159 años de Villa María - Hijos del riel y del saber
El origen ferroviario de la Biblioteca Rivadavia
Dos trabajadores ferroviarios impulsaron la creación de la primera entidad cultural local. Años más tarde, llegó a la presidencia de esa institución un abogado y pedagogo que transformó la realidad social y pedagógica de toda la región: Antonio SobralDesde la misma fundación de Villa María y durante varias décadas, los jefes de estación y los obreros del ferrocarril fueron dejando en este lugar huellas profundas que, en muchos casos, se mantienen hasta la actualidad. Los trabajadores del riel, al mismo tiempo que realizaban las tareas operativas, formaban parte y colaboraban con la creciente población, canalizando sus hondas inquietudes culturales, sindicales y sociales.
A comienzos del siglo XX, Villa María era un nodo ferroviario estratégico en pleno auge. A dos días de cumplir 37 años de existencia, el poblado fue testigo de una iniciativa trascendental: la creación de su primera biblioteca.
El 25 de septiembre de 1904, un grupo de trabajadores ferroviarios fue el gestor de la creación de la primera entidad cultural local, bajo la agrupación “Sociedad Amigos del Progreso”. Entre esos promotores se encontraban los obreros Ceferino Adrián y Narciso Peña, vecinos de la villa que, animados por ideas de progreso y de cultura, propusieron fundar una biblioteca popular.
De aquella reunión participaron quince personas, quienes designaron al maestro Martín Lobo Herrera como presidente de la “Sociedad Amigos del Progreso”, destinada a crear una Biblioteca Popular que, semanas después, llevaría el nombre de “José Vicente Olmos” en homenaje al gobernador de la provincia. Lobo Herrera era por entonces director de la Escuela Fiscal de Varones.
Los mismos trabajadores del riel y vecinos aportaron los primeros ejemplares de sus colecciones personales, organizaron colectas y donaron parte de su tiempo libre para catalogar libros, limpiar el lugar y atender a los visitantes. Su objetivo era brindar herramientas de educación y progreso a la clase trabajadora y a sus familias.
La biblioteca abrió a la comunidad el 9 de octubre de 1904 (coincidiendo con el bautismo de la misma en honor al gobernador Olmos). El 2 de diciembre de aquel año, la novel entidad comenzó a dar sus primeros pasos en la calle Estados Unidos 71, donde más tarde se construyó la Casa Parroquial. El espacio fue adaptado rápidamente con estanterías precarias de madera y mesas compartidas, pero a medida que aumentó la cantidad de libros fue necesario buscar nuevos locales.
En sus primeras décadas, la institución ocupó distintos locales céntricos y alquilados; aunque de manera itinerante, también funcionó en dependencias vinculadas al propio entorno del ferrocarril. Posteriormente se trasladó provisoriamente a un inmueble de la avenida Paraguay (hoy denominada Mitre), propiedad de Juan Porro, y seguidamente, desde el 7 de setiembre de 1908, mudó sus actividades a un cómodo salón de la misma avenida, en su esquina con la calle Entre Ríos, donde funcionaba, en otras dependencias, el Instituto “Sarmiento” (la primera escuela secundaria que tuvo la incipiente población).
A Lobo Herrera le sucedieron en la titularidad de la institución el doctor Vicente Martínez Ferrer y el maestro Alfredo Vitulo (director del Instituto Sarmiento), quien el 28 de abril de 1908 propuso el cambio de nombre de la biblioteca que, por su iniciativa, pasó a denominarse “Bernardino Rivadavia”, con el que funciona hasta nuestros días.
Con el paso de los años, la biblioteca se reorganizó de manera civil, se independizó de la tutela estrictamente ferroviaria y se abrió de lleno a la comunidad. A lo largo del tiempo, se convirtió en un espacio de encuentro para escritores, intelectuales y amantes de la lectura, entre los que se destaca el doctor Antonio Sobral, quien llegaría a la presidencia de la institución en 1926, marcando para siempre el devenir institucional.
Sobral, nacido el 20 de diciembre de 1897 en Villa María y fallecido en la misma ciudad el 26 de febrero de 1971, fue un abogado, político y, fundamentalmente, el pedagogo y educador más importante que ha tenido la ciudad, que transformó la realidad social y cultural de toda la región a través de un proyecto pedagógico de vanguardia.
Bajo su gestión, la biblioteca fue un motor pedagógico transformador. En 1927, Sobral fundó la Universidad Popular bajo el ala de la institución. El motivo primordial de esta creación respondía a dos grandes necesidades de la época: la falta de opciones en educación media (en la década del 20 no había alternativas suficientes para continuar los estudios después de la escuela primaria) y la necesidad de un espacio de formación técnica o vocacional para los jóvenes de la ciudad. En 1930 creó el Instituto Secundario Bernardino Rivadavia; posteriormente se sumó la Escuela Normal Víctor Mercante con su Nivel Primario (1937) y, a partir de 1959, con su Nivel Superior. En 1960 se creó el Jardín de Infantes “Antonio Sobral”.
En la actualidad la Biblioteca Bernardino Rivadavia alberga un patrimonio de más de 30 mil ejemplares, al tiempo que sostiene una red educativa de más de 500 educadores y 4 mil estudiantes, manteniendo la acción cotidiana de aquellos ferroviarios pioneros.
