Psicopedagogía

Las emociones en la infancia son una forma de decir

Un niño habla cuando sonríe, se ríe a carcajadas, llora, se sonroja, hace berrinches, tiene miedo, está triste, enojado, asustado o callado. En la infancia el cuerpo revela estados de ánimo o situaciones particulares, “dice” aun sin palabras. Cada emoción tiene un propósito

Escribe: Zoe Zuin (*)
Especial para El Diario

“Eres el dueño de tu vida  y tus emociones, nunca lo olvides. Para bien y para mal”.

Antoine de Saint-Exupéry

 

En la infancia el lenguaje acontece de diferentes maneras; con palabras, gestos, sonidos o a través de las “emociones”. Los niños y niñas cuentan a través de su cuerpo lo que les pasa, desean, lo que los pone felices o los enoja, lo que los reconforta o incomoda. Tener días felices, de enojo, esperanza, tristeza o alivio, es también una cuestión de infancia. Escuchar “no le pasa nada, tiene todo, llora de capricho” es frecuente, pero expresar con palabras las sensaciones no resulta tarea sencilla para la niñez y, muchas veces, tampoco para los adultos.

Que los niños y niñas conozcan las diferentes emociones, que puedan reconocerlas, que comprendan las sensaciones que producen en su cuerpo, es una responsabilidad de los adultos. Cuando ayudamos a que un niño o niña registre lo que le pasa y lo que siente promovemos la capacidad de aprender a gestionar sus emociones, favoreciendo sentimientos como la empatía y el autocontrol. A través de una educación basada en las emociones aprenden a aprender, a ser, a hacer y a convivir, brindándoles más recursos para su autoconfianza y su autoestima.

¿Qué significan las emociones? Respuestas subjetivas del organismo como reacción a estímulos externos, provocando cambios neuronales y hormonales. Lo que sentimos siempre está condicionado por el ambiente y la experiencia. Se puede llorar de alegría o tristeza y el cuerpo estará tenso, vibrante o relajado o podemos reír de nervios o de felicidad y el cuerpo posiblemente tiemble, sude o vibre, pero siempre sucederá alguna acción en él. Para promover un desarrollo saludable a nivel personal y social es indispensable que desde la infancia se puedan reconocer la sorpresa, el asco, el miedo, la alegría, la tristeza y la ira como grupo de emociones básicas.

Si bien las emociones positivas son generadoras de sensaciones placenteras, y son las que debemos fomentar en la infancia, las otras (emociones negativas) no deben desestimarse y sobre todo en la infancia, ya que preparan a los niños y niñas para enfrentar diferentes situaciones. El “asco” posibilita expresar desagrado, la “ira/enojo” puede demostrar rechazo ante alguna situación injusta, mientras que la tristeza servirá para solicitar ayuda o buscar apoyo, formas de decir, expresar o estar con “otros”.

La neurociencia se encarga de estudiar el sistema nervioso y todos sus aspectos explicando las diferentes características de la conducta y los procesos cognitivos a través de la biología, desde este campo científico propone como método de aprendizaje/enseñanza atender de manera particular las emociones, asegurando que es el ingrediente fundamental en dicho proceso. La educación emocional y social, según lo plantea Jesús Guillen, demuestra que las emociones son imprescindibles para la toma de decisiones, procesos de razonamiento, autoconciencia social, capacidad de aprendizaje, competencias cognitivas, entre otras, las evidencias empíricas demuestran que atender y respetar las emociones mejora la salud y promueve la felicidad.

Hoy mi propuesta es que reflexionemos sobre las representaciones que tenemos los adultos para ejercer el rol de papá, mamá, abuela, abuelo o cuidador/educador de infancia. Repensar las formas de ver un berrinche, llanto, capricho nos acerca a una educación más ligada a las emociones, poder decirle a un niño o niña: “Quiero ayudarte, pero necesito que me cuentes qué te pasa, qué te duele, qué necesitás”, o “entiendo que estés enojado, pero charlando podemos resolverlo”. Son otras maneras de decir, de enseñar y de acompañar. Gestos, palabras amorosas y empatía ante su sentir son los pequeños pasos fundantes para infancias respetadas.

 

(*) Lic. en Psicopedagogía, diplomada en Neuroeducación

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