29 de Agosto - Día del Abogado
Democracia y Derechos Humanos
Año 1983, fin de la última dictadura militar, dejando a más de 30.000 personas desaparecidas, con la consiguiente restauración de la Democracia, lo que implicó el recupero de nuestros derechos políticos y derechos inalienables como la vida, la libertad de expresión, la igualdad, identidad, entre otros.
El pueblo argentino salió a celebrar por las calles porque, luego de años de torturas, persecuciones y censuras, la restauración de un estado de Derecho implicaba sentir en las entrañas el significado real de la democracia, dejando en la historia una etapa argentina cargada de violencia e injusticias.
Tantos derechos hemos adquirido desde entonces, que hoy, cuando escucho a ciertas posiciones políticas extremas querer arrebatárnoslos, me pregunto: ¿por qué destruir lo que se construyó para el bien común de la sociedad?
Imaginemos una Argentina sin derechos básicos como la salud y la educación pública. Obligados a pagar una obra social o a tener reservas para cubrir los gastos por alguna eventual enfermedad. Padres y madres ahorrando durante toda su vida para que su hijo pueda estudiar, y si no se puede ahorrar…, ¿de algún “voucher” saldrá?
Imaginemos una Argentina que vuelve al año 1976, en donde los actuales derechos conquistados por la clase trabajadora, el colectivo de mujeres y las disidencias desaparecen. La Educación Sexual Integral, que enseña a las infancias y juventudes a prevenir y detectar casos de abusos, etcétera, desaparece; la Ley de Matrimonio Igualitario desaparece, la Ley de Identidad de Género desaparece, el Conicet desaparece, las indemnizaciones laborales desaparecen…, quedando en la nada los años de lucha para tener una sociedad más inclusiva y equitativa en derechos y oportunidades.
Sin dudas, sin esos derechos nos encontraríamos ante una Argentina privatizada, en la cual solo serían beneficiadas las empresas y la clase social pudiente. Y si bien no todo se puede privatizar, y no todo se puede llevar a un plebiscito, porque para ello tendría que reformarse la mismísima Constitución Nacional, da pavor pensar hasta en el más mínimo cambio que proponen ciertas corrientes neoliberales extremas, ya que, inevitablemente, daría lugar a una verdadera injusticia social.
Entre la democracia y los derechos humanos existe una interdependencia y, en este sentido, es importante tener en cuenta el “principio de progresividad”. Dicho principio, consagrado dentro del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y que se extiende a los derechos civiles y políticos, establece que los estados deben tomar medidas eficaces para avanzar gradualmente en el cumplimiento de los derechos que se van conquistando, sin poder volver atrás en los progresos conseguidos.
Con todo ello podríamos decir que ideologías como el neoliberalismo extremo, que pregona ideas injustas, inadmisibles y antidemocráticas, van en contra de lo que implica la protección y garantía de los derechos humanos.
A poco de cumplirse 40 años del recupero de la democracia en la Argentina y a 75 años de la adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, activemos la memoria y mantengamos nuestra república orientada hacia el bien común. Esto significa que mi persona y mi familia estén bien y, a su vez, que mi barrio y cada ciudadana lo esté. No podemos caer en la indiferencia de lo que le pasa al otro.
En una cultura solidaria, como tenemos en la Argentina, se deben asegurar los mecanismos que garanticen la satisfacción de las distintas necesidades individuales.
No deben existir privilegios para algunas personas en desmedro de otras. La empatía, la inclusión y el respeto mutuo, como por los derechos adquiridos, siempre darán como resultado la dignidad y el progreso de cada persona que forma parte de nuestra sociedad.
(*) Abogada
M.P. 4-514
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