Juan Carlos Mulinetti - Bomberos Voluntarios de Villa María

Pasión por servir al prójimo

Miguel Mulinetti, hermano del Mula, recuerda que nada le ponía freno a su férrea vocación de servicio

Como hermano no me resulta fácil retroceder en el tiempo y recordar momentos vividos con Juan Carlos siendo bombero voluntario.

Yo soy ocho años mayor que él, pero a pesar de ello, nuestro vínculo era excelente; tanto, que me dio la oportunidad de compartir muchos sueños que luego hizo realidad. Citaré, por ejemplo, al acuaplano (al que luego le agregamos motor de arranque, teniendo en cuenta que poseía motor de avión y que se le daba marcha desde la hélice); los elementos de rescate en altura (conocidos como piro-salva en ese momento); la emblemática “Liebre” (autobomba totalmente diseñada por él), con alto grado de avance tecnológico para la época; e ideas extraídas de fotos de equipos bomberiles de Alemania.

Se debe tener en cuenta que los elementos para comunicarse eran muy pocos e inaccesibles muchas veces; pero hoy narraré un acontecimiento de los tantos que muestran de cuerpo entero su apasionamiento por el Cuerpo de Bomberos Voluntarios y su servicio a la comunidad.

Una noche muy fría del mes de julio, siendo altas horas, las 23.30, se llegó hasta mi domicilio, sabiendo que yo trabajaba hasta muy tarde, a pedirme que lo acompañara para arreglar la sirena instalada en la torre, debido a que se había descompuesto y era el único medio de comunicación para citar a los servidores en caso de siniestro. Él consideraba que no se podía esperar hasta la mañana siguiente.

Llegamos al Cuartel y nos estaba esperando Juan Rosso, electricista él. Juan Carlos trepaba la torre, mientras Rosso desactivaba la parte eléctrica, enseguida sacó el anclaje, lo bajó, desarmamos y volvimos a mi taller a fabricar el buje roto que había ocasionado la falla. Rápidamente, volvimos al Cuartel para que vuelva subir a la torre, instaló la sirena nuevamente y a las 5 de la mañana estaba en condiciones de volver a sonar. Pero quisiera que quien lee esta anécdota tome dimensión de la tarea que realizó en altura, con semejante frío, no deseo magnificar, pero eran 2 grados bajo cero como mínimo, en altura, sin guantes, nosotros abajo temblando y él seguramente no tendría frío, porque lo abrigaba su pasión por servir al prójimo.

Quisiera homenajear a aquellos niños aspirantes, hoy hombres, con la misma vocación de servicio, a los que ya no están con nosotros y dieron todo por servir, y a los ya retirados o en servicio que siguen amando a la institución.

Finalizo diciendo: antes que a mi hermano héroe, quisiera tener a mi hermano.

Miguel Mulinetti