159 años de Villa María - Testimonio para sostener la memoria
El lugar donde la historia ferroviaria sigue viva
Escribe: Florencia Turelli
El Museo Ferroviario abrió sus puertas en 2019, aunque la idea había comenzado a gestarse en 2004, cuando un grupo de trabajadores decidió impulsar la creación de un espacio propio para preservar objetos, documentos y recuerdos vinculados con su actividad. A siete años de su inauguración, continúa creciendo a partir de las donaciones, las investigaciones y, especialmente, los testimonios de quienes fueron parte de esa historia
El 27 de septiembre de 2019, Villa María abrió las puertas de un espacio destinado a conservar una parte de su propia historia. En el marco de las actividades por el cumpleaños de la ciudad, comenzó a funcionar oficialmente el Museo Ferroviario, un proyecto que había comenzado a gestarse 15 años antes y que nació de una inquietud de quienes habían formado parte de la actividad ferroviaria: que una ciudad marcada desde sus orígenes por la llegada del tren tuviera también un lugar donde contar esa historia.
“Villa María no tenía un museo ferroviario. Y como Villa María es hija del riel, nos parecía feo, raro que siendo eso no tuviera un museo ferroviario”, recordó Julio Liendo, integrante de la Asociación Amigos del Museo Ferroviario. Esta frase resume el punto de partida de una iniciativa que atravesó años de gestiones, reuniones y diferencias entre quienes impulsaban el proyecto.
El camino comenzó en 2004, cuando un grupo de exferroviarios empezó a gestionar un espacio para preservar objetos y recuerdos de su actividad, pero fue en 2018 que una ordenanza formalizó la creación del Museo Ferroviario y, al año siguiente, abrió sus puertas. “Fue una lucha de tanto tiempo que algunos no llegaron a disfrutarlo o ni siquiera enterarse de que por fin lo habíamos conseguido”, expresó Liendo.
Para quienes participaron de ese proceso, la creación del museo significó mucho más que la inauguración de una sala con objetos antiguos. La intención era recuperar una historia que atraviesa la formación misma de Villa María y explicar por qué el ferrocarril ocupa un lugar particular en la identidad de la ciudad.
Y se cuenta en primera persona
El camino hasta la apertura no estuvo exento de diferencias entre quienes formaban parte de la iniciativa, ya que durante esos años se discutió cómo debía funcionar el espacio y quiénes debían tener participación en su administración. Según indicó Liendo, algunos integrantes del grupo pretendían que el museo “fuera dirigido y administrado por personal ferroviario” por lo que “las autoridades no ofrecieron ninguno de los predios disponibles para funcionar como sede del Museo”. “Hasta que al último, después de muchos dimes y diretes, llegamos a un acuerdo y estamos como estamos hoy”, contó.
Finalmente, el proyecto encontró su lugar en el Parque de la Vida, frente a la Tecnoteca Municipal, y comenzó una nueva etapa: transformar la iniciativa de los exferroviarios en un espacio abierto a la comunidad. Para Liendo, ese objetivo se mantiene hasta hoy debido a que la Asociación Amigos del Museo continúa acompañando el funcionamiento y poniendo a disposición sus conocimientos y experiencias. “Mucho gusto de haber logrado nuestro interés, que era que Villa María tuviera un museo ferroviario y, por supuesto, que nosotros seamos apoyo de lo que necesiten”, señaló.
Ese acompañamiento permite que el museo conserve no solo elementos materiales, sino también una parte de las experiencias de quienes trabajaron en el ferrocarril. Para Virginia Reyneri, subsecretaria de Cultura de Villa María, una de las características centrales del espacio está precisamente en la posibilidad de acceder a los relatos de sus protagonistas. “El valor de ese testimonio, ¿no? Del testimonio de Julio, de Mario, de Jorge, de cada una de las personas que forman parte de la Asociación Amigos del Museo Ferroviario”, destacó.
La funcionaria explicó que el trabajo de los museos municipales busca recuperar las experiencias de los vecinos y convertirlas en parte de las narrativas que se ponen a disposición de la comunidad. En el caso del Museo Ferroviario, las voces de los trabajadores permiten complementar los objetos que forman parte de la colección y aportar información que no siempre puede encontrarse en documentos. “Son fundamentales los testimonios de cada uno de los ciudadanos que forman parte de un montón de instituciones que son el alma de nuestra ciudad”, sostuvo Reyneri.
Por eso, las visitas al museo no se limitan a observar piezas detrás de una vitrina. El recorrido también incorpora testimonios en primera persona, que permiten conocer cómo era trabajar en el ferrocarril y qué significaba esa actividad para quienes formaron parte de ella.
En ese sentido, la experiencia de Liendo se convierte en uno de esos relatos que acompañan el recorrido: su vínculo con el ferrocarril comenzó cuando tenía 16 años y se incorporó como practicante en 1956. Pasó por distintos sectores y durante su formación aprendió tareas relacionadas con encomiendas, cargas, boletería y telégrafo. Años después, esa experiencia regresó a través del museo.
Una de las situaciones que recuerda ocurrió durante una visita escolar, cuando un niño le preguntó qué sentía un maquinista al subir a un tren. La pregunta, que no estaba incluida en ningún guion preparado, lo llevó a explicar la responsabilidad que implicaba conducir un tren de pasajeros o uno de carga: “Si era un tren de carga llevaba muchos pesos en valor a la mercadería que transportaba. Si era un tren de pasajeros era vida que llevaba a su cargo”. Y agregó: “Tenía que poner toda su conciencia en el trabajo que estaba realizando y llevarlo a cabo de la mejor manera”.
Con recuerdos que siguen llegando
La colección del Museo se fue construyendo a partir de distintos aportes. “Hay objetos que fueron donados por vecinos y familias y otros que llegaron mediante comodatos”, precisó Reyneri.
Entre las piezas que pueden encontrarse hay equipos de comunicación, teléfonos antiguos, faroles, candados, un uniforme de guarda y el reloj que estaba ubicado en la plataforma de la Estación. También se conserva material relacionado con las distintas tareas que se desarrollaban dentro del ámbito ferroviario. Cada objeto permite recuperar una parte de esa vida cotidiana y, al mismo tiempo, sirve como punto de partida para los relatos que acompañan las visitas.
La subsecretaria explicó que las colecciones son entendidas como colecciones públicas, es decir, como parte del patrimonio de la ciudad. “Cada colección se conforma por un montón de objetos, en este caso ligados a la vida ferroviaria de la ciudad”, señaló.
La incorporación de nuevas piezas permite, además, que el museo continúe modificándose con el paso del tiempo. Los objetos que llegan, los testimonios que se suman y las investigaciones que se realizan permiten ampliar las posibilidades de contar esa historia.
Uno de los recursos que forma parte del espacio es una línea de tiempo con los distintos momentos de la vida ferroviaria local. Liendo explicó que allí se puede observar cómo fueron apareciendo diferentes instalaciones y sectores relacionados con la actividad, entre ellos la playa de maniobras de Gravitación, además de referencias al crecimiento de distintos barrios. La intención es que el visitante pueda encontrar conexiones entre los objetos que observa y los espacios que existieron en la ciudad.
Y continúa más allá de sus paredes
Esa idea llevó a ampliar la propuesta más allá de la sede del Museo, por lo que actualmente, el espacio forma parte de un circuito que incluye distintos sectores del Parque de la Vida y otros puntos vinculados con el patrimonio ferroviario. Reyneri explicó que desde Cultura se trabaja sobre la propuesta de un Museo a Cielo Abierto, que comienza en el ubicado sobre avenida Sabattini al 200 y continúa por distintos sectores del antiguo predio ferroviario.
En esos recorridos se incorporaron cartelerías, bancos señalizados y códigos QR que permiten acceder a información, fotografías y testimonios. De esta manera, el Museo no queda limitado al edificio y quienes recorren el Parque de la Vida pueden reconocer también las huellas de la actividad ferroviaria en el espacio que alguna vez estuvo destinado a ella.
La institución integra, además, un circuito cultural y educativo junto con otros espacios ubicados en el Parque de la Vida, como la Biblioteca y Medioteca Mariano Moreno, la Tecnoteca y el Centro Cultural.
A siete años de su inauguración, la propuesta continúa incorporando nuevas actividades. En el marco de aquellas vinculadas con el aniversario de la ciudad, el Museo presenta la muestra “Vidas ferroviarias”, una propuesta que vuelve a poner en primer plano las voces de los integrantes de la Asociación Amigos del Museo.
La intención es que los testimonios puedan estar disponibles para quienes recorren el espacio y que las experiencias de los ferroviarios formen parte de la visita. “Es un desafío para nosotros pensar todo el tiempo cómo hacemos de acceso público esos testimonios”, explicó Reyneri.
La muestra también incorpora la participación del Instituto Municipal de las Artes, con trabajos de las escuelas de Letras y Artes Visuales, además de una intervención de la Escuela de Música. Según explicó la funcionaria, algunas de las poesías elaboradas por la Escuela de Letras toman como punto de partida la idea de Villa María como “hija del riel”, mientras que la Escuela de Música prepara un homenaje.
Así, la historia que comenzó con un grupo de trabajadores que en 2004 buscó un espacio para conservar sus recuerdos continúa incorporando nuevas voces y formas de contar.
Para Liendo, la existencia del museo representa la concreción de un objetivo que durante años compartió con otros ferroviarios. Para la Asociación Amigos del Museo, el desafío ahora es seguir aportando conocimiento y acompañando las distintas propuestas. Para Cultura, en tanto, la tarea pasa por conservar esos materiales, investigar, incorporar nuevas piezas y generar formas de acercar los testimonios a quienes visitan el espacio.
En ese cruce entre quienes vivieron la actividad ferroviaria y quienes hoy trabajan para preservar sus recuerdos se construye el museo.
El Museo Ferroviario es, de esa manera, una construcción que continúa abierta. Nació de una iniciativa impulsada por trabajadores, se concretó después de años de gestiones y hoy sigue creciendo con cada objeto que llega, cada testimonio que se incorpora y cada visitante que lo recorre.
Aquel proyecto que comenzó en 2004 encontró finalmente un espacio en 2019 y desde entonces, no solo conserva elementos vinculados con el ferrocarril: también guarda las voces de quienes fueron parte de esa historia y las pone a disposición de nuevas generaciones.
