Bomberos Voluntarios de Villa María - Juan Carlos Mulinetti, por Francisco “Paco” Mateo
Una vida pensando en Bomberos
En su relato, Paco Mateo considera que su amigo nació siendo bombero y que su corta vida la hizo brindándosela a los demás, además, dice que su valentía, solidaridad, la entrega y el ímpetu que lo transformaron en un líder a seguir, le ganaron la admiración y el reconocimientoJuan Carlos se incorporó muy joven al Cuartel era un chico de 15 años. Cuando yo llegué al cuartel tenía 17, hacía dos que él estaba adentro. Era alguien que no tenía otro trabajo y él se metió tanto con Bomberos, que prefería ir a pintar, arreglar las cosas rotas, para estar ahí. Así, con ese afán de estar siempre, los dos nos fuimos a trabajar con don Bautista Gianinetto, que era el jefe de Bomberos, y nos dio empleo a ambos porque estábamos cerca del cuartel.
Cuando salíamos al centro, lo más común era que, siendo jóvenes, le prestáramos atención a cosas que interesaban a esa edad, que vayamos escuchando ruidos de motos, un caño de escape libre, mirando autos, pero Juan Carlos miraba para arriba, siempre estaba mirando el cielo. Cuando le pregunté qué estaba haciendo, me contestó: “Mirá, no hay un incendio sin humo, si lo vemos primero, vamos a llegar primeros”. El tipo vivió toda su vida pensando en los bomberos. Cuando nos sacábamos una foto parados al lado de la autobomba, él se la sacaba subido a la autobomba y simulando estar tirando agua, o se paraba al lado, pero hacía algo con la autobomba, era bombero, bombero. Creo que nació siendo bombero.
De tanto andar buscando los incendios, siempre llegábamos primero, y por eso nos habían hecho la fama de que los bomberos de Villa María llegábamos dentro de los tres minutos desde que nos llamaban, era medio cierto, porque lo estábamos esperando y, además, trabajábamos a media cuadra del Cuartel, el jefe de los Bomberos era nuestro patrón y cuando le avisaban por teléfono, nos llamaba y nosotros salíamos corriendo para poner el vehículo en marcha.
Eso que hacía cuando era muy joven, lo siguió haciendo hasta el último día de su vida, en donde veía algo en riesgo, algo que estaba por caer, seguro que hablaba con el dueño y lo arreglaba. Había un mástil que estaba roto y no se podía izar la Bandera, él se trepó como un gato, le arregló el cable y bajó pintándolo. Una vez, en La Playosa se enteraron de la habilidad del Mula y lo llamaron porque había un mástil que hacía mucho que estaba roto y no se podía subir y bajar la Bandera, era un mástil altísimo, nunca había visto uno tan alto, hasta tenía cuatro riendas para que el viento no lo doblara. Fue, lo arregló, lo pintó, le sacó las riendas y cuando le ofrecieron pagarle, les pidió que a esa plata se la dieran a los bomberos del lugar que se estaban formando. El mástil todavía está parado ahí.
“Cuando se tiene un líder así, todos los que estamos muy pegaditos lo seguimos a todos lados y en todo lo que hace, era el seguimiento total. Eso hizo que este Cuartel se moviera como un batallón de romanos, que seguían al que iba adelante con la bandera”.
A ese mismo Cuartel, cuando arrancó, se le ocurrió armarle una autobomba para una colaboración para esos bomberos que se estaban formando, así que conseguimos un camión viejo y en el Cuartel de Villa María se hizo una autobomba, copia de la que teníamos nosotros, y que los bomberos usaron muchísimos años. Ese era el Mula, era solidario, y así hacía con las escuelas, siempre andaba viendo qué necesitaban, si había que pintar, lo hacía por su cuenta, y alguno de nosotros lo ayudábamos. Los pasacalles, que en esa época estaban permitidos, los colocaba él con los bomberos, y no cobraba, pedía que, si querían, donaran algo a los bomberos. Cuando le preguntábamos por qué se arriesgaba, contestaba que hacía lo que le gustaba, que colaboraba, se brindaba. Y ese era el Mula.
Nadie se animaba a hacer esas cosas, pero él sí, sin dudarlo, y lo hubiese hecho en cualquier otro lado, entrando en incendios, con una persona atrapada entre las llamas, entonces, cuando se tiene un líder así, todos los que estamos muy pegaditos lo seguimos a todos lados y en todo lo que hace, era el seguimiento total. Eso hizo que este Cuartel se moviera como un batallón de romanos, que seguían al que iba adelante con la bandera. Acá era lo mismo, nadie cuestionaba nada, y nadie quería su lugar, porque era imposible que alguien se atreviera a ocupar ese lugar por cómo era él.
En vida tuvo el reconocimiento de la gente. Para lo que fuera, iban al Cuartel y lo buscaban, hasta si necesitaban un tubo de oxígeno, por eso su corta vida la hizo brindándosela a los demás. Y fue muy admirado por los riesgos que corría, por la generosidad, por lo solidario que era.
Era radioaficionado y con la radio se comunicaba con los chicos en las Malvinas, iban todos los familiares a hacer cola para hablar. Él se anotó para ir a las Malvinas como radioaficionado y como bombero, no le tocó porque se acabó la guerra.
Paco Mateo
