Néstor Díaz - Bomberos Voluntarios de Morrison

Con un corazón de oro

Por su permanente ayuda desinteresada a quien lo necesita, así definió Andrea Quinteros a su esposo, Néstor Díaz, quien ingresó a los 10 años al Cuartel, y transmitió esa pasión a sus dos hijos, que hoy son bomberos

Después de haber compartido desde niña, casi toda su vida con un bombero, Andrea Quinteros puede hablar con detalles sobre entrega, dedicación, devoción y ayuda al prójimo. Esposa del jefe de Bomberos Voluntarios de Morrison, Néstor Díaz, y madre de los bomberos Leandro y Candela Díaz, destaca, emocionada hasta las lágrimas, que ellos dan todo sin pedir nada a cambio, y, con una convicción sanguínea, da fe de que en su familia los bomberos son la prioridad.

“Antes era Néstor solo, hoy son los tres, y ellos salen a ayudar, no saben con qué se van a encontrar. Siempre rezo y pido que todos estén bien, le pido a Dios que los ilumine, porque ellos salen a cualquier hora a ayudar al otro”.

“Nosotros nos pusimos de novios cuando yo tenía 12 años y Néstor 15, él ya estaba en los bomberos. Crecimos juntos y hemos transcurrido toda nuestra vida entre nuestra pareja, los bomberos y la familia que formamos. Los bomberos son parte de nuestra vida. Nuestros hijos crecieron con una pareja en la que cada uno tenía su ocupación, pero con un padre cuya pasión son los bomberos, y a esta pasión se las transmitió porque los dos son bomberos: Leandro, de 26 años, ingresó a la institución a los 5 años, y Candela, de 21 años, entró a los 8 años, cuando cambió la ley y las mujeres podían ingresar como cadetes”, señaló.

“Desde que nacieron van a los bomberos, entonces, para ellos, el Cuartel es su casa. A Leandro, de chiquito, no lo podía tener, sonaba la sirena y yo salía corriendo a alcanzarle el overol a Néstor y a atajarlo a él, porque se me iba con el padre. Como mamá, me fui a todos los campamentos de bomberos hasta que ellos fueron adolescentes”, contó Andrea.

  • “El mensaje a Néstor en este día es que siga con esta pasión en esa profesión que él eligió desde muy pequeño, y que cuando se jubile la siga desarrollando e inculcando a todos los chicos, como lo hizo con sus hijos, en el cuidado de todas las cosas que tienen y han conseguido con mucho esfuerzo, que todo es trabajo, que lo hacen con alegría. Le digo que no cambie, que siga siempre como ha sido hasta ahora con los bomberos y con la familia, nosotros somos parte de esa otra casa que es el Cuartel y lo queremos mucho. Él siempre está para ayudar, que siga trabajando para el Cuartel, como lo ha hecho toda su vida, dando lo mejor a quienes lo necesitan. A mis hijos, les digo que estoy superorgullosa de ellos, los amo, que sigan haciendo lo que les gusta hacer, que se sigan perfeccionando y ayudando a otros. Les deseo lo mejor. Y a todos los bomberos, decirles mil gracias por todo lo que hacen por la comunidad”.

“Néstor ingresó a los 10 años al Cuartel, hoy tiene 54 años e ininterrumpidamente ha continuado allí, como cadete, como bombero, rindiendo los diferentes niveles, pasando sus etapas de niño, adolescente y adulto, teniendo siempre distinta responsabilidad. Siempre le gustó estar en todas y andar ayudando a uno y a otro, tiene un corazón de oro, con mucho amor para dar. Su pasión por los bomberos la proyecta en cada uno de los que ha estado a su lado, en su familia, en sus amigos, en sus vecinos”, aseguró.

Al definir como profesional a quien hoy es el jefe de Bomberos Voluntarios de Morrison, dijo que Néstor es muy responsable, se ocupa de todo, está en todos los detalles, en lo que necesita cada uno en el Cuartel, en la organización, es muy exigente y muy respetuoso de sus compañeros y sus pares.

“Mis hijos han crecido con eso y son muy respetuosos, muy responsables”, agregó.

“Estoy muy acostumbrada a vivir sin horarios, y yo soy feliz, porque siempre lo vivimos así. Nunca está el reclamo por dejar de ir a una reunión o a otro lado, la casa del bombero es así, el llamado está primero y sabemos lo que ellos sienten cuando suena la sirena. Quien sabe de esa pasión, lo puede entender”, consideró Andrea.

“Yo tengo handys en mi dormitorio, en el de mi hija, en el de Leo, que ya no vive con nosotros, pero sigue siendo bombero en Bell Ville y siempre está en contacto. Todos estamos atentos al sonar del teléfono o al sonido del handy, porque yo que soy la que abro la puerta, la que agarro -ahora- a los perros, y ellos salen corriendo, luego espero rezando, porque siempre estoy con el corazón en la boca. Antes era Néstor solo, hoy son los tres, y ellos salen a ayudar, no saben con qué se van a encontrar. Siempre rezo y pido que todos estén bien, le pido a Dios que los ilumine, porque ellos salen a cualquier hora a ayudar al otro”, remarcó.

“Cuando se van les doy un beso, y les digo que, por favor, ‘tengan cuidado’. Y al volver, no pregunto nada, después, si alguien quiere contar algo, mis orejas están para eso. A pesar de la angustia que me genera, cada vez que se van, me queda una sensación de alegría por tener a esos tres seres que ayudan a la gente sin pedir nada a cambio, que dan todo”, afirmó.

“Uno de los peores momentos de su carrera fue un accidente en la ruta 9, de una mamá con sus dos hijitos, que perdió la estabilidad del auto y se matan los tres, en ese momento, Leo era chiquitito y cuando Néstor volvió, lo abrazó sin decir nada. Otra situación difícil fue hace muchos años, cuando se accidentó una trafic en la que murió mucha gente de Morrison, eran once personas, toda gente conocida. La contención de mi parte es un abrazo fuerte, para que sienta que estoy presente, y un beso. Si bien el grupo de adultos resguarda mucho a los más jóvenes, mis hijos tuvieron que vivir en este último tiempo varios accidentes de motos en el pueblo, en los que murieron chicos de la edad de ellos. Aunque no siempre participaron del accidente en sí, fueron momentos terribles en los que hubo que contenerlos mucho y abrazarlos”, recuerda, con la misma emoción que estuvo presente en todo el relato.

Pero no todo es tan malo en sus carreras, también hubo y hay momentos felices y Andrea dice que coincidieron con cada uno de sus logros: cuando Néstor ascendió, y cuando sus hijos fueron bomberos y se les entregó la ropa, en el caso de Candela, la entrega fue junto con sus abuelos. Otro fue colaborar en el nacimiento de un bebé.

“Néstor tiene un ahijado por haber llevado en la ambulancia de bomberos a su mamá, con un embarazo de riesgo, en varias oportunidades, y la última vez llegó con lo justo para que el bebé naciera. Otro fue cuando llevó rápido a un señor con un paro cardíaco al hospital de Bell Ville y se salvó. Leo, que es radiólogo, logró que una chica en shock llegara con vida al hospital al inyectarle una medicación que necesitaba. Ellos son ángeles que Dios pone en lugares estratégicos”, apuntó.