. Igual, creo que el pueblo de Villa Nueva está aprendiendo a querer a la ciudad en la parte comercial que es a lo que siempre apuntamos nosotros, que la gente la quiera y se quede”. En este punto, también propuso que la gente abra comercios allí para que los habitantes tengan alternativas para hacer sus compras y no deban trasladarse Villa María. Así, Lucas subrayó la importancia de ese “sentido de pertenencia”.
Trabajar en familia y defender lo artesanal
Seguidamente, Lucas se refirió al hecho de trabajar en familia. “Es muy lindo, pero corre en juego lo que es la confianza de tener una familia. Hay veces que hay que saber diferenciar el trato para que ande todo bien, pero siempre está la posibilidad de la flexibilidad”, sostuvo.
Por su lado, Bongiovanni, precisó:?“Tiene sus cosas como toda convivencia. No es todo color de rosas como debe creer la gente de afuera, “¡ah! ¡Qué lindo!”, hay veces que hay unos chispazos. Pero siempre hacemos que esos chispazos dejen algo bueno, no para explotar y que se disuelvan las cosas, hacen que cada uno piense”.
Para terminar, ella insistió en que en lo artesanal, a diferencia de lo industrial, “hay cariño desde el momento que compramos la crema, por ejemplo, y nos fijamos todas las semanas que sea la misma, la misma leche”. E inmediatamente, después, dijo: “Yo hago el caramelo para la crema-flan, hago el praliné para el chocolate almendrado. Eso es lo que tiene lo artesanal, es como si estuvieses en tu casa haciendo la torta y decís ‘¡ay!, le voy a poner chocolate porque le gusta a mis nietos’”.
A la vez, mencionaron que mantener lo artesanal es dificultoso “por el tema precios” y “no es tan fácil” insertarse en el mercado. Y añadieron que las tentaciones son muchísimas: por ejemplo, hay maquinarias con las que se pueden producir “tres mil palitos por hora” cuando ellos, en cambio, los elaboran con moldes.
Finalmente,?Bongiovanni destacó que, a diferencia de como se suele escuchar, “la gente no come cualquier cosa”. Y dijo:?“La gente es el otro.?Ahí empieza el respeto hacia el cliente”.
