Aniversario Villa Nueva
Hacer el bien sin mirar a quien
Dueño de un carisma muy particular, Carlos Gutiérrez dejó de existir este año y dejó una huella y un legadoA muchos le llamó la atención el acto que el hombre estaba llevando adelante. En el enorme SUM que de la Escuela Pablo Sexto se estaba desarrollando una nueva edición de la “Pasarela Solidaria”. Un muchacho con una tijera en las manos tenía los ojos vendados y, sobre un escenario, peinaba a una adolescente. No podía ver lo que hacía (o sí podía). Lo cierto es que aquel hecho fue una metáfora de un hombre que ayudó sin fijarse a quien.
Carlos Gutiérrez se convirtió este año en una leyenda de la ciudad. En un símbolo de ayuda incondicional.
El, un joven peluquero amante de su profesión, fue un colaborador en mil modos. Y no hay discusión al momento de afirmar que dejó un legado enorme que seguirá siendo una huella indeleble.
A la vera del puente Isidro Fernández Núñez (conocido también tradicionalmente como el puente Negro), aún permanece el busto dedicado al Santo Cura Gabriel Brochero.
Aquel escenario por el cual peleara, pidiera, consiguiera y le cortara el periódicamente el césped hasta que una enfermedad terminó frenando cada una de las obras que venía llevando adelante.
Aún en barrio Florida permanece del recuerdo de un hombre con guantes de albañil recogiendo ladrillos y escombros para construir su santuario (que también sería de todos).
Pero Carlos fue mucho más que eso. Fue un ingenioso, un mago de la empatía. Siempre, por una razón u otra, se lo podía encontrar en las radios contando lo que estaba haciendo y para beneficio de quien era tal accionar.
Fue presidente del Rotary Club de la ciudad -en el período 2016-2017-. Al frente de la organización llevó adelante campañas contra la poliomielitis, colocó un cesto de basura para residuos diferenciados en la puerta del Hospital Villa Nueva e instó con su ejemplo a forestar el Parque local.
Hoy nada más que el silencio invade la peluquería de Lima y Rivadavia, lugar que dejó de tener su presencia. Aquella esquina donde en su momento funcionara el viejo Club Temperley, que tanto cuidó, respetó y pregonó.
“Yo creo que cuando uno hace algo hay que darlo a conocer”, afirmaba “Carlitos”, como muchos le decían cariñosamente. Llevando adelante la promesa al “Cura Gaucho”, también ubicó una figura en su Arroyo Cabral natal, y durante la inauguración del busto en Villa Nueva, autoridades, grupos musicales y hasta el obispo Samuel Jofré estuvieron presentes: “Se me fue de las manos”, dijo en octubre de 2018 con su risa característica.
El viernes 12 de julio de este año, su existencia solidaria dijo basta. El sabía que el panorama no pintaba tan bien…si hasta pidió que rezaran por él. Finalmente, alrededor de las 4 de la madrugada, en el Hospital Regional Pasteur, una complicación truncó su existencia a los 45 años, al día siguiente cumpliría 46. Durante el año 2015 su salud también se había visto puesta en jaque. Allí, con un rosario que poseía la figura del “curita” (como él le decía) entre sus manos, pudo sortear la complicación.
Hoy, el espacio verde que le legó a la ciudad, sigue sumando convocatoria y agigantando, con el paso de los tiempos, la figura de un hombre que amó la ciudad de mil modos.
