Paciente de Parkinson recuperó la movilidad
Una operación que le cambió la vida
El villamariense Sebastián Trecco volvió hace diez días a jugar al tenis, a menos de un mes de haber sido intervenido en su cráneo para atenuar los efectos de la enfermedad de Parkinson que se le descubrió hace tres años.
Precisamente, el primer síntoma que percibió fue en medio de un partido de tenis. Su cuadro se fue profundizando, hasta que entre el 6 y el 7 de abril pasado fue intervenido por el equipo que dirige Enrique Herrera, en el Sanatorio Allende, de Córdoba, y que componen otras trece personas.
Entre ambos días, Trecco permaneció quince horas en el quirófano, donde para colocarle dos chips, se le levantó parte de la caja craneana. Mediante cables que le insertaron bajo la piel, los chips se conectaron con un neuroestimulador cerebral incorporado a su pecho.
A sus 44 años, es el segundo habitante de nuestra ciudad al que se le practica la delicada cirugía, que a los pocos días le permitió retornar a su quehacer como corredor inmobiliario, y a practicar el deporte de su preferencia. La primera fue una mujer de 66 años, operada también por Herrera, en 2017.
El complejo y costoso trabajo médico fue cubierto en su totalidad por el Servicio Opcional de Salud (SOS), la entidad que depende de la Asociación Mutual Médica de Villa María.
El paciente padece un síndrome neurodegenerativo tipo parkinsoniano, y le fue indicada la operación en diciembre del año pasado. A solo cuatro meses, la práctica estaba autorizada.
Al respecto, el tesorero del SOS, Jorge Ranco, dijo a nuestro cronista que “nuestra institución tiene 50 años de trayectoria, y una de sus características es brindar soluciones a los afiliados de la manera más rápida posible”.
También aclaró que “no todos los pacientes de Parkinson están en condiciones de recibir el tratamiento de Sebastián”.
Por su parte, Trecco dijo que “con el neuroestimulador, me cambió la vida” y como ejemplo recordó que “antes, para poder darme vuelta en la cama tardaba quince minutos, tenía problemas para bañarme y hasta para atarme las zapatillas”.
“Tomaba medicamentos cada dos horas y media, pero el cuerpo no dejaba de endurecerse”, añadió.
De todos modos, el ingenio electromédico no cura la enfermedad, sino que detiene su progreso. Su efectividad se estima que perdura unos nueve años, durante los cuales el paciente debe hacer controles trimestrales.
Según se indicó, la evolución de la enfermedad de Parkinson se acelera con el estrés emocional.
