Día del Bombero Voluntario - Axel Díaz – Alto Alegre
Devoción por ayudar
Desde pequeño, siempre tuve una devoción por ayudar a los demás y contribuir con la sociedad. En 2013, cuando tenía 12 años, se inauguró el Cuartel de Bomberos de Alto Alegre y yo comencé a ir, siempre estaba ahí, ayudaba. Mi hermana ingresó y fue una de las primeras bomberas, después también estaba mi hermano estudiando, que se recibió años más tarde. Esto me inspiró a querer ser bombero cuando fuera adulto, por lo que me uní al primer grupo de cadetes cuando tenía 14 años.
Hay muchas razones por las que me gusta ser bombero, como ayudar a la gente, que creo que es lo más importante; también me gusta estar en el cuartel y seguir aprendiendo, todo eso fue lo que me motivó a estudiar para ser bombero. Este es mi primer año como bombero voluntario en mi localidad y aprendo cosas nuevas todos los días. Me gusta mucho aprender y ayudar al mismo tiempo. Admiro mucho a los bomberos experimentados del cuartel y compartimos el deseo de colaborar con las personas.
Lo que me impulsa a seguir yendo al cuartel después de 11 años son las mismas razones que al principio. Puedo agregar también que día a día se comparte con un grupo ya formado, con gente de diferentes edades, lo que está bueno, y eso motiva a seguir estando ahí.
Para ser bombero una de las cosas más importantes que tuve que aprender es a estar alerta y preparado para cualquier emergencia. También aprendí a ser más responsable, a tener un comportamiento adecuado dentro de la institución y ante la sociedad, a ser más precavido para saber qué se hace y qué no, a hacerles recomendaciones a la familia o a cualquier persona sobre cómo actuar cuando pase algo hasta que lleguen los bomberos, para que vayan colaborando con lo mínimo, que puede ser indispensable.
El estar siempre alerta supone un gran cambio personal, ya que debemos tratar de no distraernos. Debemos estar siempre con el celular en la mano, avisar cuando salimos del pueblo por las dudas que llamen del cuartel y no estés o falte alguien, que en el trabajo entiendan que ante cualquier emergencia uno tiene que salir. Otro cambio que tuve que hacer fue con los horarios, porque tenía que coordinar con el trabajo.
Creo que lo más difícil de ser bombero tiene dos aspectos: el primero es que a veces debemos sacrificar momentos familiares. El segundo es que es complicado separar nuestra vida personal de la de nuestra profesión de bombero, especialmente en una localidad pequeña donde es difícil que los sentimientos no interfieran en nuestro trabajo. En los pueblos nos conocemos entre todos, y puede ser que cuando pase algo grave nos encontremos con un familiar, un amigo o un conocido, entonces los sentimientos van a influir para actuar, por eso hay que saber ser profesional, por más que cueste, que sea difícil, y dejar los sentimientos de lado, actuar tranquilo para hacer un mejor trabajo.
Sentí miedo y mucha presión en mi primera llamada de emergencia. Era la primera vez que tenía el teléfono de guardia, y sentí mucho nerviosismo, porque si bien estaba preparado y entrenado para actuar, no sabía si iba a transmitir bien el mensaje. Tenía miedo de hacer mal las cosas, porque hasta ese momento sabía todo de manual, pero no había estado en acción. Aunque nuestros instructores nos prepararon psicológicamente para manejar cualquier situación, era inevitable sentirlo porque era mi primer incidente.
