159 años de Villa María - La abanderada de los humildes y su paso por la ciudad a través de las vías

Evita, el tren y Villa María

El 27 de octubre de 1946, Eva Duarte de Perón llegó en tren y una multitud salió a recibirla. La visita quedó registrada por la prensa local. Otro episodio, transmitido durante décadas por vecinos y familias, habla de un posterior paso de Perón y Evita por las vías de la ciudad

Una noche de antorchas

Eran las 22.25 del domingo 27 de octubre de 1946 cuando el tren arribó lentamente a Villa María. La ciudad llevaba meses esperando la visita de Eva Duarte de Perón y aquella noche finalmente se produjo.

Fotografía (año 1946) perteneciente a la visita de Eva Perón en su paso en tren por Villa María

La escena fue descrita días después por Tercero Abajo, el periódico dirigido por el dirigente local Salomón Deiver, referente del radicalismo, pero que supo tener mucha sintonía con el peronismo. Según la crónica, unas 18.000 personas se concentraron para recibirla y unas 300 antorchas iluminaron la noche. La Policía intentó contener a la multitud con cargas de caballería, pero los vecinos querían acercarse al tren para verla.

 

“Querían ver de cerca a la señora del presidente”, escribió aquel diario.

Cuando la formación se detuvo, Evita descendió. Llegaba desde Córdoba, donde había participado de la inauguración de un policlínico para ferroviarios y había recorrido escuelas repartiendo ropa entre niños humildes. Tercero Abajo destacó que, pese al cansancio del viaje, bajó del tren con una agilidad que el cronista comparó con la de una colegiala.

No era una visita menor. El peronismo llevaba pocos meses en el poder y en Villa María atravesaba, como en otros lugares, fuertes disputas internas. La elección presidencial de febrero había dado el triunfo a Perón-Quijano también en la ciudad, aunque por una diferencia estrecha de 148 votos sobre la fórmula Tamborini-Mosca. En ese escenario político se produjo la llegada de Evita.

 

Deiver y el encuentro en el tren

Uno de los protagonistas de ese día fue Salomón Deiver, dirigente de peso en la política local y director de Tercero Abajo. Según reconstruyó el historiador Jesús Chirino a partir de la prensa de la época, Deiver y su esposa, María Julia Neyra, fueron invitados a compartir un momento con Evita dentro del propio tren.

El episodio adquiere particular interés porque Deiver no era simplemente un espectador de la visita. Su figura estaba vinculada a las disputas y reacomodamientos que atravesaban al movimiento político que acababa de llegar al Gobierno nacional.

De hecho, pocos días después, la propia prensa local reflejaría las tensiones entre las distintas corrientes que buscaban ocupar espacios dentro del nuevo oficialismo. La visita de Evita, sin embargo, desbordó esas internas. La multitud que llegó hasta las vías convirtió la jornada en un acontecimiento popular.

 

La mujer que quedó mirando el tren

Setenta y tantos años después, aquella escena todavía sobrevive en la memoria de algunas familias.

Dominga Ángela Contrera, madre de Luis Reynoso –presidente del Centro Vecinal San Nicolás–, conservó durante toda su vida el recuerdo de haber visto pasar a Perón y Evita en un tren y de haberse acercado a la formación para saludarlos. Y su hijo recuerda ese relato como una escena de la primera juventud de su madre. Dominga incluso contaba que había podido acercarse al tren y ver a Evita.

Ese recuerdo familiar no permite, por sí solo, establecer una fecha ni confirmar documentalmente un segundo paso de la pareja presidencial por Villa María. Pero no es un relato aislado. Otras voces de la región también han transmitido durante décadas la historia de aquella formación que habría atravesado la ciudad llevando a Perón y Evita, cuando fueron a inaugurar un acueducto a la ciudad de San Francisco. De hecho, dicen que fue un 24 de febrero de 1948, mientras los vecinos se acercaban a las vías para saludarlos a su paso, como una escena bien de película.

Otras fuentes hablan que la histórica pareja pasó en el tren presidencial en un viaje con rumbo a Bolivia, un 21 de octubre, pero sin saber exactamente en qué año.

Sin embargo, hasta ahora no aparece un registro histórico fehaciente que permita afirmar esos episodios –aunque muchos lo afirman– con la misma certeza que la llegada de Evita del 27 de octubre de 1946. Y es ahí que aparece una diferencia interesante entre la historia escrita y la memoria.

La primera conserva aquella noche de octubre: la hora exacta, las antorchas, la multitud, el tren, Evita descendiendo y el encuentro con dirigentes locales.

La segunda guarda otras imágenes: una mujer acercándose a un vagón, un saludo desde una ventanilla, vecinos reunidos junto a las vías y la sensación de que por allí pasó algo extraordinario.

 

Mirando pasar a la historia

No resulta extraño que esas escenas hayan quedado asociadas al ferrocarril. Villa María nació y creció alrededor de las vías. Por ellas llegaron inmigrantes, trabajadores, comerciantes, noticias y también las principales figuras políticas que recorrían el país.

En octubre de 1946, una de ellas llegó efectivamente a la ciudad. Evita bajó del tren ante una multitud que Tercero Abajo calculó en 18.000 personas. Saludó, estuvo con dirigentes y continuó su viaje. Y ese episodio pertenece a la historia documentada de Villa María. De hecho, es a pocos metros de la vida del tren, junto al desnivel, donde está el busto de la  “abanderada de los pobres”.

El otro, el del tren que, según distintos recuerdos, volvió a llevar a Perón y Evita frente a los vecinos, pertenece por ahora a otro territorio: el de la memoria oral. Quizás algún documento futuro permita ponerle fecha y confirmar aquella escena. Mientras tanto, permanece el recuerdo de Dominga Ángela Contrera y de otras personas que, como ella, aseguraron haber visto a Evita pasar por las vías. Porque algunas veces la historia de una ciudad no queda solamente escrita en los diarios. También queda mirando desde una ventanilla.