Recuerdos de mesas que reunían a los villanovenses

De bares antiguos

Julio Benítez recoge la palabra del historiador Armando Fonseca y rememora bares y espacios donde los vecinos solían reunirse, con una buena copa de por medio

En el imaginario popular aún permanecen muchos bares y espacios donde los villanovenses, hace poco menos de 100 años, solían concurrir en búsqueda de un trago. A veces, la bebida era la excusa para compartir con otros amigos la tarde y oportunamente jugar un truco, una partida de tabas, un billar o cualquiera de esas actividades que reúnen (como el fuego) a las personas.

Clubes y bares regenteados por sus propietarios fueron siempre los más y aún permanecen en la memoria reciente el extinto bar El Taca o lugares emblemáticos que aún funcionan, como Los Amigos.

También fue rescatado del olvido el bar Temperley en la esquina de Lima y Rivadavia, donde su último propietario, Carlos Gutiérrez, que en realidad tenía una peluquería, no quería borrar la historia y realizó una pintura en dicha esquina con tal escudo a modo simbólico.

Respecto a esto, el investigador local Julio Benítez, autor del libro “Tiempos viejos. ¿Te acordás, hermano?”, en su cuarta edición recordó cada uno de estos escenarios y recogió la voz del historiador recientemente extinto don Armando Fonseca.  

En tal placa, en su cuarta edición, más específicamente en la página 25, Benítez recoge a Fonseca y reconstruye recordando a El Tropezón en el exbarrio La Bodega, propiedad de Félix y Pancho Montalvo en Alem y Lima; o El Bataraz de Telmo Fernández en Comercio y Marcos Juárez.

Al final de la calle Córdoba, en el barrio Los Sesenta Guasos permaneció el de Calixto Scatollini y también La Ñatita, de Américo Tissera.

Frente a la plaza Capitán de los Andes se ubicaba la confitería del Cholo Pérez y Julio Manrique; este último, después de romper la sociedad con Cholo, abrió su bar en Marcos Juárez y Deán Funes.

Por su parte, también frente a la plaza, sobre Bartolomé Mitre, se podía jugar al billar en el boliche de Romero; según algunos, ahí cantó Carlos Gardel después de actuar en el Cine Teatro Capitol de Villa María. Para los naipes estaba disponible el ya nombrado Temperley, propiedad del Negro Arce (que fue contemporáneo).

Entre otros nombres, también surgen Doña Luna, Los Amigos; La Negra, en calle Belgrano frente a la actual sociedad Unión Eléctrica, y El Gallego, frente a la Nestlé, cuyo propietario encontró la muerte a mano de uno de sus clientes.

Siempre sobre calle Marcos Juárez se destaca el bar de don Alberto Luque; en su patios se realizaron alguna que otra vez actividades clandestinas, en realidad, juegos prohibidos por ordenanza.

También funcionaron peñas como La Lechuza Loca o La Luciérnaga, propiedad de Lalo Benvenutto, en el Parque Hipólito Yrigoyen (donde más tarde se ubicaría la Posada del Deportista (actualmente el SUM).

Cerca del puente Vélez Sarsfield estaba El Vallecito, propiedad de Isabettini, en tanto, en el actual barrio Florida, en Independencia y Comercio, se encontraba uno que era propiedad de Elena Moyano. En dicha esquina, pero al frente, permaneció hasta hace muy poco el tradicional bar El Taca, con su clásico cartel “Almuerce o cene”.

El Algarrobo, 9 de Julio y Villa Del Parque fueron clubes que también oficiaron como lugar de encuentros entre amigos.

Después de 1960, Hugo Zabala, más conocido como el Rengo, trasladó el Rincón Alem a la esquina de Comercio y Buen Orden (actual Modesto Moreno).

Obviamente quedan espacios en el futuro cercano como La Peña del Guli y Ritta o El Viejo Matías (Belgrano y Modesto Moreno), que siguen funcionando, entre tantos otros.

 

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