DÍA DE VILLA MARÍA - 157 años
La sombra del diablo
En ese año, la Universidad Nacional de Villa María tomaría los primeros exámenes de ingreso a los aspirantes a la carrera de Medicina. Este progreso predispone a la ciudad a ser prontamente hegemónica respecto a otras ciudades en el interior de la provincia de Córdoba. El avance incesante de las ciencias y de la tecnología lleva a miles de jóvenes a incluirse dentro de las nuevas carreras que se abren en varios institutos de Nivel Terciario y universitario. Prontamente, el folclore urbano se irá modificando sustancialmente, y los relatos que nos contaban nuestros abuelos quedarán al olvido. La magia de las literaturas orales será remplazada por otras más modernas y originales. Ya nadie creerá en mitos ni en leyendas. Pero en pleno año 2014, una familia que vivía en la calle Catamarca, en el barrio Centro sur de la ciudad de Villa María, tiene motivos suficientes para seguir creyendo en esos hechos sobrenaturales o fantásticos que solo se pueden hallan en libros de misterios o de terror. Es una humilde familia, muy cristiana, compuesta por un matrimonio y sus tres hijos, uno de ellos varón, quien se encuentra casado y convive en otro domicilio, en cambio, las dos hijas mujeres, habitan la casa con sus padres.
Desde que ingresaron a vivir allí, hace escasos cinco o seis años, una sombra misteriosa atormenta a la madre de la casa. No recuerda bien en qué momento comenzó la tortura, pero siempre recuerda que, entre sus primeras experiencias, sintió un silbido de un hombre que provenía de uno de los ambientes vacíos de la casa. De pronto, un aire helado se dirigió hacia su humanidad y la paralizó del miedo, pero le hizo frente. La sombra de un hombre, de una estatura mucho mayor a la suya, traspasó los muros de la pared y se enfrentó a ella. La mujer, con rosario en mano, le ordenó a la sombra que regresase al mismo lugar de donde había venido. Durante varios minutos estuvieron en esa situación, y la sombra cedió. En otras ocasiones, recuerda la mujer, mientras dormía comenzó a oír el rasguño de la guitarra que se encontraba en su habitación. Abrió los ojos y contempló al instrumento musical que efectuaba el sonido sin que una mano lo hiciese. Ante el asombro comenzó a rezar a viva voz y, luego de unos segundos, se alzaron al aire acordes musicales de una melodía lenitiva que calmó su espíritu. También su esposo fue testigo de ese hecho.
Otras noches, se le abren las puertas del placar que está en su dormitorio y, desde allí aparece la sombra misteriosa y se dirige siempre hacia la humanidad de la mujer, y esta la enfrenta tenazmente. Jamás le puede observar el rostro porque carece del mismo, pero sí afirma que la sombra posee una protuberancia sobre su cabeza como si fuese un cuerno, motivo por el cual afirma la mujer que se trata de la sombra del diablo.
Cierta mañana, hace ya tres años, la mayor de las hijas se levantó de su cama para ir a trabajar, y su hermana menor observa que debajo de la cama había un charco de agua, y que goteaba de los colchones de esa cama. Atraída por la curiosidad, y ante el temor que le produjo eso, llamó a los gritos a su padre quien, después de contemplar ese extraño espectáculo, en donde el agua corría desde el respaldar de la cama hacia los dos colchones como si fuese un torrente, decidió solicitar ayuda profesional creyendo que todo tenía relación con lo que sucedía en esa casa. Dos sacerdotes, curas párrocos de la Catedral, visitaron a la familia, bendijeron la casa, y les dijeron que el mal existe, y que es muy probable que en esa casa hayan pasado cosas oscuras. La hermana mayor se fue a vivir a un departamento por dos años, y regresó cuando creía que todo había acabado. La familia buscó por toda la casa algún motivo para encontrar una respuesta a esos sucesos y, con gran asombro, descubrieron enterrado en el patio de la casa, un muñeco con cabellos naturales rojizos incrustado en su cabeza, con alfileres por doquier. El sacerdote les ordenó que quemasen ese objeto diabólico, y que arrojasen sus cenizas al río, pero que se ubicasen en posición de espalda al cauce de agua, y que no mirasen hacia dónde caían las cenizas y en qué dirección las arrastraba el agua. Así lo hicieron y también ellos creyeron que ese sería el final de las apariciones en la casa. Como lo dije anteriormente, estamos en el año 2014 y aun la sombra del diablo atormenta a la humilde familia, muy cristiana, que habita la casa de la calle Catamarca, del Centro sur de la ciudad de Villa María.
