Día del Bombero Voluntario - Miguel Guerrero - Ausonia
Una vocación que se vive
Poquito tiempo antes de 1984 nos estábamos reuniendo en la localidad de La Laguna, donde yo vivía antes, con la intención de formar un cuartel, un cuerpo de bomberos. En ese momento ocurrió una tragedia en la que un tren chocó un colectivo de la empresa Cacorba y mató a 14 personas, dejando muchos heridos. Nosotros no pudimos actuar porque recién arrancábamos, fueron los Bomberos de Villa María los que se hicieron cargo, y ahí nació la inquietud con muchas más ganas y fuerzas de formar un cuartel y de que haya personas para servir al prójimo. Eso fue lo que me motivó a ser bombero, así nace mi vocación y nunca más la dejé. Después me fui a vivir a Ausonia y ahí continué con mi vocación de bombero hasta el año 2020.
Para ser bombero tuve que aprender muchas cosas durante una vida bomberil, una vida de servicio. Hay un cambio de vida, porque ya la mentalidad es abocarse a un servicio sabiendo que de ahí no vas a recibir nada, ya que somos bomberos voluntarios, sin nada a cambio. Todo lo que hacemos, lo hacemos por vocación.
Y tuvimos que dejar muchas cosas. Una de las que más me dolió fue no haber podido disfrutar mucho con mi familia, e inclusive no poder pasar con ellos Navidad y Año Nuevo. No fueron uno o dos años, fueron muchísimos años. Una vez nos agarró la Navidad en las sierras, parecía que se había largado a llover y que íbamos a poder bajar y retirarnos, calculando llegar a la medianoche o una de la madrugada. Y cuando preparamos todo paró de llover, volvieron los reinicios del fuego, por lo que tuvimos que volver a trabajar para apagarlo. De esos casos hubo un montón. Eso me dolió porque hubiera deseado estar con mi familia y no lo pude hacer. Una vez hice la cuenta, estuve como 16 años sin pasar Navidad y Año Nuevo con mi padre y mi madre, pero son las cosas que uno elige en la vida, y es la vocación.
Nunca sentí miedo ante un llamado, pero sí en situaciones de riesgo. Una vez en las sierras nos encerró el fuego y realmente la naturaleza en ese momento nos puso en una situación tremenda. Sentí miedo, sentí que el fuego nos iba a ganar y no sabía si salíamos vivos. Sentí miedo, como todos. Siempre respeto esas cosas.
Los valores de los bomberos los transmití a los jóvenes con la comunicación, pero más que todo con el ejemplo. Siempre tratamos de tener una conducta intachable. El ejemplo dio sus frutos, porque el cuartel todavía está en pie y muchos chicos se interesan, hoy no es tan fácil conseguir bomberos o que tengan la vocación, pero hay que seguir dando el buen ejemplo y eso va a llevar a que ciertos padres les inculquen a los hijos que ser bombero es algo muy lindo, porque se sirve al prójimo.A los chicos de las escuelas siempre les dimos charlas, no sé ahora, pero antes, todos los años, en el secundario nosotros dábamos una materia de emergencia, era muy bueno porque se les enseñaba a los alumnos cómo trabajaban los bomberos, cuáles eran sus necesidades y cuáles eran sus trabajos en una situación de riesgo.
La vida del bombero es la lucha diaria, continua, no bajar nunca los brazos. La parte linda que nos deja la vocación es que nos quedan muchísimos amigos, compañeros de otros cuarteles, algunos muy lejanos a los que fuimos a apagar fuego. A esta vocación uno la siente, la vive, siempre dicen que a los bomberos por las venas les corre esa sangre especial que es de la vocación de servir a otro sabiendo que no va a recibir nada a cambio. Pero lo hace con un gusto bárbaro.
