Aniversario Villa Nueva
El locutor del maletín de Pandora
Ricardo Galíndez invadió durante 30 años el aire de la ciudad. Primero fue la propaladora, luego estuvo en las radios. ¿Anécdotas? Miles alrededor de su maleta irónicamente misteriosaDurante el inicio del milenio, un hombre robusto y con cara de bonachón recorría las diferentes calles de la ciudad (ahora lo hace en taxi). Una bicicleta pintada con antióxido, su campera de cuero marrón y un maletín en el canasto delantero lo pintaban de cuerpo completo y lo volvían inconfundible.
El, quien fuera el locutor de múltiples eventos, permanece hoy sentado (como en cada domingo) frente a un micrófono de Radio Libertad de Villa Nueva. Pero su historia comenzó mucho antes.
Ricardo Humberto Galíndez (sí, con “h”), es nacido en Villa María, pero en Villa Nueva todos lo conocen como el señor de la propaladora; aquella grave voz de escarlata que retumbaba tras una cortina característica.
-¿Cómo anda “la voz”? – le dice un vecino, mientras el hombre se planta con una sonrisa.
Hace poco más de 10 años, Atenas Publicidad dejaba de existir por el avance de la FM. Así, se callaron los parlantes que tenían base sobre calle Deán Funes y avenida Libertad (en otro tiempo sobre calle Mitre).
En su momento, con sus enormes bocinas, la voz de Ricardo llegaba a la plaza, al Parque Hipólito Yrigoyen y a la puerta de la Municipalidad.
Los goles de River o los de Boca, eran repetidos desde las 9 de la mañana hasta las 12, momentos en los que el hombre guardaba todo en su estudio y se marchaba nuevamente para su vivienda de barrio Villa del Parque.
Así lo hizo desde 1997 hasta junio de 2007 (30 años de martes a domingos).
Más tarde, el auge de las radios de frecuencia modulada lo encontraron haciendo radio y transmitiendo en vivo los partidos de Alem de Villa Nueva (alguna vez también de boxeo).
“Eran otras épocas, usábamos grabadores; no había computadoras, no había celulares. Los diarios nos ayudaban muchísimo y a algunas cosas las tomábamos de la televisión”, recordó en su momento el hombre, dueño de una voz particularmente característica que aún permanece en el inconsciente colectivo de todos.
Al llegar al estudio de la radio, el hombre apoyaba su negro maletín sobre la mesa de trabajo. Trasto que a veces era pesado, otras veces liviano y que en otras ocasiones sonaba como una maraca por tener solamente una lapicera y un cuaderno en su interior.
Pero los días que venía pesado no tenía papeles, cheques ni dólares. Ricardo era un hombre canjes -como tantos en el medio radial-. El hecho de cambiar publicidad por mercadería en los negocios se le había vuelto una costumbre y una realidad.
Entonces, tras el sonido característico que hacen los cierres cuando se abren, el espacio compartido comenzaba a invadirse de aromas más que diversos. A veces olor a mandarina, en otros días el olor del pan también se asomaba o hasta un limón caía al piso por estar guardado medio incómodo.
Dueño de una grafía que solamente él podía interpretar, tuvo cientos de compañeros y miles de recuerdos; aunque aquella época dorada en la que su maletín le quedaba pequeño jamás volverá a ser la misma.
