Día del Bombero Voluntario - Esteban Brusa - Alto Alegre
Sueños de la infancia
Lo que me motivó a ser bombero fue una ilusión infantil, empezó como un sueño, como una utopía, con el hecho de querer colaborar, ayudar, salvar vidas en los sueños que creamos despiertos en la infancia. En mi adolescencia también hubo un par de veces en las que tuve que colaborar en ciertas emergencias de pequeña y mediana magnitud, en las que la gente grande nos permitía ayudar, como inundaciones, unos incendios cercanos al pueblo en el monte, en los que iba a acarrear agua, ayudaba, colaboraba. Eso también me llevó a que fuera creciendo la posibilidad de ser bombero. Muchas veces me tocó preguntar en pueblos vecinos si podíamos colaborar con ellos, así nos formábamos nosotros como bomberos y nunca se daba, hasta que un grupo de personas se acercó a esta inquietud y pudimos lograr, no sé si formar un cuerpo de bomberos, pero sí cumplir el sueño.
Hoy lo que me motiva permanentemente es lo que siempre fue, colaborar, ayudar a los demás, como dice la definición de bomberos: mitigar el dolor, es decir, quitar la posibilidad de que el dolor sea más grande, hacer lo posible para que mi ayuda sea un gran cambio en ese momento de tristeza de las personas.
Para ser bombero lo que he tenido que cambiar de mi vida fue aprender a ponerme yo primero, eso sería que primero está mi seguridad, después tengo que ver la seguridad mía nuevamente y recién ahí la seguridad de mis compañeros y la seguridad de todo el conjunto para arriesgarnos. Tuve que aprender a no tirarme de cabeza, sino saber de qué manera actuar para que no salgamos dañados mis compañeros y yo. Tengo una mentalidad ambientalista, y en el cuidado del medio ambiente hay técnicas que me enseñaron a cambiar esa mentalidad en el sentido de que para que no se destruya mucho tengo que destruir algo, en el caso de un bosque que se está incendiando, a veces derribar unos árboles nos lleva a salvar a cientos.
Los mayores retos que tuve que superar fue saber cuáles son nuestros límites, hasta dónde debemos llegar, cuál es el máximo que debemos dar. Hay un límite de lo legal y de las capacidades que tenemos que cumplir, pero el reto que tuve que acostumbrarme a enfrentar fue el límite nuestro, que hasta acá debo ir, que no puedo superar eso, porque más allá de esa línea, estoy cometiendo un error grande y estoy agravando la situación y mi condición física. El reto es saber cuáles son los límites que tiene un bombero o que puede llegar solamente hasta esa frontera.
Aunque nos llamen diciéndonos que hay un fueguito, ya nos mentalizamos que tenemos que estar preparados para cualquier cosa. Pero el miedo ante un llamado siempre está, porque siempre llaman por una emergencia. Una vez me pasó una emergencia con gente conocida, amigos, donde me encontré un panorama totalmente fuertísimo, lleno de emociones, lleno de sentimientos encontrados, en un momento donde se cae todo, donde todo lo demás no importa. Ese momento te golpea tan fuerte que siempre vas pensando que te podés encontrar un familiar, un ser querido, un amigo que forme parte de la emergencia. Así que ante todo llamado siempre, siempre tenés miedo.
Los valores de los bomberos se transmiten a los más jóvenes y a los pequeños con el ejemplo. El bombero no es bombero cuando se pone la ropa, cuando sale a una emergencia, cuando se viste para un desfile, debe ser bombero siempre. Más allá de que lo dice el reglamento, la ley bomberil, más allá de que hay cierta imagen que tiene que representar, debe ser bombero siempre. Para ser bombero no es solamente estudiar, capacitarse, ser bombero es serlo todo el día. Y los valores bomberiles siempre se dan desde el ejemplo, se profesan desde el ejemplo, se enseñan desde el ejemplo. Entonces, si los aspirantes que se suman el cuartel, los chicos de la escuela cuando vamos a dar las charlas, los vecinos, los amigos, la comunidad toda, ven a un bombero haciendo algo malo, o lo ven en una condición que no representa los buenos valores, no puede ser bombero. Por lo tanto, tiene que ser el ejemplo siempre.
