Barrio Residencial América - Hace un año que Micaela Quevedo adquirió una vivienda, pero la inquilina no se quiere ir

El sueño de comprar una casa se convirtió en una pesadilla

Cuando entró a la casa cuyos derechos de posesión compró hace un año, la inquilina la acusó de robarle un reloj Rolex y hasta una tira de falda. Hace un año de la adquisición y todavía no puede entrar
domingo, 18 de julio de 2021 · 07:00

La villanovense Micaela Quevedo decidió en agosto del año pasado comprar una casa “soñada”, no solo por las características de la vivienda de más de 100 metros cubiertos, con pileta y hasta un jacuzzi, sino también, porque está ubicada en su querido barrio Residencial América.

Entregó a cambio de esa propiedad, otra casa que ella tenía en Villa del Dique y así fue que firmaron el boleto de compraventa con María Inés Quiroz, la mujer que poseía los derechos de posesión sobre la vivienda.

Había un detalle: la casa estaba alquilada. Lo que parecía que iba a ser un mero trámite hasta que se concluyera el contrato, terminó convirtiéndose en una pesadilla.

En diálogo con El Diario, Quevedo contó que desde hace un tiempo sufre “desde amenazas, agresiones físicas y hasta denuncias falsas”.

“La inquilina -a la que vamos a identificar como C.L.- tenía un contrato de junio de 2019 a junio de 2021. Para ingresar a la casa, pagó por adelantado un año y luego, no pagó más”, relató Micaela.

Por la pandemia, no planificaron un pedido de desalojo ante la falta de pago, sino que pretendieron llegar a un acuerdo.

“Así fue. Me dijo que se iba, pero que la ayudara con el flete, porque no tenía plata para trasladar sus cosas a una nueva vivienda. Yo le ofrecí la camioneta de mi marido y así hicimos”, señaló.

El día de la supuesta mudanza, en una calurosa jornada de verano, C.L. dijo que se iba a comprar una gaseosa mientras el matrimonio propietario de los derechos de la vivienda, seguía cargando cosas en la camioneta. “En lugar de volver ella, llegó la Policía, porque nos denunció que le estábamos robando”, informó.

Según su relato, ante esta situación, bajaron todo de la camioneta, pero en el inventario que hizo la inquilina, anotó que le faltaban cosas: “En la lista puso un reloj marca Rolex, un microondas, un televisor y hasta una tira de falda o de marucha, no me acuerdo bien la carne que era, entre otras cosas”.

Si bien la denuncia por el robo no prosperó, generó una serie de problemas como el tener que ir a declarar y defenderse de esa acusación.

“Pero no solo quedó con la denuncia del robo, también nos acusó de haber roto, en nuestra propia casa, el flexible de abajo de la mesada. Mi marido fue a arreglarlo porque a esa altura no queríamos más problemas y en ese momento, el hijo de la inquilina lo agredió con un cuchillo causándole una lesión en la mano”, señaló.

“La última vez tuve que ir yo a denunciar porque me dijo que me iba a quemar la casa, no sé si se refería a la que vivo o a la que ocupa ella, ya sin contrato de alquiler y sin derecho alguno”, agregó.

“Mi temor es que me destruyan la casa”, dijo Micaela, mostrando la foto de las aberturas cuando compró la vivienda y en el estado que están actualmente

Los platos rotos

Micaela acudió a El Diario porque no sabe más a quién recurrir. “Me está destruyendo la casa. Todo lo que tenía estaba en buen estado y ahora ya no lo está. Vemos las aberturas rotas, la pileta del patio destruida y hasta sacaron el mecanismo que hace girar los elementos que se guardan en el bajo mesada. Vimos que rompieron a pedradas la alarma y que además, le están sacando las tejas del techo”, planteó.

Quiso constatar esa situación con un escribano, pero C.L.  no le permitió el ingreso al interior de la vivienda, por lo que, hasta el momento, los datos de los daños son los que se ven desde el patio. “No se quién va a pagar los platos rotos de esta situación que lleva ya casi un año”, planteó.

El otro tema que le preocupa es que los servicios estaban a nombre de Quiroz, la anterior propietaria. “Ella los dejó de pagar y le quedó a la exdueña una deuda en Ecogas, el agua y EPEC”, dijo.

“Llamativamente, la Municipalidad la ayudó para reconectar algunos de esos servicios para que siga viviendo en mi casa. Me dijeron en la Municipalidad que le ofrecieron alquilar una vivienda para que se vaya, pero que ella no acepta ninguna de las cinco opciones que le propusieron. En definitiva, le están pagando para que siga viviendo en mi casa”, cuestionó.

La pelea se traslada a las redes sociales y hasta en carteles pegados en el vecindario, donde vive Micaela, sus padres y sus suegros. “Es nuestro lugar en el mundo. Cuando compramos la casa estábamos muy felices. Ahora, ya no tengo energía ni para trabajar en mi centro de estética porque no sé qué va a pasar con toda esta situación”, concluyó.

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