Vida sana

Estas actividades cotidianas también son ejercicio físico y te ayudan a quemar calorías

Encontrar un hueco para ir al gimnasio o salir a practicar algún deporte es recomendable, pero no siempre resulta fácil para todo el mundo, aunque es posible convertir las labores cotidianas en una rutina física

Partamos de una premisa: por el simple hecho de dormir, nuestro organismo ya consume energía. Esto está directamente relacionado con el gasto energético en reposo o gasto energético basal, es decir, la energía que gasta el organismo en mantener las funciones vitales básicas. Por lo que de ahí en adelante, cualquier esfuerzo que realicemos, por nimio que pueda parecernos, incrementará notablemente el gasto calórico, sinónimo de actividad o ejercicio físico.

Y es que si nuestro objetivo es mantenernos activos, pero nos resulta complicado acudir al gimnasio o salir a practicar algún deporte, es posible convertir las labores cotidianas en una rutina física. Y no es una ocurrencia, es una tendencia de entrenamiento a la que se denomina HIIPA (high-intensity incidental physical activity) recomendada para aquellos a los que les cuesta adherirse a una práctica física al uso. Y es que, como defiende un editorial publicado en el British Journal of Sports Medicine, este mismo año, la actividad física ocasional de alta intensidad es tan válida como cualquier otro método para mantenerse en forma.

El HIIPA basa su filosofía en el entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT) y todo suma. Desde subir escaleras, desplazarse en bicicleta o andando al trabajo, subir pendientes, jugar con los niños (a su ritmo), cargar con la compra, hasta las labores de limpieza en el hogar. Todo cuenta para mantenerse activo, controlar el peso y mejorar la salud. Basta con que esas actividades se realicen al menos de 3 a 5 veces al día con un mínimo de 10 minutos por cada “sesión” para que los beneficios para el organismo sean aparentes.


Impacto de algunas labores cotidianas

Y si te preguntas cuántas calorías puedes llegar a quemar con determinadas actividades cotidianas, la Escuela de Medicina de Harvard comparte un listado con el gasto de promedio en 30 minutos en función del tipo de actividad que se realice y dependiendo del peso corporal de cada individuo. Obviamente, los datos que comparte Harvard son aproximados, ya que a la hora de completar cualquier actividad influyen muchos factores, pero sirve como guía para saber la exigencia de determinadas labores. Ni siquiera están todas las que podrían componer la lista, pero sí algunas que son una referencia clara y que todo el mundo hace.

 

Decálogo cardiosaludable

Las recomendaciones que comparte la Fundación Española del Corazón (FEC) están dirigidas tanto a aquellos que quieren disminuir el riesgo cardiovascular como a quienes ya han sufrido algún episodio y quieren mejorar su calidad de vida.

Practica una alimentación cardiosaludable: equilibrada y variada. Las frutas, verduras, hortalizas, pescado, aceite de oliva, carnes magras, cereales y lácteos desnatados no deben faltar en tu cocina. Recuerda: sal, azúcares y alcohol solo en pocas cantidades.

Dedica 30 minutos diarios a ejercitar tu cuerpo. Elige el ejercicio que más se adapte a tu condición física o gustos.

No fumes. El tabaco multiplica el riesgo de sufrir ataques cardíacos o cerebrales. Busca ayuda si no puedes dejarlo solo. Tu médico evaluará tu estado y te aconsejará sobre cómo conseguirlo.

Controla tu peso. Mide tu Indice de Masa Corporal (IMC). Es fácil: divide tu peso en kilos entre tu altura en metros elevada al cuadrado. Si el resultado es mayor de 25 kg/m² se considera sobrepeso. Por encima de 30 kg/m² es obesidad.

Vigila la grasa acumulada en el abdomen, ya que es peligrosa para el corazón. Mide tu perímetro abdominal a nivel del ombligo. En la mujer debe estar por debajo de 88 cm y en los hombres por debajo de 102 cm.

Comprueba tu tensión arterial. Si eres una persona sana verifica anualmente que tu tensión sigue por debajo de 140/90 mmHg. Si eres hipertenso también debes mantenerte por debajo de estas cifras. Si ya has sufrido un problema cardiovascular, cerebrovascular, renal o eres diabético, tu tensión tiene que estar por debajo de 130/80 mmHg. En estos últimos casos los controles y medidas preventivas han de ser continuos.

Revisa tus niveles de colesterol y glucosa. La mejor manera de mantenerlos a raya es seguir una dieta sana y hacer ejercicio. Si tras un análisis en ayunas tus cifras están por encima de 190 mg/dl de colesterol total y 110 mg/dl de glucosa, debes consultar con un especialista.

Conoce tu riesgo cardiovascular y cuál debe ser tu estilo de vida. Acude al médico con un examen físico y tus antecedentes personales y familiares. Consúltale todo lo que quieras: qué dieta seguir, qué ejercicios hacer, qué factores pueden perjudicar tu salud. Actuar a tiempo es la clave para reducir los peligros.

Comparte tus dudas y problemas. Intercambiar experiencias te permite aprender y dar ejemplo para que otras personas se interesen por cuidar su corazón. Recuerda también que tu familia puede ser un gran estímulo y apoyo para superar cualquier dificultad en el cumplimiento de los objetivos de salud.

Aprende a controlar tu estrés y ansiedad. El aumento de tensión emocional es peligroso para el corazón. El estrés en casa y en el trabajo hace más difícil seguir un estilo de vida cardiosaludable.

Fuente: as.com

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