159 años de Villa María - Miradas hacia el ferrocarril
La segunda vida de los durmientes
El quebracho sostiene en su larga resistencia el paso de la historia. Y vuelve a ser parte de la misma, a pesar del paso del tiempoEscribe: BETO ARCE
Hay maderas que parecen hechas para resistir el paso del tiempo. El quebracho es una de ellas. De una de esas maderas nacieron muchos de los durmientes que durante décadas sostuvieron las vías del ferrocarril y acompañaron, silenciosamente, la historia de Villa María y su identidad.
Pesados, duros, marcados por el clima y por los años, los durmientes forman parte de ese paisaje ferroviario que muchas veces miramos sin detenernos demasiado. Están debajo de los rieles, sosteniéndolos, soportando el paso de las formaciones y siendo testigos de miles de viajes.
Con el tiempo, algunos se quiebran, se aflojan y deben ser remplazados. Y allí comienza otra historia.
Cuando se realiza el recambio, esos grandes pedazos de quebracho pueden quedar durante un tiempo al costado de las vías. Son pesados, difíciles de mover y, muchas veces, terminan siendo retirados por vecinos que encuentran en ellos una madera resistente para darle otro uso.
En pleno invierno, cuando el frío aprieta y las noches se hacen largas, algunos de esos durmientes encuentran su primer destino lejos de las vías: el fuego. La madera que durante tantos años soportó el paso del tren puede terminar alimentando una estufa, una salamandra o una fogata, ayudando a matar el frío de una noche de invierno. Pero no siempre termina en las llamas.
Así, un durmiente que durante años estuvo unido al ferrocarril puede terminar convertido en banco, en soporte, en parte de un viejo vagón, en un improvisado asiento frente a una casa o en ese lugar sencillo donde alguien se sienta a tomar mate y dejar correr la tarde.
Es curioso pensar que esa madera alguna vez fue un árbol. Que quizás entre sus ramas encontró refugio algún pájaro, que dio sombra en algún monte y que, mucho tiempo después, terminó debajo de una vía acompañando la llegada y la partida de trenes.
Hoy, cuando se habla del ferrocarril y de la historia de Villa María, también vale la pena mirar hacia abajo. Allí, entre los rieles y las piedras, están los durmientes: piezas simples, pesadas y silenciosas que sostuvieron mucho más que vías.
Sostuvieron una parte de la historia. Y cuando finalmente dejan de hacerlo, muchas veces comienzan una segunda vida lejos del tren, pero todavía cerca de la gente.
