Aniversario Villa Nueva
Festejar para sobrevivir
Por cuestiones económicas, este año una quinceañera pensó que no tendría fiesta de 15. La unión solidaria cambió el destino de la historiaTradicionalmente los 15 años de una adolescente son un hito que marcan un antes y un después en la vida de cada muchacha. El sonido del vals, los familiares haciendo una ronda a la espera de su turno para danzar, las luces de los flashes y la alegría de una familia que se encuentra alrededor de una torta son más que convocantes para todos aquellos que gustan de atesorar recuerdos para toda la vida.
Tal vez esa no sería la suerte que correría Valeria* de barrio Sarmiento. Corría el mes de julio de este año y el augurio parecía ser el peor.
“Su padre estaba triste porque no iba a poder festejar el cumpleaños de la nena. El se gana la vida vendiendo pan casero”, destacó Natalia Peralta, del merendero Corazoncitos Solidarios ubicado al fondo de barrio Las Quintas.
El destino y la solidaridad de la joven generaron una cruzada que se volvió mítica e inolvidable, la historia comenzaba a torcerse. Aquella joven que no tendría flashes, ni fiesta, ni fotos terminó teniéndolo todo; incluso la enorme sonrisa de agradecimiento por siempre.
“Iniciamos una campaña y al final hubo como 100 personas que se sumaron. Ella hasta tuvo como 10 vestidos diferentes para elegir”, destacó la entrevistada. Sí. Hubo salón, comida, baile, ensalada y hasta DJ, aseguró.
Souvenirs azules y un enorme “15” plateado fueron parte de la decoración preparada para aquella velada tan especial.
Otro de los que fue parte de la cruzada fue Mauro Bizzari. Por medio de él se consiguió el salón de los trabajadores municipales Sitramun. Allí, a la vera del río, en el corazón del Parque Hipólito Yrigoyen explotó una algarabía todavía inolvidable.
“Es el inicio de algo, me gustaría que todos pongamos nuestro granito de arena”.
Fue el sábado 27 de julio. Durante la jornada del viernes, Natalia sufrió una quebradura que casi la deja afuera de la celebración; pero de ninguna manera se ausentó: fue en una silla de ruedas.
“Te vamos a ayudar siempre, te vamos a dar un pan casero todos los días”, dijo la madre de la quinceañera. Igual, Natalia no lo aceptó, no hacía falta. Ella ya tenía el corazón lleno de emociones y no había ninguna deuda pendiente.
Hoy, volando tiempo atrás y generando una remembranza, la emoción vuelve a invadirla y un acto tan grande le parece pequeño (aunque no lo es). Pero aquel día, la fuerza de todos; la unión de la gente y el amor por el otro dejaron una huella imborrable en el rostro de una muchacha que jamás olvidará aquella noche de invierno en la que fue abrazada por todos.
*Su nombre fue alterado
Aquella joven que no tendría flashes, ni fiesta, ni fotos terminó teniéndolo todo; incluso la enorme sonrisa de agradecimiento por siempre.
