2 de octubre - Día del Escribano - María Elisa Lloret
“Una profesión entre la precisión, la tecnología y la confianza”
Comenzó a ejercer en Ballesteros y se afianzó en Villa María, su ciudad, con vocación de servicio. “Representó un reto personal y profesional”, afirmóMaría Elisa Lloret llegó a la escribanía después de haber ejercido la abogacía y de estudiar, en paralelo, la carrera de Notariado. Su objetivo estaba claro: prepararse para aspirar al Concurso de Oposición y Antecedentes de Registros Notariales de la Provincia. Pero detrás de esa decisión también había un interés particular por una profesión que combina conocimiento jurídico, precisión técnica y, sobre todo, un vínculo directo con las personas.
“Me atrajo la Escribanía, por la precisión técnica que requiere el análisis de títulos, el trato directo con las familias en momentos claves de sus vidas y el rol de garante de la fe pública e imparcialidad”, cuenta Lloret al repasar los motivos que la llevaron a elegir este camino profesional.
Su trayectoria tuvo un primer capítulo en Ballesteros, localidad donde tomó contacto directo con la función notarial y comenzó a participar de distintas situaciones vinculadas con la regularización dominial y los actos propios del ámbito rural e inmobiliario. De aquellos primeros años guarda especialmente el recuerdo de las personas y de las oportunidades que encontró en ese lugar.
“Mi trayectoria comenzó en la localidad de Ballesteros, donde tuve mi primer contacto directo con la función notarial, asistiendo en la regularización dominial y en los actos habituales del medio rural e inmobiliario. Agradezco la hospitalidad, solidaridad y oportunidades que me brindaron allí”, destaca.
Más tarde llegaría Villa María, ciudad que significó un nuevo desafío en su recorrido. “Mi traslado y ejercicio en la ciudad de Villa María representó un reto personal y profesional de primer orden”, resume.
Con los años, la escribanía dejó de ser solamente una profesión para convertirse en una verdadera vocación. Lloret define ese recorrido como una construcción cotidiana en torno a la responsabilidad que implica ejercer la fe pública.
“A lo largo de estos años, la profesión ha significado para mí una verdadera vocación de servicio y la consolidación diaria del valor de la fe pública”, sostiene.
Una profesión que cambia, pero conserva su esencia
Para Lloret, el notariado atraviesa una etapa de transformación permanente. La incorporación de herramientas digitales y las nuevas exigencias normativas modificaron buena parte de la gestión cotidiana, aunque entiende que esos cambios no deben alterar aquello que considera esencial en la función del escribano.
“Veo a la profesión en una etapa de constante evolución, donde el desafío principal radica en integrar las tecnologías digitales y las nuevas exigencias normativas sin alterar la esencia del Notariado de Tipo Latino”, explica.
En ese contexto, considera que el desafío pasa por incorporar innovación sin resignar el rol jurídico y humano del profesional. “El escribano debe consolidarse como un profesional altamente capacitado que ponga la innovación al servicio de la celeridad, preservando de manera insustituible el asesoramiento imparcial, la calificación jurídica presencial y el control preventivo de legalidad que garantizan la fe pública”, afirma.
La tecnología, según su mirada, produjo una transformación profunda en la actividad, particularmente en la gestión registral. Sin embargo, Lloret marca un límite claro entre las herramientas digitales y la responsabilidad que continúa estando en manos del escribano.
“La tecnología y la digitalización agilizaron de manera radical la gestión registral”, reconoce. Pero inmediatamente aclara: “La tecnología actúa únicamente como un medio de eficacia que jamás sustituye la inmediación de la audiencia notarial, el juicio de capacidad presencial ni la calificación jurídica del escribano autorizante”.
Para la escribana, esa diferencia resulta fundamental. “La autoría, la autenticidad y la permanencia inalterable del acto jurídico no provienen de un algoritmo ni de un soporte volátil, sino de la matricidad resguardada por el notario y de la fe pública preventiva que definen la esencia del notariado de tipo latino”, plantea.
El futuro: un escribano digital, pero humano
Pensar hacia adelante supone, para Lloret, aceptar los cambios tecnológicos sin perder de vista la esencia de la profesión. La escribanía del futuro tendrá nuevas herramientas y procedimientos, pero deberá mantener la responsabilidad personal que caracteriza a la función.
“El futuro de la profesión exige un escribano plenamente digital en su gestión, pero profundamente humano y riguroso en su función”, define.
Y en esa mirada hacia los próximos años hay cuestiones que considera irrenunciables. “No debemos perder jamás la audiencia notarial, el juicio presencial de capacidad ni la calificación jurídica del acto, porque la máquina puede procesar datos, pero solo el notario garantiza la legalidad y la paz social”, sostiene.
En el Día del Escribano, Lloret también dirige su mirada hacia quienes comparten la profesión y hacia las nuevas generaciones que comienzan a transitarla. Su mensaje está atravesado por la ética, el estudio y la responsabilidad que implica ejercer una función vinculada directamente con la confianza de las personas.
“Un afectuoso saludo a todos los colegas en nuestro día; y a quienes recién se inician, los invito a guiar cada acto por la ética y los mandamientos de nuestro decálogo, rindiendo culto a la verdad, aconsejando con imparcialidad y estudiando con pasión”, expresa.
Y deja, finalmente, una definición que resume buena parte de su manera de entender el oficio: “Ser escribano no es litigar ni defender partes, sino ejercer la fe pública delegada por el Estado para construir la paz social”.
