Día del Bombero Voluntario - Lara Olariaga - Ausonia
Como un superhéroe
Ingresé al cuartel con 16 años como aspirante y me recibí hace dos años de bombera, el 20 de mayo de 2022, a los 17 años.
Quise ser bombera porque cuando éramos chicos y estábamos en el jardín, nos preguntaban qué queríamos ser cuando fuésemos grandes y eran muchos los que decían que querían ser bomberos porque los veían como superhéroes. Además, al ver cómo un bombero refleja muchos buenos valores, de compañerismo, de compromiso, de humildad, de ayudar al otro sin querer recibir nada a cambio, me hizo querer formar parte de la institución para ayudar a la comunidad y fomentar los buenos valores que tenemos para ofrecer.
Mi mamá fue mi mayor motivación para ser bombera, la veía a ella cuando se iba rápidamente de mi casa, repleta de adrenalina para ir a ayudar a otros, diciéndonos a lo lejos "chau, las amo, cierren la puerta de casa", y quedábamos con mi hermana mirándola con ojos de admiración mientras corría. En ese momento supe que quería ser como mi mamá y, al empezar a familiarizarme con este ambiente tan lindo que ella frecuentaba cuando empezó a ser bombera, fue que tome la decisión de querer formar parte de la institución, y tengo la suerte de estar con unos maravillosos compañeros que están en todas.
- La primera bombera del mundo fue Molly Williams, en 1865, una mujer negra esclavizada que trabajaba en la estación de bomberos de Manhattan como cocinera, quien ante la caída de todos los miembros masculinos por un brote de gripe, respondió a la llamada de un incendio, ya que era la única persona disponible.
Lo que me motiva para seguir siendo bombera es el momento en que los más pequeños te miran con ojitos de admiración como si fuera un superhéroe que puede con todo. También escuchar las palabras de afecto y agradecimiento que mucha gente nos brinda en nuestros días festivos, esas cosas son lo que más me llenan el corazón de miles de sentimientos que son inexplicables y solo comprensibles para los que compartimos esta loca profesión.
En esta actividad tuve que aprender a ponerme límites emocionales, mayormente a la hora de presenciar una intervención grave, porque para poder ayudar a otra persona necesitamos estar bien nosotros. Entonces, si hay un siniestro con fallecidos y me hace mal, tengo que ponerme límites y no participar porque me perjudica emocionalmente. Ese fue el principal aprendizaje, porque muchos valores de los bomberos ya los había incorporado mi casa, mi mamá siempre me inculcó lo que es responsabilidad, compañerismo y humildad. Ser bombero me cambió la vida por completo, en la forma de ver las cosas, en cómo empezar a vivir cada experiencia, porque ser bombero te enseña que hoy estamos y mañana no sabemos. A lo que me refiero es que vemos tantos accidentes, tantos fallecimientos, que te das cuenta de que tenés que empezar a vivir el hoy y el ahora, a disfrutar cada momento que se te presenta en la vida y no estar dudando de tus propias acciones. Yo aprendí a valorar un poco más la vida, a sacarle provecho.
Otra cosa que tuve que cambiar para ser bombero fueron los horarios, para poder cumplir con las capacitaciones y con asistir a la universidad.
Lo más difícil de ser bombero creo que es tener que aceptar que a veces no podemos ayudar a todos de la manera en la que nosotros queremos y, como consecuencia, a veces he vuelto a mi casa con un gusto amargo sintiendo que podía haberlo hecho mejor.
Hasta el momento, en el poco tiempo que llevo como bombera no he sentido miedo ante un llamado, sí me ha pasado en una de mis primeras salidas, no poder ayudar a mis compañeros en una intervención, por el hecho de que mis emociones me han ganado al estar involucrada una persona conocida. No sabía cómo ayudar, me bloqueé, quedé nula, en shock. Cuando sos bombero te enseñan a que si no podés ayudar, no seas uno más en ese problema. Entonces decidí hacerme a un lado para no molestar o ser un obstáculo, mientras que mis compañeros estaban haciendo todo lo posible para ayudar a otros.
