159 años de Villa María - Voces de nuestra historia

Memorias de vapor y lucha: los ferroviarios que forjaron la identidad de la región

Trabajadores jubilados nucleados en el Centro “Fraternales” repasan sus años en el ferrocarril. Desde las épicas calderas a leña y las huelgas históricas hasta una mirada crítica sobre el modelo privatizador actual y el anhelo de que el tren vuelva a ser el motor de desarrollo del país

Villa María no se explica sin el paso de las vías. Nuestra ciudad, nacida a la vera del trazado de los trenes, lleva en su ADN el ritmo de las locomotoras y el trabajo de generaciones que dejaron su vida en las estaciones.

Para homenajear a quienes pusieron su sudor en el desarrollo del ferrocarril, fuimos al Centro de Jubilados “Fraternales” para entrevistar a Oscar Britos, quien pasó muchos años abocado al cambio de vías (y de ahí le quedó un apodo); a Juan Quiñónez, que por duro que fuera el trabajo prefería hacerlo en esta ciudad y no en Buenos Aires, donde se enfrentaban cara a cara con la muerte; a Miguel Ángel Soave, quien rememora el prestigio social que tenía en Villa María ser ferroviario; y a Miguel Rolando, hijo de ferroviario que guarda anécdotas del riel desde su infancia.

Eran familias que vivían profundamente arraigadas a esta actividad. Muchos formaban parte de segundas y terceras generaciones de ferroviarios, donde abuelos, padres y tíos heredaban el oficio. Trabajos como revisores de vehículos, maquinistas, foquistas (ayudantes), cambistas y calzadores conformaban una gran comunidad laboral.

Un recuerdo imborrable, ya fuera como trabajadores o como hijos de ferroviarios, era el día 8 de cada mes, fecha de cobro, cuando se movilizaba el comercio local.

Los recuerdos de estos hombres viajan rápidamente a la era de las máquinas a vapor. Eran imponentes calderas a leña donde la presión y el calor producían el movimiento que conectaba al país. En esas cabinas, figuras como el “foguista” –oficio que supo ejercer el padre de Miguel Rolando– eran fundamentales.

El paso del tiempo y los contextos internacionales modificaron el paisaje: tras la Segunda Guerra Mundial, hubo una transición hacia los motores de combustión interna. Para adaptarse a esta nueva tecnología, los trabajadores debieron tomar cursos de capacitación en las sedes de La Fraternidad. El gremio siempre estuvo presente.

Por eso, uno de los recuerdos más arraigados es el de la solidaridad que trascendía las crisis. Un claro ejemplo fue la histórica huelga de más de 40 días, impulsada ante el plan de ajuste implementado por Arturo Frondizzi en 1961.

-¿Cómo resistieron?, les preguntamos.

-Gracias a Baudino, que nos fio hasta que pudiéramos cobrar, contestaron.

Esas historias comenzaron a apagarse con las privatizaciones y los cambios políticos de los años 90, que dejaron a cientos de trabajadores sin empleo. Entre ellos, nuestros entrevistados: Miguel Ángel se dedicó a trabajar en seguridad, Oscar Britos en la construcción y Juan Quiñónez en su carpintería, hasta que lograron jubilarse.

Hoy, la realidad representa una imagen diferente a la de aquellos años. Los ferroviarios advierten que el sistema actual, en manos privadas, responde a una política de trabajo totalmente distinta. El foco, denuncian, está puesto en la rentabilidad y no en el servicio logístico que hizo crecer la producción en todo el territorio nacional, más allá del Puerto. “En ningún lugar del mundo el tren da ganancias”, plantearon.

 

Recuerdos

Cuando les consultamos sobre anécdotas y recuerdos, las historias se entrecruzan: algunas risueñas, asociadas a la infancia, y otras peligrosas, marcadas por los accidentes en el ámbito laboral.

Entre las primeras, una de las postales más entrañables de la niñez de Rolando era la del famoso “llamador”, un pequeño fierro o martillito -así lo definen- que se utilizaba para hacer un ruido que alertaba a los trabajadores de la inminente llegada del tren. El personal encargado debía presentarse una hora antes, dado que, por entonces, las formaciones no tenían horarios fijos.

También recuerdan la logística previa para hacer largos trayectos. Los trabajadores preparaban sus propias comidas, llevando desde tortillas y huevos hasta azúcar en tarritos que conservaban durante años. “¿Vos tenías esa valijita de metal con una imagen pegada?”, se preguntan entre risas, rememorando el elemento en el que llevaban el alimento indispensable para cuando demoraban dos o tres días antes de volver a casa.

En cuanto al peligro latente, no pasan por alto las secciones que representaban un riesgo extremo. “Trabajábamos con cortafierros y pesadas masas de acero”, recordaban. Uno de sus compañeros perdió un ojo cuando se desprendió un fragmento de metal y a Britos, se le incrustó en una pierna.

Por otra parte, los temporales y la poca iluminación jugaban malas pasadas en los talleres y playas de maniobras, generando situaciones de riesgo e incluso, fatales.

Pero lo peor, lo relata Quiñónez sobre su experiencia como trabajador en Buenos Aires, donde muchas personas elegían terminar su vida arrojándose a las vías al paso del tren. “Es imposible frenar y te queda la última mirada grabada en la mente”*, recordaron.

Por contraste, valoraron haber hecho su recorrido laboral en el interior, donde honraron el nombre del gremio y del Centro de Jubilados mediante la práctica de la fraternidad y el orgullo de ser trabajadores del riel.

 

Fraternales y sus servicios

La presidenta del Centro de Jubilados Fraternales, Gladys Rinaudi, cuenta que el espacio es para jubilados en general y no solo para ferroviarios. “Yo misma no soy ferroviaria, pero tenía un almacén cerca de la casa de Rissieri Bettiol -un histórico del sector- y cuando me jubilé me propuso venir y aquí sigo”, dijo.

Ofrecen servicios variados, tales como los talleres que ofrece el PAMI, sin costo y los particulares que deben abonar lo que dispone el docente.

“Además, tenemos pedicuría sin cargo y enfermería”, dijo, al explicar los beneficios que ofrecen a los jubilados que se asocian.

En talleres, menciona folclore, arte y memoria, que son los de PAMI.

Además, cuentan con clases particulares de computación, teatro, gimnasia para adultos mayores, pilates y canto.

“Tenemos venta de viajes de turismo, pero está muy flojo en estos últimos meses”, cerró.