Con la pandemia dicho material pasó de ser útil a ser imprescindible

El plexiglás, aliado en la lucha contra el Covid-19

El cristal acrílico, conocido por su nombre comercial original, plexiglás, ha sido adoptado por negocios y comercios de todo tipo y en todo el globo para intentar volver a funcionar sin propagar el Covid-19.

Funciona como una barrera entre personas, ya sea entre clientes y quienes les brindan productos o servicios, o entre dos o más personas que comparten un espacio común, desde una clase hasta la mesa de un restaurante.

Su transparencia permite disimular al máximo su presencia, y su origen plástico hace que tenga un uso extremadamente versátil.

El boom del plexiglás está por llegar a medida que millones de comercios, desde bancos y cafés, oficinas, restaurantes y hasta escuelas, incorporan este material en un intento por minimizar la transmisión del coronavirus.

La compañía alemana que inventó el cristal acrílico y hoy produce las dos marcas más conocidas -Plexiglas y Acrylite- informó que duplicó sus ventas desde que comenzó la pandemia.

 

Una nueva era

Y es que la llegada del covid-19 ha hecho que este material pasara de ser útil a ser imprescindible.

Sus primeros usos en la lucha contra el coronavirus fueron menos visibles: en el "frente de batalla", como parte fundamental del equipo de diagnóstico médico que utiliza el personal de salud que trata a los contagiados.

Pero pronto este material empezó a ser adoptado fuera de los hospitales como una herramienta clave en la lucha por contener la propagación del virus.

Los separadores de acrílico empezaron a aparecer en todos lados: desde cajas de supermercados hasta geriátricos y salones de belleza.

De esta forma, se busca resolver uno de los principales desafíos que presenta esta pandemia: cómo retomar nuestras actividades normales mientras esperamos que aparezca una vacuna o cura para frenar el virus (algo que, aseguran los expertos, tardará más de un año).

Encontrar una forma de volver a realizar nuestras rutinas habituales -hacer las compras, ir al gimnasio, salir a tomar algo con amigos- no solo es importante para nuestra vida social, también es fundamental para nuestra economía, golpeada a nivel mundial de forma no vista desde la Gran Depresión de los años 30.

Un reciente artículo de la revista económica Forbes que destaca "nuestra nueva vida detrás del plexiglás" plantea que si bien "por ahora estas nuevas separaciones son desconcertantes, podrían salvar nuestra economía y nuestras vidas".

Aunque el coronavirus está haciendo que este material esté viviendo un auge en el siglo XXI, lo cierto es que se trata de un producto veterano: este año cumplirá 87 años.

Se trata del polimetacrilato de metilo, que ha pasado a conocerse de forma genérica por sus siglas: PMMA.

El nuevo material, que es el más transparente de los plásticos y a diferencia de muchos es extremadamente duro, comenzó a utilizarse como sustituto del vidrio.

Tiene una resistencia al impacto muy superior a la del vidrio, la mitad del peso, gran facilidad de moldeo y la posibilidad de reparar rayones superficiales (se usa una pasta de pulir),

Por otra parte, se comprobó que el PMMA tiene una buena compatibilidad con el tejido humano, lo que llevó a que se use para producir prótesis e implantes, además de lentes de contacto.

 

El lado negativo

El explosivo crecimiento de la industria del PMMA será una mala noticia para nuestro planeta.

Al igual que otros plásticos, se degrada muy lentamente y además es muy difícil de reciclar: dentro de los siete grupos en los que se divide el reciclado de plásticos está en el último, que no suele ser aceptado por las empresas recicladoras.

Por eso, es probable que todo ese acrílico extra que se producirá para prevenir el coronavirus se sume en algún momento a las más de 9 mil millones de toneladas de basura plástica que ya contaminan nuestros océanos.

Los defensores de este material aseguran que no es tan malo, ya que también tiene beneficios ecológicos: al reemplazar a materiales mucho más pesados, permite que los vehículos -autos, aviones y barcos- reduzcan su consumo energético.

Sin embargo, el origen mismo del PMMA va a contramano del medioambiente, ya que se fabrica a partir de combustibles fósiles.

El hecho de que se requiera de petróleo crudo para fabricarlo también genera otros problemas, más allá de los ecológicos.
 

Fuente: BBC, Londres

 

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