Día de la Mujer / Nora Landart – Mutualista y feminista

Mujeres de la economía social­

Es una referente del mutualismo en el país. Habla del proceso de transformación para incorporar una genuina perspectiva de género en las entidades de economía social. Y también, de la cooperativa de cuidadoras que permite a más de 70 mujeres insertarse en el mundo del trabajo digno

Nora Landart es vicepresidenta de la Federación de Mutuales de Córdoba (Femucor) y coordinadora territorial en la Secretaría de Equidad de la Confederación Argentina de Mutuales. Desde ese rol, impulsa el desarrollo de las entidades de la economía social de toda la provincia, siempre con perspectiva de género.

“Por primera vez en 75 años, que son los que acaba de cumplir Femucor, hay una vicepresidenta mujer en la Federación”, valoró.

Destaca también que “la participación de las mujeres cordobesas es emblemática a nivel nacional, porque, si bien han existido y existen mujeres con activa participación a lo largo de los 150 años de historia del mutualismo argentino, es recién a partir del año 2014 que se da un proceso de organización con perspectiva de género en el ámbito nacional”.

Los números son claros: de los 43 cargos dirigenciales de la confederación mutualista nacional, había tres ocupados por mujeres y hoy “expresamos el 30%”. Además, lograron “institucionalizar el espacio porque tenemos una Secretaría de Equidad de Género”.

Desde ese lugar, lanzaron el programa de igualdad “para la sostenibilidad de la vida”, con ejes claros de trabajo que pasan por el financiamiento de los proyectos productivos, el trabajo frente a la violencia hacia las mujeres y la Educación Sexual Integral (ESI), con desarrollo de acciones en pos de “buenas masculinidades”.

Cuidados: en las tareas de cuidado asignadas culturalmente a mujeres “subyace la desigualdad estructural de género, porque es un trabajo -cuando lo realiza un familiar-no remunerado e invisibilizado”.

En el primer tópico, el de financiamiento, Landart señaló que “si hay algo que tenemos muy en claro es que, sin la posibilidad de desarrollar autonomía económica, cuesta salir, tanto de los circuitos de violencia como del despegue de las otras autonomías”.

“Al interior de nuestras organizamos trabajamos particularmente por el financiamiento de emprendimientos liderados por mujeres, no por una cuestión de privilegio, sino que se procura generar condiciones que contemplen esa desigualdad real, que es el punto de partida de las mujeres que queremos desarrollar emprendimientos productivos o de servicios”.

“Ese trabajo tuvo un gran impulso cuando el Estado nacional incorporó políticas de género. En ese sentido, fue un hecho bisagra en nuestra historia lograr pasar del Ministerio de Desarrollo Social al de Producción, porque allí nos visibilizamos como lo que somos: productoras de bienes y servicios”, dijo.

Este avance les permitió contar hoy con la Cooperativa “Cuidarte Bien”, una empresa autogestionada para el cuidado de adultos mayores, que tiene a 70 mujeres prestando el servicio y otras diez abocadas a la administración y al desarrollo de programas educativos.

Tal es el avance de la cooperativa de cuidados, que en breve se inaugurará una delegación en la provincia de Santa Fe y, además, las dirigentas locales fueron convocadas por la Universidad de Tres de Febrero para generar un proyecto similar que aúne, bajo el manto de la economía social, a cuidadoras de la primera infancia. “No tengo datos estadísticos, pero estimo que las trabajadoras del sector están en la misma informalidad que las que cuidan a adultos mayores”, precisó.

Lo que falta: en el mutualismo cordobés, hay menos de un 20% de mujeres en cargos de máxima decisión, mientras que la masa societaria está conformada mayoritariamente por identidades femeninas.

Otro de los tópicos del programa de “igualdad de género para la sostenibilidad de la vida” es el que refiere al trabajo frente a las distintas formas de violencia hacia la mujer. “Empezamos a trabajar en el tema en el año 2014”, puntualizó Landart. En ese entonces, cuando todavía no existían espacios estatales de contención, “nos comenzaron a identificar -a los actores de la economía social- como posibles espacios de contención”.

“Villa María es un ejemplo: hasta que se organizaron los dispositivos de atención del sector público, las cooperativas y mutuales, cuando había una víctima de violencia, contribuían a darle lo mínimo: apoyo, ayuda económica para tener donde alojarse cuando necesitaban escapar de una situación crítica y acompañamiento. Fuimos nosotras, las mujeres de la economía social y solidaria, las que perforamos la agenda hasta que el Estado organizó el servicio de contención”, recordó.

Esa organización fue la que permitió contar en la ciudad con el primer albergue para víctimas y, luego, con la sede local del Polo de la Mujer, que ofrece, entre otros servicios, una escuela para terminar el secundario y una Casa Cuna.

“Sabemos que eso fue producto de que nosotras comenzamos a hacer lo que nos sale de memoria: cooperar y participar”, valoró.

No dejo de señalar que “el tema de la violencia sigue estando muy presente y quizás ahora tendremos que volver a activar todos los mecanismos que activamos la década pasada, porque desaparecen los dispositivos estatales de atención. Hoy no tenemos más Ministerio de las Mujeres y todos sabemos lo que representa un aporte monetario cuando una mujer debe dejar con los hijos su casa y sus pertenencias para tratar de sobrevivir a una situación de violencia”.

Contexto adverso: “El capitalismo y el resurgimiento de la derecha se sostienen en sistemas de subordinación. Cuando se potencia el capitalismo, a quienes particularmente afecta  es a nosotras. A las mujeres, las niñeces, las personas con discapacidad o los que tienen problemas de salud severos”.

El tercer tópico aborda la “educación sexual integral y las buenas masculinidades”. En ese contexto, valoró que empezaron a trabajar la Ley Micaela en las mutuales de la provincia, que permitió, sin que estuvieran obligados -la ley es para organismos estatales-, capacitar en perspectiva de género a mutualistas. “Aparte, comprometimos e invitamos a trabajar a otras organizaciones. Por ejemplo, acá, en Villa María, lo hicimos con Bomberos Voluntarios”, destacó.

En ese camino están trabajando para que las mutuales de 18 provincias argentinas desarrollen su protocolo de actuación frente a violencia y, además, impulsando programas que promuevan nuevas masculinidades, a fin de que se redescubran otras formas de relacionarse.

Sabe que impulsar esta agenda hubiera sido más difícil sin un varón -el presidente de Femucor- que estuvo a disposición para hacerlo.

Sin tener tantos años, Nora se define como una “vieja feminista” que viene remando para lograr una equidad real en la sociedad y en las organizaciones que integra. Espera que, en estos tiempos “adversos”, puedan encontrarse, aun en la diversidad, para defender los derechos conseguidos hasta hoy.