Día del Bombero Voluntario - Luis Artico - Arroyo Algodón

Un corazón que late por el cuartel

Lo que me motivó a ser bombero fue que hacía falta en el pueblo tener un cuerpo de bomberos, los campos y las banquinas de la ruta se prendían fuego. Éramos un grupo de siete u ocho personas con muchas ganas de hacer en conjunto y, acompañados por el intendente de ese momento, Gonzalo Rial Núñez, y el jefe de Bomberos de Villa María, Juan Carlos Mulinetti, fundamos el cuartel. Empezamos a capacitarnos con el Cuerpo de Bomberos de Villa María, y el 1 de abril de 1982 se funda el Destacamento Nº 1 de Arroyo Algodón que dependía de Villa María. Diez años después, el 15 de julio de 1992, el Destacamento pasa a ser Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Arroyo Algodón.

Me gustó siempre ser bombero, tuve que aprender a respetar, a ayudar a los más necesitados, a tener mayor responsabilidad. El cuartel se estaba armando, había que hacer todo y seguir luchando. Mi esposa Teresita acompañó desde el primer momento en todo, ella participó activamente en la Comisión Directiva hasta que me retiré. Lo que tuve que cambiar en mi vida para ser bombero fueron los horarios, yo fui el primer jefe, eso implicó mayor demanda de tiempo para dedicarle al cuartel, ya no era solamente mi trabajo particular, sino también lo que me demandaba esa actividad. También cambió la convivencia con la familia, el teléfono de guardia estaba en mi casa, era como tener el cuartel ahí, eso afectó nuestra vida cotidiana, no negativamente, pero fue un cambio.

Durante los años que estuve en bomberos tuve varios retos, los mayores fueron referidos al cuartel, los más importantes fueron tener el edificio propio, comprar vehículos, la primera ambulancia, el camión. Lo logramos juntando toneladas de papel, vidrio, aluminio y huesos que luego vendíamos.

Yo quería ver un cuartel grande, pujante, el edificio en el que se instaló era del ferrocarril, entonces tuvimos que hacer muchos trámites ante Ferrocarriles Argentinos para que nos dieran ese terreno y el galpón. A la ambulancia tuvimos que ir a buscarla a Buenos Aires, fue todo un acontecimiento para el pueblo.

Nunca sentí miedo ante un llamado, sí cierto compromiso, al principio era delicado porque no estábamos tan capacitados. Estuve en lugares peligrosos en los que podía haber derrumbes, pero había que enfrentar la situación y salir sin daños.

Los valores de los bomberos los transmití a los más jóvenes y a los pequeños en el día a día, con el ejemplo. Había mucho entusiasmo, formamos una escuela de cadetes, iban muchos niños, hacíamos charlas y prácticas para que esos niños vieran.

Luis Artico ingresó como bombero en 1982 y se retiró el 31 de enero de 2007, después de 25 años de servicio. En ese momento, tenía 73 años. Hoy, a sus 89 años, su hija Evangelina cuenta que “sigue pendiente de las noticias en su cuartel, su corazón late fuerte y se emociona cuando lo visita para algún acto u otra ocasión. No es fácil, cada rincón de su pueblo y de bomberos habla, fueron muchas e intensas vivencias”. 

Y Luis agrega: “Quisiera que el tiempo no hubiese pasado. La cosa cambia y me viene una alegría inmensa cuando me reciben con alegría, nos reencontramos, me siguen homenajeando y honrando por lo que di, eso no tiene precio. Por siempre, agradecido”.