Amalia “Cuila” Arballo, 50 años de abogada

Apasionada por el Derecho

Correntina y perteneciente a una familia de abogados, Cuila nos recibe en su casa-estudio y habla del amor por la profesión que ejerce desde hace cinco décadas

Amalia Arballo, la Cuila, es nieta e hija de abogados, por lo que, sin dudarlo, cuando llegó el momento de decidir qué estudiar, eligió la carrera de Derecho.

La opción de hacerla en Córdoba tenía que ver con su madre, que es de esta provincia, y así comenzó su formación universitaria, en una época en la que muy pocas mujeres ocupaban los claustros.

“No fuimos bien recibidas, me acuerdo que, en el cursillo de ingreso, un profesor nos dijo que había más mujeres que las necesarias, porque teníamos que dedicarnos al ámbito privado, a cuidar de los hijos”, recordó.

Pese a todo, pudo cursar y obtener su título en 1974, hace cinco décadas.

En Córdoba conoció a quien sería su compañero de vida, Alcides Demarchi, y con él eligió Villa María para vivir.

Antes, se imaginaba recibirse y volver a Corrientes, a trabajar en el estudio de su padre, pero asegura que fue “muy afortunada” al tomar la opción de vivir en estas tierras.

Incluso, cuando por circunstancias de la vida tuvo que decidir si se quedaba o se iba con los tres hijos a su provincia natal, eligió seguir en esta ciudad. Y no se arrepintió, dijo, porque tuvo el acompañamiento de la comunidad, particularmente a través de sus colegas y de los dirigentes gremiales de los sindicatos que representaba.

Tuvo un rol protagónico en el ámbito del Derecho como mujer y como abogada laboralista.

También como dirigente, dado que en tres oportunidades estuvo en el Directorio del Colegio de Abogados. Hoy, su hija Itatí es la primera mujer elegida como presidenta de la institución que los nuclea.

 

Defensa de trabajadores

“Te imaginás que en el año que me recibí se aprobó la Ley de Contrato de Trabajo”, señaló, abordando su especialidad dentro del mundo de la Abogacía: el derecho del trabajo y, dentro de él, la defensa de los trabajadores.

“Llegamos a Villa María justo cuando Atilra -el gremio lácteo- abría su sede. Desde entonces, venimos representando a los trabajadores del sector”, dijo.

“Tengo un inmenso agradecimiento con Pedro Fernández (Atilra), lo mismo que con los representantes del Sindicato de Camioneros, que siguen trabajando conmigo, seguramente, porque vieron nuestra dedicación a la profesión”.

“En esos años no era fácil para las mujeres insertarse en cualquier ámbito laboral y en particular en la Justicia, porque era cosa de hombres. Pero debo decir que nunca me discriminaron por cuestión de género”, señaló.

Igual, debió llevar en sus espaldas lo que le pasa a muchas mujeres: las tareas de cuidado, combinadas con las profesionales. De hecho, su estudio siempre fue su casa, por lo que, en paralelo al trabajo profesional, iba criando a los hijos.

Tal vez, esos niños que crecieron viendo lo apasionada que es la Cuila por el Derecho optaron por seguir sus pasos. Hoy, los tres son abogados.

 

Tiempos difíciles

La Ley de Contrato de Trabajo es la columna vertebral del sistema argentino en lo que hace al ámbito laboral. Hoy están modificando ese andamiaje legal, no solo con cuestiones de forma, sino de fondo.

“No es la primera vez que han arremetido contra los derechos laborales, pero nunca nos tumbaron, porque cuando transitamos estos tiempos difíciles es cuando más hemos puesto ahínco en la defensa de los trabajadores. Usamos armas legales y siempre, aun en contextos adversos, como el actual, hemos salido adelante. Y sé qué es lo que va a pasar ahora, como pasó siempre”.

“Hoy, después de 50 años de trabajo, miro retrospectivamente y me digo: nunca podría haber elegido otra carrera que no sea esta. Me ha brindado muchísimas satisfacciones y soy feliz ejerciéndola. Seguiré haciendo lo que me apasiona”, dice, para cerrar la entrevista en su estudio que, como siempre, está vinculado a su casa, porque la historia familiar y laboral se desarrollaron juntas en la vida de la Cuila.

 

Cuila

A través de cartas, su abuela preguntaba cómo estaba la “cuis”, refiriéndose a ella recién nacida. Cuis es un vocablo que representa un pequeño animal, pero también tiene un sentido de miguitas de pan. Su mamá, haciendo honor a ese vocablo, lo puso en femenino; y desde entonces es la “Cuila”.

 

Itatí

Su hija, la actual presidenta del Colegio de Abogados, tuvo un grave problema de salud al nacer. Como correntina y creyente no dudó en prometerle a la Virgen de Itatí que, si la pequeña salía de esa situación, iba a llevar su nombre. Y cumplió.

 

Cuatro generaciones

El primer abogado de la familia fue Raúl Arballo, abuelo de Amalia, camarista federal en la sede de Paraná, que tenía jurisdicción en una amplia zona litoraleña. También fue político, llegando a ser electo como diputado nacional.

El segundo fue Jorge Arballo, padre de Amalia, quien ocupó un Ministerio de Justicia y también fue diputado nacional. Pero siempre litigando como abogado “de calle”.

Luego sigue Amalia y sus tres hijos: dos litigando en Villa María y un tercero que trabaja en el Poder Judicial de Córdoba. Ellos son la cuarta generación de profesionales del Derecho.

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