Los valores del cooperativismo

Por la autenticidad y la conciencia del mejor modelo económico social

En todo momento y circunstancia, los valores son, más que necesarios, imprescindibles para ser, existir y actuar.

Máxime si se trata de movimientos sociales que representan a millones de personas en todos los países del mundo, si comprende a individuos de todas las razas, los credos e ideologías, pero fundamentalmente si se trata de hombres y mujeres que necesitan cubrir las necesidades básicas y, cuanto menos, tener la esperanza de poder luchar y crecer junto a otros seres humanos. Los valores son faros en la vida de las instituciones y en la esencia de los

convivientes en un mundo difícil, que paradójicamente quiere la paz, pero hace la guerra.

Los valores trazan el sendero por dónde y hacia dónde se debe caminar en procura de

sobrellevar y superar las dificultades. Los valores son puntos de partida y de llegada, trazan las estrategias y marcan los rumbos… Los valores no se pueden cambiar, solo se pueden proponer, conocer y aprender, como se dijo, para ser, para vivir…, también para

comprometerse e incluso, si es necesario, morir.

Las cooperativas son organismos sociales y se fundan en valores profundos, entre otros, el de la solidaridad, donde el hombre tiene la oportunidad de conocer al otro

 

Las cooperativas poseen una serie de principios y valores distintivos que las convierten en el mejor modelo económico para conseguir una sociedad más justa y sostenible.

Estos valores son los de ayuda mutua, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad. Siguiendo la tradición de sus fundadores, los Pioneros de Rochadle, las personas que trabajan en una cooperativa tienen un compromiso ético con la honestidad, la transparencia, la responsabilidad social y la preocupación por los demás.

No somos cooperativistas por estar inscriptos en una cooperativa, el cooperativismo es mucho más que eso, es la conciencia de la necesidad de unidad como uno de los medios para que los trabajadores, campesinos, obreros, profesionales, pequeños propietarios, amas de casa, busquen la solución de sus problemas en ellos mismos.

El cooperativista auténtico, debe aprender y practicar un nuevo estilo de convivencia, un nuevo método de vida, un nuevo tipo de valores distintos.

Si un supuesto cooperativista no es capaz de amar en sus conciencias y en su accionar diario los valores cooperativos, tan necesarios para el bienestar y felicidad de la raza humana y del medio que lo rodea, no es un verdadero cooperativista, es un equivocado en el movimiento, un oportunista a quien solo le interesa obtener los beneficios de la cooperación.

El espíritu cooperativo es la práctica de estos valores, es la conciencia de que debemos educar a la comunidad y a los asociados para que sirvan a sí mismos y a la sociedad con el mayor desprendimiento, la mayor eficiencia y sin interés de lucro; es la entrega de nuestra inteligencia y de gran parte de nuestro accionar al establecimiento de condiciones de justicia social y bienes para toda la sociedad.

El espíritu cooperativo, es el antibiótico moral que destruye lentamente nuestro egoísmo, el afán de imponer a otros nuestros criterios, es el paso al imperio de la razón, la justicia y la compresión.

Se trata de los siguientes valores:

Excelencia práctica de manera sobresaliente de los valores, principios y normas al trabajo individual y en equipo.

 

Autonomía

Actuar con independencia, atendiendo las normas que rige  la institución, en beneficio del Cooperativismo.

 

Compromiso

Cumplir una labor, evento o acción de manera responsable y eficiente.

 

Eficiencia

Ejecutar las actividades acordes con los objetivos esperados al menor costo posible.

 

Confidencialidad

Mantener en reserva la información que guarde relación con el trabajo de la institución.

 

Transparencia

Practicar las reglas, procedimientos u obligaciones de la institución con claridad, sin duda ni ambigüedad.

 

Responsabilidad

Cumplir con las funciones y tareas asignadas a satisfacción de la institución.

 

Solidaridad

Proporcionar apoyo espontáneo, generoso y voluntarioso en beneficios de otros.

 

Humildad

Actuar de manera sencilla en el trato con los demás, respetando las diferencias y limitaciones individuales.

 

Honestidad

Actuar con decencia, probidad, rectitud, justicia.