Opinión

Las adicciones y sus laberintos

martes, 17 de septiembre de 2019 · 10:40

Escribe Rodrigo Moreno (*)
MP 4199

Desde siempre ha sido un gusto participar en los distintos espacios que se fueron generando en la ciudad de Villa María en relación al multifacético campo de las adicciones.  Espacios que pude habitar, replicar y, como siempre intento, repensar. 

El pasado viernes 13 de septiembre fui convocado por la Delegación Regional A del Colegio de Psicólogos de esta ciudad para que todo esto siga ocurriendo, y yo nuevamente intente poder ayudar a pensar sobre la complejidad de la temática adictiva y todos los frentes que presenta como así también  los protagonismos que muchas veces desconocemos tener a la hora de hacer algo. Si, así es, simplemente algo, que ello no es poca cosa y que nos pone en una sintonía más ajustada a la realidad en la que necesitamos intervenir más reflexiva y operativamente.

Digo intervenir de esas maneras porque el intervenir de alguna manera es casi inevitable, lo que si podemos hacer es ver cómo vamos a intervenir, pensar los alcances y, también, con igual importancia, pensar las limitaciones.  Remarco lo de las limitaciones porque insistentemente destaco que no podemos hacer algo frente a una problemática que tanto desafía y niega los limites si nosotros (pensándonos “ajenos”) negamos nuestros límites también.

 Me gusta tomar la imagen –visual y conceptual de laberinto- creo que ilustra claramente lo que puede ocurrir (y ocurre) con quienes navegan en este universo de lo adictivo; tanto para quienes desarrollan una adicción como para los que trabajamos en la temática desde hace años. 

 Un laberinto es un lugar formado por calles y encrucijadas, el mismo es complejo de manera intencionada con el fin de confundir a quien ingrese en él.  Esto es lo que termina por pasar en quien inicia consumos que devienen en problemáticos.  En principio los mismos se presentan como “soluciones”, como “salidas”, como “destinos felices” y “paraísos” que terminan por ser artificiales.  Esas calles que simulan una conveniencia (y parecen simularla muy bien) terminan llevando a encrucijadas en las cuales se pierde de vista la salida y también la entrada.

 La metáfora del laberinto también nos pone en encrucijadas a los que trabajamos con pacientes (y no pacientes) que presentan una problemática adictiva.  A veces no queda claro si lo que podría ser una salida no termina por ser una nueva encrucijada que desdibuja, nuevamente, un destino más ligado a la vida.

 Por último (aunque podría escribir mucho más extensamente sobre el tema) quiero destacar que un foco a atender de manera fundamental es el del universo grande y complejo de las razones que llevan a alguien a iniciar y sostener un consumo problemático (de drogas o lo que fuere). ¿Por qué poner el acento ahí? Y, porque seguir poniéndolo solamente en los objetos de consumo (supongamos drogas predominantemente) nos sigue situando en el lugar donde hace años estamos.  

Y la intención es poder empezar a movernos, realmente, hacia mejores horizontes.

 

(*) Convocado por la Delegación Regional del Colegio de Psicólogos y El Diario. Licenciado en Psicología Especialista en Psicología Clínica ME 571. Magíster en Drogadependencia

 

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