¿Cómo se combina la vida cotidiana con los deseos sexuales?
La sexualidad en la mujer y la “carga mental”
La presión de llevar adelante un hogar más un trabajo o la cantidad de esfuerzo no físico y deliberado que debe realizarse para conseguir un resultado concreto es la carga que llevan las mujeres y muchas veces no es reconocidaEscribe Licenciada Noelia Benedetto * MP 8136
¿Las mujeres son esencialmente menos “sexuales” o tienen más “carga mental”?
Sara Brun, explica que la carga mental hace referencia a la presión que supone ser el único responsable final de todo lo que acarrea llevar un hogar. Implica tener nuestro psiquismo constantemente ocupado en que no se nos olvide nada, prever, organizar y gestionar las tareas habituales de la casa y de la familia, pero también las imprevistas.
Es la cantidad de esfuerzo no físico y deliberado que debe realizarse para conseguir un resultado concreto, y no es casual que la asumen casi siempre las mujeres. Es todo el trabajo invisible que permite que funcione con eficacia un ambiente doméstico.
Las mujeres se hacen cargo de todas las tareas del hogar, los hijos y también tienen un trabajo fuera de la casa. Algo así como ser la “project manager” del hogar pero sin sueldo ni reconocimiento. Puede aumentar el estrés, la ansiedad, la angustia y también ser la base de muchos conflictos de pareja.
Pensar que pronto ya no habrá papel higiénico y que hay que añadirlo a la lista de la compra, que hay que pedir cita al médico para la vacuna, remendar el pantalón de gimnasia, llevar y traer a los hijos a sus actividades, etcétera.
“Terminar de comer, sacar algo de la mesa, pero mientras lo hago me cruzo con una toalla sucia y la echo al cesto de la ropa sucia, que está lleno, así que pongo el lavarropas. Entonces veo que hay que colocar las verduras, y mientras me doy cuenta de que falta mostaza y lo anoto a la lista del súper. Y así sin parar, al final limpiar la mesa lleva dos horas. Si le pido a mi pareja que limpie la mesa, solo limpia la mesa. La toalla se queda en el suelo, la comida encima de la encimera y no tendremos mostaza en la heladera”.
Estas situaciones llevan inevitablemente a estar agotada al final del día. ¿Por qué? Porque las mujeres tienen que aguantar la (sobre)carga mental que supone estar pendiente de todas las tareas de su familia (planificarlas, coordinarlas, tomar decisiones).
Las tareas del hogar
Las mujeres somos seres de cuidado por excelencia y desde siempre. El modo de actuar de las personas es en gran parte heredado, de ahí que muchas de ellas asuman como propias las tareas de la casa y el cuidado de los hijos, les resulta extraño y poco común pensar en la posibilidad de compartirlo porque no lo han visto antes.
Para poder dedicarse a estas cosas, o incluso para delegarlas, lo primero hay que pensarlas; a menudo es la mujer sola la que tiene que pensar en todo, cuando su pareja se pone en actitud pasiva y encuentra lógico que se le tenga que pedir que haga las cosas. La mujer se convierte en el “mánager del hogar”. Es verdad que algunos hombres ya “ayudan en casa”, pero la mayoría se limita a ejecutar órdenes que, a menudo, deben ser verbalizadas más de una vez. Es decir que muchas reconocen que sus parejas colaboran, pero que hace falta pedírselo. Incluso cuando las tareas domésticas se dividen por igual con el padre, son ellas las que establecen la lista de cosas por hacer.
La carga mental es silenciosa e invisible, y esas cualidades la hacen doblemente pesada. La sociedad no la reconoce porque no valora ni remunera los cuidados domésticos, a pesar de ser un pilar fundamental de la economía. Porque no genera ganancias, pero sí evita egresos, si la mujer no lo hace, habría que contratar a alguien o a varias personas para que se hagan cargo de pensar y concretar todas esas tareas. Históricamente, además, la gestión del hogar ha sido entendida como algo esencialmente femenino, que ellas hacen casi por instinto. Pero la realidad es que no hay nada biológico que lleve a las mujeres a ejercer ese papel, pero interesa que sigan haciendo ese trabajo gratis.
Hay momentos clave en la vida de las personas donde la carga mental se hace evidente. La post-maternidad, o cuando los padres se hacen mayores y requieren más cuidados, o incluso vienen a vivir a casa; la mujer tiene más responsabilidades en el trabajo y “se le junta todo”. Las mujeres, después de ser madres, toman decisiones que implican una cierta renuncia laboral (reducción de la jornada laboral, excedencia o abandono del trabajo). Y en estas actitudes hay dos causas, los factores externos, sociales y legales, que favorecen que la mujer ponga en pausa su trabajo en aras de sus hijos; y las barreras internas, que ellas mismas se autoimponen. Porque, incluso antes de tener hijos, ya saben que ellas son las que van a cuidarlos y, aunque los dos ganen igual es casi siempre ella la que recorta su vida profesional.
Impacto en la vida sexual
Generalmente se les adjudica a las mujeres innatamente un menor deseo sexual en relación a los hombres. Es frecuente escuchar frases como: “nunca tiene ganas”, “siempre le duele la cabeza”, “ella es menos sexual que yo”. Detrás de estos estereotipos, y a modo invisible, se encuentra la cuestión del exceso de carga mental. La realidad, es que no es tal que haya una desigualdad potencial en relación al deseo sexual de los diferentes géneros, pero el estrés provocado por la planificación relacionada con el hogar y el enfrentamiento con la pareja en relación a la coparentalidad/corresponsabilidad son una de las principales causas de la disminución del deseo sexual y el distanciamiento vincular.
Esto debido a que el deseo sexual se encuentra afectado por muchos más factores que los netamente sexogenitales, entre ellos: la educación sexual, las experiencias previas, la edad, los niveles hormonales, el cortejo y, nuestro estado de ánimo. Teniendo en cuenta que una persona con (sobre)carga mental puede presentar síntomas tales como, ansiedad, cansancio, irritabilidad, apatía o desmotivación, es lógico que este problema puede afectar incrementando, inhibiendo o inclusive eliminado todo deseo sexual de uno de los miembros de la pareja o de ambos.
La sexualidad se alimenta de todo aquello que hacemos, decimos, fantaseamos y pensamos, no solo depende de nuestra actividad sexual con otros. En psicoterapia de parejas es frecuente trabajar la cuestión del reparto de tareas y responsabilidades de la díada para mejorar la conexión entre ambos y, por transitividad, mejorar su vida sexual. Para mejorar/potenciar la vida sexual de la pareja no basta con hacer modificaciones en este punto, hay que estar prontos a poder flexibilizar, e intervenir sobre todos los otros aspectos que influyen en la vida cotidiana.
La jornada laboral
La jornada laboral cada vez ocupa más tiempo, por lo que hay mayor pérdida de energía sea física o mental. Antes, el trabajo era para satisfacer las necesidades básicas, ahora entran conceptos como el bienestar, el ocio, etcétera. Se reduce tiempo para una misma, para cuidarse… y en definitiva el tiempo que dedicamos al placer. Y lo que aumenta son las obligaciones laborales, familiares y sociales. No es que la libido baje a partir de la adultez porque nuestro cuerpo cambie solamente, lo que sucede también es que la primera víctima del modelo de “mujer maravilla” que muchas veces nos exigimos es el deseo sexual.
El deseo sexual y la posibilidad de ejecución de la actividad sexual, sea genital o global, se dan en un estado óptimo: cuando un individuo está alimentado, descansado y sin amenazas externas. Por lo tanto, no puede haber un nivel de deseo sexual óptimo en situaciones extremas.
Para poder trabajar sobre esto hay que tener en cuenta la percepción de sexualidad que cada pareja tenga; si es puramente genital (coitoreduccionista), el nivel de estrés y las dificultades sexuales serán mayores que las de aquellas parejas que viven una sexualidad más amplia, donde el objetivo es el placer y disfrutar juntos. El concepto de actividad sexualidad ampliada implica explotar todo el abanico de posibilidades que brinda la creación de “ars amandi singulares”, plantearse un más allá de la erección, la penetración y el orgasmo. De esta forma, el estrés (laboral, o personal), influirá menos en el desarrollo de las relaciones sexuales; ya que las mismas se vivirán sin objetivos, metas, y por sobre todo sin o con menos exigencias. También es un hecho que la intimidad sexual (solos o acompañados) también ayuda como ritual de desconexión de la rutina.
Si atendemos al modelo de actividad sexual más frecuente en nuestra cultura occidental, tener una vida sexual integral, saludable, equilibrada y satisfactoria es la excepción más que la regla. Las expectativas/exigencias/mandatos de coito-lubricación-erección-orgasmo en todos los encuentros, privan a muchas personas de disfrutar de la sexualidad compartida. En muchas oportunidades confundimos “ganas de coito” con “ganas de estar íntimamente juntos”.
Estrategias para repartir el peso
A las mujeres se les ha permitido el acceso a la esfera profesional pero los hombres no han hecho lo mismo con el ámbito privado. Las mujeres tienen que gestionar ambos mundos y lo hacen con grandes esfuerzos. Mientras que los hombres siguen dedicados casi exclusivamente a su carrera profesional. Los hombres tienen que encontrar su lugar en la familia y trabajar menos para poder llegar a la verdadera igualdad. El trabajo de padre y las tareas domésticas no son una elección, son una obligación.
Que los dos miembros de la pareja tengan responsabilidades es fundamental: cada vez que no dejamos espacio para que el otro actúe le impedimos hacer y lo descalificamos, lo ahogamos y lo despojamos de su valía. La invisibilidad de la carga mental, sumada a las tareas remuneradas, al cuidado personal, a la formación, o al ocio es inasumible para una sola persona. Muchas mujeres consideran que compartir las funciones de coordinar, pensar y tomar decisiones puede ser sinónimo de “pérdida de poder”, incluso se sienten culpables por no ocupar “el lugar principal”. Pero esas sensaciones hay que combatirlas con dos realidades: la primera, que somos limitados, y la segunda, que somos dos y que el hogar es de ambos.
La carga mental no es una fatalidad femenina, y podemos repartirla entre la pareja: una pareja y una familia son dos adultos que crean un sistema. Nada se coloca espontáneamente en su lugar. Si uno espera que las cosas se organicen por sí solas, no sucede, y uno de los dos acaba por gestionar todo solo. Realmente hay que decidir repartir la carga mental entre la pareja, y que cada uno sea el organizador de su propio sector.
Hay que pasar de “de las tareas de la casa y los chicos se encarga mi mujer”, o de “yo ayudo a mi mujer” a pensar en gestionar la casa entre todos.
Algunas cifras
Según un estudio del Global Home Index, Argentina es el país en el que más tiempo se invierte en las tareas del hogar, a nivel mundial.
En Argentina 9 de cada 10 mujeres se ocupan de las labores domésticas, trabajen fuera del hogar o no. Mientras que 4 de 10 hombres no hacen tareas en la casa, aunque estén desempleados. Hoy en día, casi 7 de cada 10 mujeres trabajan fuera de la casa.
* Lic en Psicología, sexóloga clínica, terapeuta de parejas, diplomada en salud mental interdisciplinaria
