Viandas nutritivas para llevar a la escuela
martes, 16 de abril de 2019 · 00:00
Debe contener los seis grupos alimentarios
La doble escolaridad o la jornada extendida obligan, cuando en la escuela no hay comedor o bufé o cuando la economía familiar no permite esos lujos, a la cada vez más extendida vianda. Y aunque la falta de tiempo o la comodidad tienden a llenar los estómagos de nuestros chicos con hidratos de carbono, frituras y dulces procesados, no hay dudas de que una vianda saludable en la escuela es parte de la educación que ellos necesitan recibir, en casa o en la escuela. Además de aportar variedad en el menú, algo que no viene nada mal para el paladar, contribuye a crear hábitos nutricionales que serán de gran utilidad a lo largo de toda su vida.
No se trata de entrar en las rigideces o dogmas de algunas de las corrientes alimentarias en boga, difíciles de implementar en la “vida real” de los niños y a menudo cuestionadas desde la ciencia por insuficientes en materia nutricional, sino de que la alimentación responda a dos propósitos básicos: que la comida se parezca a la que consumen en casa, para que haya una continuidad y una coherencia y de este modo ayudar a crear hábitos en materia de salud y variedad de alimentos, y que constituya un mix nutricional que no genere déficit y a la vez provoque saciedad y placer.
Por estos motivos, la vianda debe tratar de contener los seis grupos alimentarios –lácteos, carnes, hortalizas y verduras, frutas, cereales y grasas– y debe hacerlo de un modo orgánico, armónico y funcional. Además, deben limitarse al mínimo los alimentos procesados y los niveles de azúcar refinada, por ejemplo, a la hora de elegir la bebida: idealmente, agua o jugos naturales (aunque el tiempo que va de su preparación a su consumo hace que se pierdan nutrientes a la vez que aumentan la oxidación y fermentación).
En términos generales, una vianda equilibrada tendría que incluir:
- Una porción de verduras (variadas, crudas o cocidas).
- Una porción de frutas.
- Una porción de alimentos que contengan almidón, como pasta o arroz, preferentemente integrales.
- Una porción de productos lácteos, como leche o queso, o bien carne vacuna o de ave magras, pescado, huevo o legumbres.
- Tartas. Pueden ser de una o más verduras, como espinaca, acelga, zapallitos, calabaza, choclo, brócoli, etcétera, o bien de jamón y queso, caprese, ricota, etcétera. Cuando sea posible, con masa integral.
- Empanadas. Además de los sabores más tradicionales (carne, pollo, jamón y queso, choclo), se pueden hacer de atún, cebolla y queso, espinaca o acelga, caprese, etcétera. Cuando sea posible, con masa integral.
- Sándwiches. Lo ideal es evitar los fiambres, especialmente los embutidos, y recurrir a otro tipo de carnes como pastrón, pollo, pescado, atún, vegetales crudos o cocidos, etcétera y con panes no industrializados, preferentemente integrales y/o con semillas.
- Tortillas. Pueden hacerse de papa, espinaca o acelga, zapallitos, brócoli, etcétera. También pueden prepararse en forma de bocadillos, croquetas o buñuelos, de ser posible al horno.
- Milanesas. De carne vacuna o de cerdo, pollo, pescado, berenjenas, calabaza, preferentemente cocidas al horno.
- Arroz, pasta, cereales. Combinados con vegetales, legumbres, huevos, pueden consumirse calientes o fríos como ensalada.
- Guarniciones. Para acompañar carnes e incluso tartas, empanadas, sándwiches o tortillas, lo ideal es una ensalada de vegetales frescos.
- Postres. Lo mejor son las frutas –solas, en ensalada, con gelatina o yogur, compota, manzana asada– o queso y dulce.
- Snacks. Frutos secos, semillas, barras de cereal en lo posible artesanales.
- Bebidas. Agua, jugos naturales, té frío.