De enfermedad respiratoria a multisistémica
En poco tiempo cambió radicalmente lo que sabemos sobre Covid-19
Cuando se habla con médicos de las unidades de cuidados intensivos que lidian con los efectos devastadores del coronavirus, la frase que repiten una y otra vez es: "Nunca hemos visto algo como esto".
Sabían que se venía una nueva enfermedad: una desconocida infección respiratoria que había aparecido por primera vez en China a finales del año pasado. Pero los casos que fueron llegando tomaron incluso a los especialistas más experimentados por sorpresa.
La mayoría de la gente infectada con el nuevo coronavirus tenía solo síntomas moderados y, en algunos casos, ninguno.
Pero en muchos de los pacientes gravemente enfermos el Covid-19 es una enfermedad extremadamente compleja.
Los coronavirus son una familia amplia de virus, pero se sabe que solo seis (el nuevo sería el séptimo) infectan a las personas.
Lo que sigue es un resumen de lo que los médicos aprendieron en estos meses de cómo Covid-19 ataca al cuerpo humano y de todo lo que aún continúa siendo un misterio.
Más que una neumonía viral
Si bien la mayoría de los médicos esperaban encontrarse con un virus respiratorio que causa neumonía, algo parecido a la gripe estacional, pero en una escala mucho mayor, se hizo evidente rápidamente que el virus afectaba mucho más que la respiración de la gente.
La neumonía viral es una enfermedad desagradable -una infección grave de los pulmones que provoca inflamación a medida que el cuerpo lucha contra ella-, pero en los peores casos, Covid-19 era algo totalmente nuevo.
En principio, cuando aparecieron los primeros casos en China, se pensó que el virus atacaba solamente los pulmones. A los pacientes más graves les provoca inflamación y coágulos de sangre, ataca múltiples órganos y causa problemas que ponen su vida en riesgo.
Oxígeno
Cuando el virus empezó a propagarse más rápidamente, a los hospitales llegaban pacientes con falta de oxígeno.
Pero también otros, los más graves, que presentaban problemas en órganos más allá del sistema respiratorio y cuya sangre tenían características que los médicos no pueden explicar.
Mientras que un paciente con neumonía viral puede estar conectado a un respirador por una semana, alguien con Covid-19 necesita un tratamiento más largo.
Esto podría estar vinculado a que la inflamación está afectando a los vasos sanguíneos. La infección no le permite al oxígeno llegar a la sangre y eso da lugar a los bajos niveles de saturación, pero los pulmones no se ven afectados en esta primera fase.
Por eso muchos médicos se han cuestionado si el uso de ventiladores artificiales para ayudar a los pacientes a respirar es lo más indicado para esta enfermedad.
Si bien ha contribuido a la recuperación de muchos pacientes graves, en algunos poner el foco en los pulmones resultó ser un tratamiento equivocado. Puede que sea porque el virus continúa haciendo daño o que sea la propia respuesta al virus la que genera tal inflamación que causa múltiples problemas en el cuerpo.
Y muchos de estos problemas están vinculados a la sangre.
Inflamación y coágulos
Todos concuerdan en que el nivel sin precedentes de infección de los pulmones hace que Covid-19 sea una enfermedad muy diferente.
Cuando las paredes de los vasos sanguíneos se inflaman, es más probable que la sangre forme coágulos. Y Covid-19 hace que la sangre se vuelva muy espesa y pegajosa en los pacientes gravemente enfermos.
Lo que le ocurre a la sangre en los pacientes con Covid-19 ha generado múltiples interrogantes a los médicos.
Se han hallado coágulos en los vasos sanguíneos pequeños de los pulmones, pero también coágulos grandes en las mayores arterias.
Más del 25% de los pacientes tienen coágulos importantes, lo que es un problema. Y cuanto más espesa es la sangre, más grande el problema.
Estos pacientes son mucho más propensos a tener una trombosis venosa profunda, la que se produce cuando se forma un coágulo de sangre (trombo) en una o más venas profundas del cuerpo, generalmente en las piernas. Y a sufrir de embolismo pulmonar si uno de estos trombos viaja por el cuerpo y bloquea el suministro de sangre a los pulmones, sumándose al problema de la neumonía.
Los coágulos también dificultan la llegada de la sangre a otros órganos, como el corazón o el cerebro, lo cual deja a los pacientes graves en riesgo de sufrir un ataque cardíaco o cerebral.
La proteína principal de la sangre que forma los coágulos se llama fibrinógeno. Normalmente, tenemos entre dos y cuatro gramos por litro, pero con Covid-19 el nivel aumenta a entre 10 y 14 gramos. Nunca antes se vio algo así en medicina.
Otra forma de medir el riesgo de coágulos es a través de una proteína en la sangre conocida como dímero D, cuyo nivel también aumenta en forma desmedida en pacientes graves con Covid-19.
Sistema inmune y otros órganos
En algunos casos el nivel elevado de dímero D pueden deberse a la presencia de múltiples coágulos.
En otros, indica la existencia de una infección tan grave que puede dar lugar a una reacción desproporcionada y potencialmente mortal del sistema inmune, conocida como "tormenta de citoquinas" o citocinas.
La inflamación es tal que puede dañar al resto de los órganos.
Por otro lado, el número de linfocitos T -un tipo de células sanguíneas del sistema inmune- se reducen dramáticamente durante una tormenta de citoquinas.
Por eso, investigadores esperan que aumentar la cantidad de células T pueda ayudar a los pacientes a recuperarse.
Todos estos factores hacen que Covid-19 sea altamente impredecible: es lo que los especialistas llaman una enfermedad multisistémica.
Esto es lo que hace más difícil saber cómo tratar a cada paciente individual. Y, por el momento, no hay un manual que explique qué hacer.
No son solo los pulmones los que se ven afectados, También daña los riñones, el corazón, el hígado.
El cerebro de los pacientes gravemente enfermos también es causa de preocupación, por una inflamación significativa. Esta se presenta de varias formas, desde delirios y confusión, hasta convulsiones y lo que llamamos encefalitis difusa.
La falta de oxígeno y los vasos sanguíneos dañados son claramente parte de la ecuación.
Pero cada vez hay más evidencia de que muchos órganos son atacados directamente por el virus y, sorprendentemente, las enfermedades preexistentes más comunes vinculadas a los efectos de la Covid-19 no son problemas respiratorios como el asma.
La obesidad incluso puede aumentar el tiempo en que una persona puede transmitir un virus a otra, según varios estudios.
En cambio, las afecciones vasculares que afectan a las venas y las arterias, como la presión alta, la diabetes y las enfermedades coronarias, además de otros factores asociados como el género, la obesidad y sobre todo la edad, constituyen un factor de peso.
Sin embargo, esto no explica por qué tanta gente infectada es asintomática o tiene síntomas leves, mientras que otros se enferman gravemente en un lapso de tiempo breve.
Muchos médicos creen es muy posible que la genética sea uno de los factores en algunos pacientes que se enferman gravemente, pero no pueden asegurarlo.
Es posible, por ejemplo, que la variación genética que hace más susceptible a tener la presión alta o diabetes también haga más vulnerable ante virus.
Por el momento, hay tantas preguntas como respuestas.
Acertar con la combinación de fármacos es crucial, ya que al tratar de resolver un problema muchas veces se crean otros.
Los médicos están teniendo que aprender en pocos meses lo que han aprendido a lo largo de cientos de años sobre otras enfermedades, y eso ha sido un verdadero desafío.
Fuente: BBC, Londres
