Palabras desde el fondo del alma de una cooperativa de trabajo que lucha a 40 años de la democracia
El cooperativismo, una esperanza
Hoy, que la pobreza, el desempleo, la exclusión y las desigualdades agravaron la existencia de los seres humanos…
Hoy, que las inequidades se han agudizado, al punto que solo 1% de los más ricos de Latinoamérica vieron crecer su patrimonio 17 veces, mientras que 40 millones de hermanos subcontinentales perdieron sus empleos…
Hoy, que según las previsiones de la ONU están en peligro las metas mundiales de desarrollo sostenible…
Hoy, que se han perdido 25 años de avance en las tasas de vacunación de los niños pobres, de acuerdo a lo estimado por la Fundación Gates…
Por eso hoy, como hace varias décadas, desde la Cooperativa de Trabajo Comunicar Limitada, editora de El Diario, volvemos a proponer la opción por el movimiento cooperativo para fortalecer la solidaridad y contribuir a la construcción de economías con rostro humano.
Y valgan como ejemplos los esfuerzos y logros de todas las cooperativas de Villa María y la región, decididamente orientadas al bien común, al desarrollo a largo plazo y a la preservación ambiental.
Asociaciones fundadas desde sus orígenes en la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social, la igualdad y el cuidado del otro y del medio ambiente.
Y tomamos las manos de todos para construir un mundo mejor, donde no cabe el individualismo, sino que exige el compromiso de luchar por la vida común, “donde nadie quede atrás”, tal como se propuso hace un par de años en otro primer sábado de julio en ocasión del Día del Cooperativismo.
“Donde, entre todos, construyamos la paz”, como declaran los países escandinavos en los que el cooperativismo es el motor de la sociedad, lo que llevó al Premio Nobel Artturi Virtanen a expresar “No tenemos a Rockefeller o Carnegie, pero tenemos cooperativas”.
