Día de la Industria - Marcelo Uribarren – Aloña
A la puerta de un fin de ciclo
Para el titular de Aloña, una inflación que no tiene freno, una crisis cambiaria muy grande, falta de insumos y una pobreza inaceptable generan una situación extrema que no permite tener visión de futuro, Y consideró que cuando las crisis son tan fuertes siempre vienen cambiosAloña es una empresa villamariense que fabrica y vende máquinas para la industria textil, establecimientos de salud y hotelería, abasteciendo el mercado interno y exportando. Al celebrarse hoy el Día de la Industria, su titular, Marcelo Uribarren (foto), dio su visión sobre cómo es la realidad de la industria en un contexto inflacionario como el que se vive.

“La capacidad que un industrial tiene normalmente en Argentina, que es un país muy particular, se ve diezmada en gran forma con una situación extrema como la que estamos viviendo hoy. Porque la inflación no solo pone en aprietos la salud financiera de cualquier persona o familia, sino también de las empresas, creo que con la inflación perdemos todos, no hay ganadores con la inflación cuando tiene estos números. A esta situación hay que agregarle una tensión cambiaria que pone en aprietos los insumos con que nos equipamos los industriales y eso nos hace dejar de prever, tener cierta visión de mediano plazo, algo que es fundamental para una empresa, para vivir el día a día. Entonces, tengo material, fabrico, no tengo material, reprogramo. Esta situación hace que sea muy complejo y lleva esa incertidumbre también a los clientes, porque uno se la transmite. Y hace que toda la cadena comercial se vea en gran parte perjudicada”, señaló Uribarren, quien también ocupa el cargo de vicepresidente primero de la Unión Industrial de Córdoba (UIC).

“Aloña está en el mercado hace 60 años, se dedica a la fabricación de equipamiento para procesamiento de prendas en la industria textil, el jean en Argentina se procesa mayoritariamente con máquinas nuestras, y también a la fabricación de máquinas para lavandería de ropa industrial, hospitales, hoteles. En una industria argentina y fundamentalmente la metalmecánica, como la nuestra, los insumos en un 70% son importados. No producimos chapas, ni acero, ni pintura, ni rodamientos, productos que se compran en Argentina, pero que son importados”, indicó.
“Con esta inflación no hay crédito a la producción, y eso hace que las inversiones sean de coyuntura, para superar el proceso, y no para crecer, para desarrollo. Es muy diferente invertir para seguir estando, que invertir para progresar. Son dos acciones diferentes”.
“Argentina tiene una necesidad imperiosa de ‘dólares frescos’. Para salir de los préstamos internacionales y de la emisión monetaria, eso es algo que es fundamental, pero al restringirse en tal manera la importación, los precios de los pocos productos que se consiguen están dolarizados al valor blue, y cuando se exporta se hace al valor de divisa, que es un 15% menos que el valor del dólar oficial. Entonces, cuando uno exporta con la idea de buscar dólares frescos para el país, es con un dólar bastante menor al oficial, pero compramos mercadería con dólares que ya están sobrevaluados a valor MEP o dólar blue, es una ecuación muy complicada de resolver y esta es la situación en la que estamos hoy”, precisó.
Al referirse a cuál ha sido el declive de la industria o cuánto ha sido afectada en este contexto de inflación, trabas a las importaciones y un dólar que se escapa todos los días, Uribarren manifestó: “El año pasado, por ejemplo, la capacidad instalada de la industria superaba el 65%, más o menos. Estamos hablando de un año pospandemia, en el que se trabajó bien y la tensión cambiaria empezaba a mostrar algunos síntomas, pero no eran tan claves, hoy yo diría que estamos en el 60% de la capacidad instalada, quizás un poco por debajo de eso. Otro elemento fundamental para cualquier proceso de mediano y largo plazo, que es lo que permite que los países crezcan, es tener cierta visión de futuro, pero con esta inflación no hay crédito a la producción, y eso hace que las inversiones sean de coyuntura, para superar el proceso, y no para crecer en estructura, en maquinaria, para desarrollo. Es muy diferente invertir para seguir estando, que invertir para progresar y multiplicarse. Son dos acciones diferentes y eso se puede notar hoy”.
“Esta situación viene hace tiempo, no es actual, por supuesto que, como todos los procesos, llega un momento en que las crisis terminan explotando. Sabemos que la pandemia pegó duro, y también la guerra de Ucrania, pero no debería haberlo hecho tanto, porque era una gran oportunidad para nuestro crecimiento, podríamos haber aprovechado esa circunstancia para vender energía, cereales o materias primas que el mundo estaba necesitando, pero eso no termina pasando porque justamente las condiciones no eran las adecuadas. La situación más cercana con la que se podría comparar es la de 2001, creo que la diferencia es que hoy los bancos están mucho más solventes, en ese momento el crack fue porque los bancos se quedaron sin reservas y hoy la situación no es esa, pero si se analiza la situación desde el punto de vista social, con un 40% de pobreza y un 10% de indigencia, que es gente que no alcanza a alimentarse como corresponde en un país como Argentina, con eso tenemos que aceptar que no estamos haciendo las cosas bien. En un país como Argentina no puede el 10% ser indigente, eso sí es un indicador muy fuerte de la situación crítica que se vive, por más que haya sectores que no tengan ese nivel de sufrimiento, hay que ver el entorno y analizar en conjunto”, remarcó.
“Por eso creo que la situación es compleja, con una pobreza inaceptable, una inflación que no tiene freno y una crisis cambiaria también muy grande, pero el origen de todo esto que lleva un tiempo es un déficit fiscal permanente, que es la madre de todos los problemas. Cuando el déficit fiscal es tan alto, se termina comiendo todo lo que se genera y provoca estos tres indicadores que estoy mostrando, que permiten que la crisis sea la que tenemos ahora”, enfatizó.
“Creo que estamos a la puerta de un fin de ciclo, cuando las crisis son tan fuertes siempre vienen cambios, porque así no podemos salir. Espero que sepamos aprender de los errores y que los cambios que vengan sean los necesarios para que no volvamos a cometerlos, pero tampoco cometamos errores nuevos. Ojalá esto nos sirva para reflexionar y tomarlo en cuenta”, sostuvo el titular de Aloña.
Sobre cuáles son las expectativas para la industria con el nuevo gobierno que asumirá en diciembre próximo, Uribarren afirmó: “La expectativa que tengo es que este fin de ciclo sea el inicio de un ciclo virtuoso. Si en la oferta electoral esto se va a producir o no, lo veremos, creo que no alcanza con una persona o con un programa solo, me parece que hace falta una reflexión grande de toda la ciudadanía. Antes votaban por costumbres, por familia, ahora los jóvenes no votan así, son críticos o no, y no está el deber ser en esa votación, entonces exigen un cambio real y ese cambio real no lo va a poder solucionar un par de personas”.
“Creo que la exigencia de la población tiene que ser, en ese sentido, que haya realmente condiciones y consensos de que desarrollar riqueza y atraer inversiones es fundamental para lo que se viene, y para eso, los que pierdan deberán apoyar, y ojalá logremos una cultura de un trabajo de calidad que nos permita cambiar. Bueno, es una esperanza que tengo, por eso insisto en que creo que estamos llegando a un fin de ciclo. Y ojalá que el ciclo que viene sea mucho mejor que este”, remarcó.
