Primera infancia en el uso sano de las tecnologías

“Somos adultos analógicos criando niños digitales”

Lo afirmó el especialista en seguridad informática Sebastián Bortnik en “Guía para la crianza en un mundo digital”, en el que plantea que “no nos dimos una cuota reflexiva y entonces hacemos cosas por inercia”
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martes, 26 de enero de 2021 · 09:00

En “Guía para la crianza en un mundo digital”, Sebastián Bortnik, especialista en tecnología y seguridad informática, despliega un mapa de recursos y argumentaciones para acompañar desde la primera infancia el uso sano y seguro de las tecnologías y convoca a los adultos, así como lo hacen en el mundo analógico, a involucrarse en la educación de niños, niñas y adolescentes en el terreno digital mediante un mayor protagonismo y el diálogo permanente con las nuevas generaciones.

Mientras las tecnologías revolucionan nuestra mente porque transforman los modos de relacionarnos, comunicarnos y hasta ejercen su marca en la salud física y emocional de las personas, cierto automatismo conduce nuestras prácticas que impide una mirada crítica: ¿Cómo enseñarles a los chicos a no exponer su vida en redes, si los adultos comparten imágenes de sus hijos sin antes haberse detenido a pensar si era eso lo que querían?, o ¿cómo exigirles que moderen el uso del celular si en un restaurante la escena recurrente es la de un niño pequeño mirando el celular para no molestar?

 

“Inercia tecnológica”

En ese manto indeliberado de los adultos radica lo que Bortnik llama “inercia tecnológica”, ese “no pensar lo que hacemos en las redes porque creemos que no hay otra opción”. Una inercia que responde a un signo de época en el que “la tecnología nos abrumó. No nos dimos una cuota reflexiva y entonces hacemos cosas por inercia. De golpe se crearon hábitos que no reflexionamos ni decidimos. Después hay mejores y peores prácticas, como todo en la vida, pero lo importante es que haya una decisión”.

 

Un desafío moderno

Desde ese punto de partida, “Guía para la crianza en un mundo digital” (Siglo XXI) acerca a los adultos -madres, padres, mediadores, educadores- un análisis del paradigma actual y un abanico de herramientas que parten de preguntas para acompañar a niños, niñas y adolescentes en su vínculo y construcción de hábitos con Internet, redes sociales, dispositivos electrónicos, pantallas y aplicaciones, y también ofrece recursos para estar atentos a prácticas inseguras que ocurren dentro ese terreno, como grooming, vamping, ciberbullying, sexting o fake news.

¿Por qué no se acompaña la crianza en el mundo digital como sí en el analógico? ¿Qué poder supremo se esconde en el imaginario de las nuevas tecnologías que impiden pensarlas por fuera de la inclinación a la tecnofobia o, al contrario, amparándose en el desconocimiento? Sin dudas, educar en el mundo digital es un gran desafío moderno. La razón está, como dice Bortnik, en que “somos la primera generación criando la crianza digital, y criar con pantallas es un desafío de una gran magnitud. No tenemos la referencia de las generaciones anteriores para la crítica y eso nos pone en un lugar de mucha incertidumbre que nos lleva a la inacción, no voluntaria, pero ante un escenario tan incierto que paraliza, mientras vemos a los chicos tan duchos con la tecnología”.

 

Adultos analógicos

Bortnik señala que el escenario singular de estos tiempos es que “somos adultos analógicos criando niños digitales. Somos analógicos porque crecimos y nos formamos en un mundo analógico, es decir, ninguno tuvo una adolescencia con celular, tablet, Internet o videollamada. Esta situación nos desafía a pensar el paradigma de la educación”.

Y refiere: “En líneas generales asociamos la educación a un rol de que quien enseña está enseñando algo que el otro no sabe o vivió algo que el otro no vivió. Hoy en día les tenemos que enseñar a los chicos a vivir en un mundo digital cuando no tuvimos la experiencia y muchas veces no tenemos el conocimiento. El conocimiento se puede adquirir, pero nos encontramos a veces superados por las facilidades que ellos manejan. Y la experiencia neta no la podemos remplazar”.

Con esta realidad bisagra entre generaciones, el autor propone “pensar que la educación viene por otro lado. Y ahí está el rol de adultos como mentores, donde quizá no tenemos que bajarles la posta de los temas, sino que tenemos que hacerles una pregunta, ofrecerles una guía, sentarnos a estudiar juntos, pedirles a ellos que nos muestren cómo usan las aplicaciones o las redes”.

 

Un lugar de pasividad

Bortnik explicó: “No podemos desconocer la invasión de los últimos 20 o 30 años. Hemos incorporado muchas cosas sin la reflexión y el pensamiento crítico necesario, en un lugar bastante pasivo como usuarios de la tecnología: cuál es el próximo celular, cuál es la nueva app, qué red usan los chicos. Tenemos que entrar en una época más proactiva: nosotros somos protagonistas de construir una infancia saludable en torno a las tecnologías, no somos espectadores. Y somos responsables de lo que hacemos con la tecnología, no sólo víctimas”.

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