Aniversario Villa Nueva
Bailar, esa sana costumbre
Ahora en el Parque municipal, los Carnavales Gigantes siguen ganando terreno en toda la provincia. Sus protagonistasPodemos decir que cuando llega el mes de enero una efervescencia se apodera de toda la ciudad. Pero la verdad es que esto sucede durante todo el año. Si los más grandes de la familia tocan el redoblante, el bombo, la caseta y el cencerro para las bailarinas; los más chiquitos se atan una botella a su cintura y empiezan a imitar contagiándose de aquello que luego llevarán adelante.
Este año, para emoción de muchos, los Carnavales Gigantes llevaron adelante una nueva edición, pero en el Parque Hipólito Yrigoyen con entrada libre y gratuita. La tradición es inagotable y el festejo en torno a “Momo”, interminable.
Pero superar las tres décadas no fue tarea fácil. En un principio fueron resistidos, mirados de reojo y hasta rechazados, aún así, hoy todos se dejan seducir por los ritmos variados que cada año van emergiendo.
El trabajo de todo un año se resume en eso: en tres días de explosión (preferentemente viernes, sábado y domingo, cuando una lluvia molesta no intenta cortar la alegría). En algún momento el escenario fue la plaza Capitán de los Andes, otros años sobre avenida Carranza, pero en sus inicios todo comenzó con los pioneros que se unieron cerca del cruce de rutas con carrozas y papel picado. Eran un grupo de familias y de amigos con ganas de celebrar la vida.
Hoy, “los corsos” (como le dice el vecino de a pie) son una constante y son esperados como uno de los eventos más sobresalientes de la ciudad. Hay que estar ahí. Hay que presenciarlos, no hay que quedarse afuera porque será el tema que se hablará durante toda la semana siguiente.

Abuelos, hijos y nietos desfilan representando a su barrio. Algunos integrantes conocen bien el paño, es que ya lo hacen desde hace varios años. Tampoco nos olvidamos de otros que están desde su nacimiento. Como Omar Luque, por ejemplo, bailarín por excelencia de barrio Los Olmos que hoy, por cuestiones de salud, es una baja importante para todos aquellos que esperaban verlo pasar para saludarlo.
Héctor Tulián, presidente de la comisión también es un emblema. Porque el Carnaval tiene eso. Los organizadores también bailan, también participan. Aún persiste la figura de María Albertengo, a la vera de la pista. Ella, que entregó innumerables noches de su vida para coser, pegar y unir canutillos y lentejuelas.
Así, mantuvo encendida la llama de la tradición. Reafirmando cada año la idea de Hilario Ghessi y demás personas comenzaron luego a impulsar a toda la ciudad.
También no es menor nombrar al conocido Palomo Albarracín de barrio Sarmiento, quien entre lágrimas en un momento valoró haber llevado a los más pequeño a recorrer la provincia. “Llegaron a lugares que ellos no conocían”, destacó a El Diario.
Siempre con competencia, con ganadores y con reinas (ahora son soberanas) que conocían bien el Carnaval porque ya estuvieron durante varios años en sus filas, danzando al son del repique.
Actualmente, otra de las figuras que viene ganando espacio y representando al género es la joven pasista Flavia Pérez. “El Carnaval es felicidad, baile y libertad”, destacó la joven con una enorme sonrisa. Ella, quien busca perfeccionarse a cada momento, ha llegado a grabar con su celular los sonidos de la comparsa para luego ensayar en su propio hogar.
Flavia, que comenzó bailando en 1993 cuando tenía 3 años, aún continúa recorriendo el corsódromo de la ciudad (y también cautivando a toda la región).
Rumbo a los 34 años, la festividad sigue creciendo a pasos agigantados y es visitada por todos. Se han sumado comparsas regionales, en su momento también desfiló la colectividad boliviana con su Carnaval y mucho más.
Si hasta hace muy poco tiempo, integrantes de la multicampeona comparsa litoraleña Marí Marí, oriunda de Corrientes, anduvo divisando, y disfrutando las delicias que ofrecen cada uno de ellos al danzar.
