2 de octubre - Día del Escribano - María Gabriela Rigo Roncaglia
“Ser escribana es una actitud ante la vida”
En cuatro décadas como notaria, la conocida profesional de la ciudad mantuvo el legado de su familia y reconoce:?“No veo un futuro sin fe pública”En 2026 celebra 40 años como escribana pública en Villa María. Desde aquella vieja máquina de escribir que todavía conserva hasta la Inteligencia Artificial, María Gabriela Rigo Roncaglia atravesó profundas transformaciones en el ejercicio profesional, pero sostiene que hay algo que no puede cambiar: la humanidad, la honestidad y la responsabilidad frente a quienes depositan su confianza en ella.
En 1984 se recibió de abogada y, tal como había proyectado desde sus primeros años de estudio, al año siguiente obtuvo el título de escribana. En 1986 comenzó su camino profesional como adscripta del Registro Notarial de la Provincia de Córdoba N° 669. Más tarde, mediante Concurso de Oposición y Antecedentes, accedió a la titularidad del Registro N° 357, que conserva hasta hoy.
La vocación también estuvo marcada por su familia. Sus padres, vinculados al derecho y al notariado, fueron quienes la orientaron en sus primeros pasos. A lo largo de estas cuatro décadas tuvo, además, como referente y mentora a su madre, la escribana Norma Sánchez de Rigo. Hoy, la historia profesional continúa junto a su hija, la escribana adscripta María Sol Roncaglia.
“El camino ha sido arduo durante estos 40 años; he sido y soy muy feliz en el ejercicio de mi profesión”, resume al mirar hacia atrás. En ese recorrido quedaron innumerables experiencias compartidas con familiares, secretarias, clientes, amigos, instituciones y colegas, además del aprendizaje junto a profesionales formados en la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad de Morón.
Pero si hay algo que permite dimensionar el paso del tiempo es la tecnología. Comenzó trabajando con una vieja máquina de escribir que todavía conserva. Después llegó la máquina eléctrica, que en aquel momento parecía la gran revolución, y luego, la computadora, capaz de imprimir casi mágicamente aquello que se escribía. Hoy, la Inteligencia Artificial forma parte de un nuevo escenario que también alcanza al ejercicio notarial.
La digitalización permitió agilizar numerosos trámites y procesos, aunque también modificó una parte de la dinámica profesional. “Para una profesión humanista fue difícil escondernos en una computadora”, reconoce. Extraña aquellas instancias presenciales en las que los debates jurídicos y notariales surgían mientras se esperaba una respuesta o se analizaba un tema junto con personal de distintas instituciones.
Aun frente a esos cambios entiende que el centro de la profesión permanece intacto. Su tarea consiste en interpretar la voluntad y los intereses de las personas, estudiar los títulos de propiedad, despejar obstáculos y procurar que los negocios jurídicos puedan concretarse de manera correcta y segura. Todo ello, además, desde la responsabilidad que implica ejercer como funcionaria pública y representar al Estado en el ejercicio de la fe pública.
Por eso, cuando piensa en el futuro, admite que resulta difícil imaginar hasta dónde llegarán los avances tecnológicos. Sin embargo, hay algo que no pone en duda: “No veo un futuro sin fe pública”, porque seguirá siendo necesario interpretar la voluntad de las personas, garantizar su identidad, brindar seguridad jurídica y cumplir con la función que el Estado delega en el notariado.
A quienes comienzan o proyectan comenzar este camino les deja una premisa que sintetiza buena parte de su experiencia: defender la profesión con pasión, ser honestos, sinceros y perseverantes, y mantener siempre el estudio como herramienta fundamental. “Si dudan, no actúen; cuando actúen, solo seguros. Ese es el único camino para realizar un trabajo digno”, afirma.
Después de 40 años entre papeles, escrituras, cambios tecnológicos y generaciones que se sucedieron dentro de una misma familia, su mirada vuelve a aquello que considera esencial: “La humanidad, honestidad y sinceridad del ejercicio notarial, como el de muchas otras profesiones, no debe desaparecer porque, como decía mi padre, ser escribana es una actitud ante la vida”.
