La opinión de una especialista local
Sexología con perspectiva de género
Escribe María Noelia Benedetto * ESPECIAL
La sexología tradicional, asentada sobre la égida de matriz heterosexual (sistema sexo-género) ejerce presión sobre los cuerpos, sobre el deseo, sobre las identidades, sobre las emociones, sobre las relaciones, sobre los funcionamientos, sobre el desarrollo sexual en su totalidad. Entonces para empezar a delinear qué es la sexología con perspectiva de género (PDG), debemos empezar por marcar qué no lo es:
No patologiza las dificultades sexuales.
No es una ciencia basada en binarismos o dicotomías.
No apunta al coitocentrismo.
No toma como protagonistas a la erección u orgasmos.
No se basa en un esquema lineal de respuesta sexual humana binario y heteronormado (disfunciones sexuales masculinas y femeninas en relaciones de personas cis heterosexuales)
No refuerza conceptos relacionados a la frecuencia o desempeño.
No se basa en categorías finitas.
No trabaja solamente desde el diagnóstico, pronóstico, y tratamiento de disfunciones sexuales.
No interviene solo a través de ejercicios guiados y estructurados y modificaciones de conductas, siguiendo un modelo médico.
No identifica a las relaciones sexuales como completas, incompletas o no consumadas.
No es heteronormativa.
La sexología con PDG, surge como reivindicación a una realidad en la que la mujer y los sujetos pertenecientes a las minorías sexuales o colectivos LGTTTBQI+ se han visto y se ven desfavorecidos respecto al varón y visibiliza por otro lado que también la realidad es desfavorable para los hombres. Persigue la superación de los condicionantes de género que impiden a las personas vivir y relacionarse de la forma más saludable posible, disfrutar plenamente de su sexualidad.
En las consultas de sexología desde la PDG se atienden a diario motivos de consulta de varones, mujeres cis y personas pertenecientes a los colectivos LGTTTBQI+ (solos o con sus parejas) que sufren enormemente por dificultades que tienen que ver con la cultura de género. A lxs sujetos que nos consultan se les vienen exigiendo unos estándares a nivel sexual muy difíciles de cumplir. Y esto es el germen de la mayoría de dificultades sexuales, que también hacen sufrir a las personas que son sus parejas confiables o compañerxs sexuales. Lxs sujetos estarían más satisfechos con su sexualidad, con prácticas amatorias sin presiones, capaces de expresar sus emociones y de expresarse como desean, y no como “deben”. Entonces, el objetivo de la sexología con PDG sería fomentar y generar un concepto de sexualidad flexible y fluido, no acabado, atento a los cambios evolutivos, crisis vitales y normativas, un concepto de sexualidad articulado y articulable en constante cambio.
Objetivos de estudio
Uno de los principales objetivos de estudio de la sexología con PDG es el sexo (no biológico). Entendiendo que el mismo no es natural, es un producto cultural, abarca cuerpo, sentimientos, emociones y pensamientos y todo se interrelaciona. Hay que deconstruir el concepto de que los genitales son la zona del cuerpo donde se sitúa lo sexual, lo erótico y lo placentero por excelencia. ¿Qué define lo que es erótico y lo que no? ¿Lo que es capaz de ser erotizable y lo que no? ¿Cómo se define una zona erógena de una que no?¿Quién la recorta?¿Cuáles son las respuestas eróticamente valiosas y cuáles no?¿Qué cuerpo me erotiza? ¿Por qué me erotiza este cuerpo y no otros? Las zonas erógenas deben redefinirse desde la singularidad de los sujetos, cada parte del cuerpo puede ser una potencial zona erógena. Extender y ampliar el concepto de zona erógena e incluir los cinco sentidos, ponderando la experiencia sensorial integral incluyendo a las emociones.
Desde la sexología con PDG no se concibe el “sexo” (en relación a la actividad sexual) como binario porque se ha demostrado que la propuesta hombre/mujer (macho-hembra) es muy limitada. Una ciencia excluyente y discriminatoria es patológica y patologizante. La sexualidad no se reduce a la dicotomía masculina y femenina, esto es una construcción cultural y así expresada es reduccionista y discriminatoria. Existen infinitas sexualidades y para contemplar toda esa diversidad es necesario que partamos de la especificidad individual.
Sentidos y emociones
La sexualidad entonces, desde la PDG es una forma de expresar los afectos haciendo uso de los cinco sentidos y las emociones. No es cuantificable: no debe tener como protagonistas o condiciones sine qua non, la presencia de orgasmos, penetraciones, no tendría que ser coitocentrista y fálica y no se debe apuntar a cuantificar el desempeño, eficacia. Se trata de trabajar para contribuir al “desmonte” de este esquema.
Se tiende a dicotomizar entre lo sexual-placentero VS lo sexual-reproductivo, cuando en realidad lo reproductivo también puede ser placentero.
En cuanto al cuerpo, en la sexología tradicional se hace referencia a los genitales propiamente dichos, lo cual hace patentes las fronteras culturales en nuestro cuerpo y una barrera alrededor de cada zona imposible de superar, pero el cuerpo es uno y todo entero siente, y está implicado en nuestras vidas, las manos, la boca, los dedos, la espalda, los pies, el cuello, los ojos, el olfato. Hay que considerar a todo el cuerpo como globalmente sensitivo y conectado y asumir la conexión entre mente y cuerpo. A cada zona del cuerpo generalmente se le adhiere un contenido ideológico que nos impide vivirlo con libertad.
La sexología tradicional utiliza como unidad de medida el orgasmo (fase de la respuesta sexual humana), desde la PDG, debemos apuntar a que la medida sean los placeres.
La sexualidad no como una carrera al orgasmo (lineal), sino contemplando la relación sexual como un proceso (espiral y dialéctico), como fuente de placer. Relaciones sexuales vividas y transitadas desde el respeto y el buen trato, ayudar como profesionales a sostener y potenciar relaciones bientratantes, respetuosas, horizontales y democráticas (responsabilidad sexo-afectiva). En este sentido, el punto a trabajar con lxs sujetos es la construcción y deconstrucción constante de la sexualidad para que puedan abandonarse a sus deseos, contemplar el consentimiento del otro, comunicarme profundamente al respecto para estar al tanto de lo que le sienta bien y lo que no; no quedar esclavos del mandato de generar situaciones de tensión sexual; no estar pendientes del cuerpo desde un criterio estético, cuestionarse el hecho de querer agradar constantemente y querer gustar desde ese lugar; responsabilizarse por los placeres propios; erotizarse con diversas partes, redefinir y reinventar las zonas erógenas, no pensarlas como un concepto acabado, recortado; darnos y dar placeres sin el objetivo del orgasmo o el coito como fin último; escapar a los guiones preestablecidos, permitir y habilitarse la creatividad desde la fantasía para generar los propios y romper los ajenos; explotar en las relaciones tanto la corriente tierna como la sensual; desglosar y ser permeable al bombardeo de todas las experiencias sensoriales que impactan en nuestros sentidos; dar lugar a las demostraciones de afectos, cuidarse, respetarse, compartir los placeres consentidos.
Deconstruir el amor romántico
Como terapeutas con PDG también debemos ayudar a lxs usuarios a deconstruir el concepto de amor romántico ya que lxs sujetos somos seres esencialmente sociales, existimos en relación, no solamente en la relación de pareja.
Las relaciones de pareja deben caracterizarse por la ausencia de jerarquía, es una relación entre iguales. Es un objetivo importante también rescatar la expresión de los afectos disociados de los géneros. Debemos transmitir como sexólogxs con PDG que las relaciones positivas son las que nos hacen sentir bien y nos ayudan a vivir y a crecer como personas. Elaborar y acompañar posibilidades de cortejo y no de conquista.
Con todo lo anterior, me dispongo a mencionar los motivos por los cuales es necesaria una sexología con PDG:
• Permite la realización de una lectura crítica y revisión del modelo clásico de intervención; desaprender para aprender, deconstruir constantemente.
• Permite una adaptación de la teoría a los diferentes colectivos a partir de las necesidades que estos exponen (no que nosotrxs como sexólogxs damos por sentado).
• Aporta modelos positivos que desculpabilizan a las personas en relación a sus trayectorias vitales.
• Hacen visibles los mecanismos de control y jerarquización social.
• Potencian una vivencia de la sexualidad individual de una manera respetuosa con unx mismx y con el resto de las experiencias, deconstruyendo el discurso hegemónico cargado de discriminación, mandatos y estereotipos.
• Rompe con las violencias ejercidas por parte del sistema familiar, social y profesional, mediante psicosocioeducación y asesoramiento.
• Visibiliza los mitos del amor romántico y aporta modelos positivos de relación.
• Desmedicaliza los cuerpos y los convierte en sujetos agentes de su propia experiencia, permitiendo el autoconocimiento, la aceptación y el autocuidado.
* Lic. en Psicología MP 8136
Sexología clínica con perspectiva de género
Terapeuta de parejas
Diplomado en salud mental interdisciplinaria
